lunes, 23 de septiembre de 2013

Número 58

El Estado de la Nación (4)

Delincuentes al poder, manifestantes a la cárcel. El neo feudalismo
Rato. Undangarín. Pujol. Bárcenas. Eres. Suicidios.  Eurovegas.

La Banca. El poder real. Los banqueros: como en tiempos feudales. Señores de horca y cuchillo. Ahora destruyen los beneficios sociales alcanzados tras años y años de luchas, a veces ciudadanos de su reino mueren de hambre, por falta de atención médica, sus hijos cada vez sufren más carencias para poder estudiar, imposible acceder a las Universidades, hablar de estas cosas es demagógico, dicen, mientras juegan al golf, frecuentan estaciones de sky, toman caviar en fiestas y reuniones acompañados de sus mujeres, prostitutas de lujo, amantes masculinos de diseño hortera, se exhiben en la mugre de televisiones pagadas con su sucio dinero. Los nuevos terratenientes, los señores no ya de horca y cuchillo sino de cheques, cuentas bancarias en paraísos fiscales y policías y justicias a su servicio.
 
Rato toca la campana. Rato sonríe. Su rostro repulsivo se acompaña, tras sus escándalos financieros  cuya sanción va carcomiendo y eliminando el paso del tiempo, de contratos millonarios: Telefónica, el Santander del gran Señor Botín, uno de los grandes del neo feudalismo, uno de los poseedores de más Castillos de la nueva España feudal, sus palabras y su rostro provocan la estampida de los ojos y la inteligencia, al contemplar a ambos señores uno solo siente asco, y a esos contratos Rato une los todavía más suculentos que le devengan por los servicios prestados a la clase nobiliaria bancaria, la gran esquilmadora de los tiempos modernos: superará en suma varios millones anuales de euros. Y mientras ellos suman y suman sus beneficios, no dejan de pontificar que los jubilados españoles que cobran de 600 a 1000 -tal vez algo más, no mucho- euros mensuales, deben sacrificarse y renunciar a parte de ellos para salvar a esta España que ellos tanto aman.
Undangarín. 6.000 euros al mes, más otros 6000 en gasto de educación para sus hijos, y no hablemos de lo que cuesta el tren de vida que llevan en el dorado exilio de uno de los países más repulsivos del mundo, allí, donde en las aguas del lago Leman se espejean todas las corrupciones de los Dráculas que se alimentan del sudor, el trabajo y hasta la sangre de millones de seres humanos, es donde han instalados sus reales una parte de la familia del Rey.
Pujol. Las banderas catalanas, sus himnos nacionales, su historia truncada, sirven también para ocultar a los Pujol y sus acólitos y servidores, otros miembros de la gran familia feudal todavía española -ellos aspiran a un feudalismo propio, el catalán- que saben también mucho de estas historias, de ganar miles y miles de euros en negocios oscuros y trasladan sus fortunas a aquellos lugares en los que el fisco no pueda entrar. Patriotas, si, pero por encima de todos los patriotismos se encuentra el dinero que ellos acumulan a costa de los siervos a los que dirigen desde sus castillos feudales.
El PSOE. El principal partido de la oposición pide calma en sus acciones políticas. No se deben exacerbar las protestas. El Gobierno es cosa de dos, piensan, y para ello trabajan. Hoy por ti, mañana por mi. Y tienen miedo de llevar lejos las consecuencias de sus protestas, sobre todo porque cada vez que airean una crítica, alguien les pasa un papel en el que  se airea una sigla. ERE.  Sin duda que existen otra menores. Pero esta ha calado demasiado en sus actos y representaciones.
Bárcenas. ¿Y de Bárcenas, ay, que podemos ya decir de Bárcenas? Ese chuleta de película rancia nos atormenta, cada vez menos, es cierto, con su rostro, traje, presencia y ademanes. No tardaremos mucho en verle en libertad, como ha ocurrido con tantos otros cuya simple enumeración de nombres llenarían esta página desde la tra(ns)ición a nuestros días. Que buenos discípulos tuvo aquel Señor, el que supo sentenciar que siempre todo quedaba atado y bien atado. Atado y bien atado para que sea imposible desatascar los infinitos, mugrientos y criminales nudos de la corrupción. Todo sea en el acatamiento de la sagrada democracia.
Suicidios. De vez en vez suena el eco de las pobres gentes que se suicidan. ¿Suicidios o asesinatos? He ahí la cuestión planteada a los señores de los castillos y de los reinos de nuestros días por cualquier aprendiz de Shakespeare. Reflexionemos: ¿no sería mejor fomentar campañas cívicas para que los asesinos que inducen a sus víctimas con sus leyes económicas y actos de represión a quienes las incumplen a quitarse la vida , es decir, esas gentes del feudalismo bancario y de sus empleados políticos, incluso de los inexistentes Alayas que impidan los desmanes de los poderes financieros, cuyos rostros contemplamos a diario en los periódicos, la TV, tuvieran que sufrir su protesta, "acoso" las llaman ellos, que los presuntos suicidas se transformaran en activos combatientes, que de acosados pasaran a acosadores?
Eurovegas. Y mientras, mentiras entre las mentiras, otros rostros, el de alguno que parece sacado de un film de serie negra de los años 50 hollywoodense -siempre aparecían escoltando a los grandes gánster de la época con su mirada y facciones duras- o de quién bendice el plástico para no perder nunca la falsa sonrisa, hablan de Eurovegas, y hasta ¡oh sarcasmo entre los discípulos del lenguaje fascistoide! de Sanidad. Y de fondo, ese personaje todopoderoso, rey entre los reyes de los medios económicos que imponene sus leyes destrozando el mundo, un mundo en el que el Imperio del crimen como titulaba una película de Estados Unidos, tiene cada vez fauces más abiertas. Si llega a instalarse esa ciudad al margen de la ley -otro título de película- los muertos que se vayan produciendo en el tiempo por  cánceres de pulmón, enfrentamientos de mafias, ajustes de cuentas, explotación y abuso de drogas, violencia sexual de las mujeres esclavas de los hoteles, burdeles, casinos de lujo, suicidas -que no faltarán- no podrán recaer legalmente sobre estas gentes que impulsan tan fastuoso proyecto, gentes que fuera del valor del dinero y la estulticia que su posesión provoca en sus celebraciones festivas y vacaciones y urbanizaciones de cochambre -por mucho mármol y oro que las revistan-, gentes que chapotean en las pútridas aguas de su estulticia y vaciedad intelectual y ética. Y tampoco sobre sus conciencias, porque siempre ignoraron el significado y valor de este concepto, igual que el de otros como dignidad, moral, libertad. Los fascistas que se declaran eficientes burócratas al servicio del poder corrupto y criminal -sea en la paz o en la guerra, en los campos de concentración bien provistos de hornos crematorios o en la lenta y apenas visible muerte e indefensión social a que someten a sus pueblos en tiempos en que las armas que también les sustentan se emplean contra otros pueblos- esos fascistas que no dejan de asistir a desfiles de moda e incluso a palacios de la ópera o galerías internacionales de arte, siempre se lavan las manos ante lo que ellos creen no provocar, de lo que jamás se culpabilizan: burócratas del mal, herederos de Lady Macbeth, que se limitan a decir: cumplimos órdenes. ¿De quienes? Siempre existe alguien, aunque sea uno solo, al que declarar máximo culpable.

La cúpula terrorista que usa en vez de uniformes, pardos o negros, corbatas, fracs, trajes de moda, vestidos de noche, cuando resulta necesario, se limita a instar a las fuerzas de su orden a medidas cada vez más drásticas y punitivas contra quienes se quejan o manifiestan contra ellos. Y esto no se combate de Pascuas a Ramos convocando una manifestación más o menos festiva. Se combate cada día y todos los días. Desde la calle, la voz, el papel, el ordenador, las reuniones, la discusión, la organización, necesaria e imprescindible, no burocrática, y la protesta continua y no sujeta a los dictados de quienes se muestran cada vez más conservadores, porque tal vez así conviene a sus particulares intereses, no al conjunto de la sociedad, sacrificada, desmoralizada y cada vez, por desgracia, más pasiva.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Número 57

El Estado de la Nación (3)

MANIFIESTO CONTRA LOS INTELECTUALES

Y palabras de Elías Canetti e Ingeborg Bachmann.

Hay que fomentar las barricadas de las ideas, de las formas de denuncia y oposición a la antidemocracia que tantos intelectuales jalean o aceptan en silencio porque sirve a sus malditos intereses.
 
                                I
 
En los momentos de crisis, es decir, cuando el capitalismo y las fuerzas más reaccionarias, Iglesia y Banca entre ellas, deciden oprimir con más apretados dogales a los ciudadanos, es cuando los intelectuales muestran sin excusas su auténtico compromiso: una minoría apuesta por rebelarse y luchar contra ellas y es condenada al silencio o a las distintas formas de represión desencadenada por las fuerzas policiales y judiciales al servicio del poder autárquico. (Autarquía del poder económico y no democracia en que vivimos). Otra, la mayoría, muestra su estulticia ideológica y su cobardía moral: babea e incluso participa activamente en las covachuelas infectas -hieden aunque las perfume Chanel y las vistan en las Pasarelas de moda- del poder, o calle y mire para otro lado mientras el neofascismo va imponiendo sus leyes. Y eso está ocurriendo en Europa y está pasando en España. Algo que no debe obviarse. Con claridad y razonamientos tan lógicos como firmes, deben ser denunciados. Unos y otros se encuentran a la altura de las circunstancias: para bien, insistimos, los menos, para mal, los más. Serán éstos, técnicos, escritores, artistas, académicos, catedráticos, periodistas, profesionales de cualquier índole. Y reiteramos: deben ser denunciados. Porque forman parte de la hidra fascista que desde las primeras revoluciones de los últimos siglos atentaron contra la libertad y el progreso, esclavizan a las fuerzas trabajadoras -son los peores parásitos evolucionados de los insectos encaminados a alimentarse de la sangre humana-, y posibilitan y alientan la corrupción oligárquica y política y la miseria ideológica, ética y cultural que destruye el lento y costoso avance de los pueblos. La Alemania de Hitler, la Italia de Mussolini, la España de Franco, los Estados Unidos de Bush, no son solamente pasado. quienes se niegan a enjuiciarlos y condenarlos diariamente son los que -por acción u omisión- contribuyen a que revivan y se agudicen las medidas económicas, humanas y sociales, que van destruyendo los avances con los que los Estados de Occidente consiguieron salir de las tinieblas. La explotación laboral, bancaria, industrial y el monopolio deculturizador están abocando de nuevo a España a situaciones que entroncan con el inmediato postfranquismo. Por eso resulta necesario que quienes luchan y se oponen a ello, por perseguidos que se encuentren, o porque apenas cuenten con medios para hacer escuchar su voz y que sus argumentos sean debatidos públicamente, griten cada vez más alto y con mayor violencia verbal. Y que se maldiga, malditos una y mil veces, a los intelectuales que colaboran en el actual Estado de la Nación que supone el empobrecimiento mayoritario de sus habitantes y el enriquecimiento de los corruptos canallas terroristas que encima son jaleados y aparecen chalaneando con sus lujosos vestidos o trajes, en sus mansiones o viviendas millonarias, pregonando sus vacaciones de mil euros cada noche en un hotel, sus juergas y relaciones perversas un día si y otro también, en las televisiones públicas o privadas, en las revistas o colorines de los periódicos, en los salones de las clasistas Academias, Museos, Centros que llaman de Arte y Cultura, exhibiendo su poder.
Esclavos, no. Os queda el uso de la palabra y de la acción para rebelaros. ¿Intelectuales? No: basura humana al servicio del Poder.

                                                           II

Hace cuarenta años Ingeborg Bachmann, una de las mejores escritoras del siglo XX, planteó la necesidad de regenerar las palabras creando un nuevo lenguaje que barriera hasta las últimas huellas del nazismo, del que ella comenzó a abominar cuando solo contaba doce años de edad. Por desgracia los nazis no desaparecieron al ser derrotados: se camuflaron primero quienes no habían sido hechos prisioneros, para no tardar en regresar, con otros métodos y formas al poder. Alemania se dispuso entonces -afirma Bachmann- a ejercer nuevamente su dominio sobre Europa ahora no con fuerzas armadas, sino con procedimientos económicos.
Y escribió Ingeborg Bachmann:
Me han preguntado a veces por qué tengo una idea o una imaginación de un país utópico, en el que todo se arregle, en el que todo sea bueno (...) Yo no creo en este materialismo, en esta sociedad de consumo, en este capitalismo, en esta monstruosidad, que existe aquí, en este enriquecimiento de la gente que no tiene derecho a enriquecerse a costa nuestra. Yo creo de verdad en algo que llamo "llegará el día". Y llegará algún día- Probablemente no llegará, porque siempre nos lo han destruido, desde hace tantos miles de años siempre nos lo han destruido. No llegará pero sin embargo creo en ella. Porque si yo no pudiera creer más, tampoco podría escribir más.
Y eso debemos decir a tantos escritores que no creen en otra literatura que la que demanda su bolsillo o su vacuo pavoneo entre los esperpentos a quienes se considera famosos y que colaboran para que ese día no llegue nunca. Porque todos debemos ser Ingeborg Bachmann. Y todos debemos con ella maldecir a los intelectuales que colaboran o guardan silencio en esta sociedad capitalista, explotadora, de terroristas económicos que multiplican sus riquezas a costa del empobrecimiento de la mayor parte de los ciudadanos.
Y veamos ahora como Elías Canetti nos habla de la "desintegración de los valores" en el mundo actual y del necesario compromiso de la literatura con el carácter absoluto y esencial del conocimiento. El escritor que considera la exigencia que había que plantearle al escritor de estar contra su época... contra la imagen general y unívoca que de ella tiene, contra su rostro, contra sus leyes... Su oposición habrá de manifestarse en voz alta y cobrar forma, nunca anquilosarse o resignarse en silencio.. Si olvida su postura de protesta será un renegado.
Por eso podemos exclamar: malditos escritores, malditos intelectuales. Y cada vez que vosotros, quienes debéis ser la sal de la rebelión, paséis por uno de esos lugares atiborrados de best-seller. de libros publicitados en todos los medios, o por galerías de arte, o contempléis representaciones de galas artísticas o literarias, donde junto a ellos, los más conocidos o los más mediocres intelectuales, se exhiben en trajes de gala, generosos escotes adornados con joyas de alto valor, personajes de la realeza o de la banca, de la Iglesia o la aristocracia, no dejéis de pensar: ¡malditos intelectuales!. Porque ellos también contribuyen a vuestra opresión y a mantener la sociedad de la injusticia. Porque buscan humillaros, esclavizaros. Y a sus triunfos, premios, distinciones, se debe oponer el sarcasmo, la cólera, la amargura y el desprecio. Como hacía Karl Kraus según escribe Elías Canetti, que mostraba "su piedad y su ternura para quienes carecen de todo poder, y su audacia mortífera para dar caza a los poderosos, complacencia en calarlos a fondo cuando arrancaba de su rostro de histriones la máscara de la imbecilidad". Rostro de histriones, máscara de la imbecilidad: cerrar los ojos y ver por ejemplo imágenes: Rajoy, Cospedal, Montoro, Arenas, Guindos, Mato...abrir, abrir el álbum que identifica la época de Kraus y la nuestra... y junto a ellos situar la de tantos escritores, periodistas, catedráticos, jueces... ¡Qué difícil resulta escribir con palabras no correctas, cómo se paga en esta sociedad de la censura, y sin embargo, que necesidad ética, moral y literaria de hacerlo...! Bendita sea la soledad, si uno se contempla no contaminado por las aguas corruptas que todo lo infectan. Y queda la piedad, la ternura, para esos rostros de niños, de ancianos, de hombres y mujeres sentados al sol que solo al desnudo horizonte pueden dirigir su vista de desocupados.. a los que roban la enseñanza, las medicinas, las casas... Lo único que no debieran robarles es la rebeldía y los puños para agitarlos cada vez que contemplan las fotografías o las imágenes de los malditos, de los malditos...
Intelectuales les dicen. Histriones, imbéciles, pobres mentes vendidas en el mercado de la estulticia y la corrupción. Combatirlos y denunciarlos supondrá que no os sintáis humillados, dominados, así como quería Kafka y lo muestra a través de El Castillo: atacar la sumisión al superior, sea éste investido de poderes políticos, económicos, o religiosos. Regresemos a Canetti cuando refiriéndose a la obra del autor checo y a su significado, escribe:
Todo poder se ha convertido aquí en uno solo y, como tal, resulta condenable. La fe y el poder se confunden y la sumisión de las víctimas, que no se atreverían ni a soñar con otras condiciones de vida, debieran convertir en un rebelde incluso a quien ni remotamente haya sido rozado por la retórica de las ideologías, algunas de las cuales han fracasado... pues la humillación se perpetúa en todas partes, cada día y cada hora.

                                                                III

Gran parte de los hombres de poder y de los intelectuales que medran hoy, son en el fondo prolongación del ayer. En su discurso sobre la libertad, el novelista austriaco Hans Lebert denunció hace cincuenta años lo que estaba ocurriendo en Alemania y Austria. Sus palabras podemos aplicarlas hoy a España: " El pasado nunca se podrá superar justamente porque aquellos que tuvieron que hacerlo son los que realmente nada tendrían que superar, porque hasta el día de hoy siguen pensando que en aquella época actuaron como debieron" (Y si no física, ideológicamente les compete).
No perdamos el tiempo con los juegos de distracción sobre algunos "malvados", tipo Bárcenas o esos "Arturos" que pese a sus imputaciones siguen pidiendo medidas disuasorias contra los derechos de los trabajadores, o los siervos de Merkel que desde Bruselas o Madrid gritan a todas horas que os humillen más, que seáis más explotados, y menos aún con farsas como las de Gibraltar, juegos para que los periodistas contemplen, sin palabras, los paseos veraniegos de Rajoy, o los charlatanes de tertulias radiofónicas o televisivas, tal vez las necias palabras de los que llaman expertos o comités de sabios, o pensadores profesionales o catedráticos que a todas horas rinden informes y tonterías sonrojantes para cualquier persona que desee analizar sus rituales y mendaces palabras. es el sistema, el español, el europeo y el norteamericano, el capitalismo más salvaje que el más salvaje de los capitalismos desarrollados hasta hoy, el culpable de que los pueblos del sur de Europa caminen hacia el abismo. No basta con denunciar, hay que rebelarse, como han señalado los "otros" intelectuales a los que no pudieron silenciar del todo sus voces, como siguen señalando hoy esas minorías que deben todavía gritar más alto. Para el resto, los que encontráis alojados en los medios mediáticos de la caverna o en otros que tienen la desvergüenza de llamarse progresistas, solo queda maldecirles y desenmascararles por todos los procedimientos posibles.
Hay que fomentar cada minuto las barricadas de las ideas y las formas de oposición a la antidemocracia que tantos intelectuales jalean o aceptan en silencio porque les sirve a sus malditos intereses.









 

lunes, 19 de agosto de 2013

Número 56

EL ESTADO DE LA NACIÓN (2)

Reflexiones con citas de otros autores para los dirigentes políticos

4 CITAS DE KARL KRAUS PARA RAJOY, ARTUR MAS, GALLARDÓN Y WERT.
Y ADOLF LOOS, ENZENSBERGER Y FRANZ KAFKA PARA ELLOS Y MUCHOS MÁS

Algún día, en un momento incontrolado, cuando no me vaya a ocurrir nada y exista el peligro de que la sociabilidad penetre en mi cerebro, me pegaré un tiro. Rajoy leyendo a Kraus
 
El nacionalismo es un hervidero en el que se incrusta cualquier otra idea.
Arthur Mas leyendo a Kraus
 
Quizás resultase mejor que los hombres tuviesen bozales y los perros leyes; que se llevara a los hombres con correa y a los perros con religión. La rabia decrecería en la misma medida que la política.
Gallardón leyendo a Kraus.
 
Cuando una cultura siente que su final se acerca manda llamas a los curas.
Werth - Kraus
 
El gran arquitecto Adolf Loos, escribió un día:
 
Una casa puede ser un delito.
 
No existen en España cárceles suficientes para encerrar a quienes en los últimos cincuenta años supeditaron su carrera y oficio -que incluso hay quién lo cataloga como arte- a los más espurios intereses de desvergonzados y corruptos políticos y constructores que se dedicaron a ganar dinero a costa de destruir el país.
 
Hans Magnus Eszenberger.  Fragmentos de un poema escrito hace varias décadas pero que podríamos aplicar a los gobernantes actuales, y a gran parte de los políticos de la oposición y del propio pueblo español.
 
¿quién coge la propina, / el denario de plata, / la moneda que compra el silencio? / Hay mucho robado, pocos ladrones. /¿quién les aplaude pues? /
¿quién pone las condecoraciones? / ¿quién ansía la mentira?./ ...
Loados sean los ladrones: vosotros, / invitando a la violación, / os lanzáis al lecho podrido / de la obediencia. Aún gimiendo / mentís, desgarrados / queréis ser. Vosotros / no cambiáis el mundo.
 
Y una reflexión final de FRANZ KAFKA dedicada a escritores, críticos, repetidores de los latiguillos literarios que dicen sin saber lo que dicen,. porque pocos son quienes se plantean quién fue Kafka, qué escribió Kafka. Por eso les recomendamos que antes de citarlo y convertirle en cadáver en sus bocas, lean estas palabras suyas. Antes de ir a comprar uno de sus libros que consumen como inocuo veneno, tal vez no tan inocuo, que así se van agotando los lectores y la literatura, lean estas palabras suyas que resumen el sentido de toda su obra:
 
Si el libro que leemos no nos despierta con un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leemos pues el libro?... Un libro debe ser el hacha para el mar helado en nosotros. Eso creo.

jueves, 1 de agosto de 2013

Número 55

El Estado de la Nación.

DE PERIÓDICOS Y PERIODISTAS.

A) El empresario de prensa puede cometer todas las vilezas sin tener que arrepentirse de ninguna.                        Karl Kraus

Y si ese periódico, esa emisora de radio, esa televisión, colonizadas por USA y los bancos y oligarcas europeos, se muestran cada vez más reaccionarios -¡tiempos hubo en que eran venerados por la denominada izquierda!-, por Dios, ¿cómo son los otros? ¿Y qué será de los lectores, oyentes, televidentes ante su información y opinión devastadora, a qué grados de conformismo serán conducidos?
En la reciente farsa escenificada del ¿debate? en el Senado -un tipo entre los tipos que no andan entre rejas llamado Bárcenas-, ese, esos periódicos, esa, esas radios, esa, esas televisiones, cuando concluyeron su turno los dos grandes actores de la pantomima -la democracia de la alternancia en el poder de los dos partidos mayoritarios- se precipitaron para desconectar y dar voz a la publicidad o a los tertulianos de turno.
La empresa no deja de ser partidista.
 
B) La idea viene porque la tomo de la palabra- K.K
 
Las palabras fueron vulneradas en su significado, de ellas se apropiaron los magnates de la desinformación y la opinión, los dueños de los grandes partidos políticos, para que los conceptos dejaran de existir en su original acepción.
La Razón es un diario. A diario el periódico nos muestra en sus páginas como desaparecen los caminos de la razón.
 
C) El austriaco Ferdinand Kürnberger,  que por sus ideas revolucionarias tuvo que exiliarse siete años de su país -escribir, para él, de política, no era sino escribir la versión teatral de la tragedia austriaca-, escribió en 1873:  Desde 1872 asistimos a una especie de patriotismo bursátil austriaco, en el que toda la nación parece haber sido sobornada y comprada. Enjambres de ciudadanos cultos se postran ahora y besan el suelo patriótico del índice de la bolsa"                          K.Ktaus
 
Han transcurrido 140 años desde aquellas palabras. La clase política y numerosos burócratas de la opinión, se postran reverentes ante la idea de que todo vale para apoyar a los bancos en su fraudulenta, corrupta y terrorista estructura y actuación pública.
Y he ahí, impotente y obligatoriamente sumiso si quiere sobrevivir, al periodista fatigado. Estudió una carrera, se preparó, con su mejor ánimo, para investigar, opinar, reflejar la realidad del país o del mundo, razón de ser de su oficio, y al final encontró que no le dejaban ni tan siquiera realizar preguntas en las ruedas de prensa de los hacedores de mentiras, los políticos en el poder.
A veces recuerda tiempos que pensó fueron ignominiosos pero en los que podía verter, más o menos encubiertas, sus opiniones y análisis. ¿Estamos seguros de que cualquier tiempo pasado fue peor, o los tiempos, como las guerras y las explotaciones de los amos de las tierras, los negocios y los bancos, sobre la mayor parte de los ciudadanos, solo cambian sus coyunturales métodos?
 
y D)  La democracia significa poder ser esclavo de cualquiera.  K.Kraus
 
Poseer el poder económico, los medios de comunicación, y a través de éstos, cada vez más los pensamientos y las voluntades de los súbditos o neo esclavos.  ¿Cómo hablar de libertad entonces?
Los periodistas más famosos y con mayores ingresos no tienen pasado. Son el presente de la democracia. Algunos directamente herederos del franquismo. Otros reconvertidos tras la tra(ns)ición. Y así, unos y otros, los de derechas de toda la historia y los de izquierdas de entonces que muestran como lo eran por simple oportunismo y no por convicción, configuran el gran poder de los medios de la coerción y la mentira. Muchos serían los que pudieran escribir o hablar en sus medios de comunicación o en sus poltronas -que varios son los periodistas encamados en la que llaman Real Academia de la Lengua Española-, de esta otra tra(ns)ición.

viernes, 19 de julio de 2013

Número 54

MALDITA  ESPAÑA  Y  SU  "MARCA"  ESPERPÉNTICA

No. No me he vuelto loco ni estoy tratando el tema de los nacionalismos, que sea del tipo que sean apestan a reacción. Únicamente me encuentro invadido por una ola de repugnancia, tristeza y amargura, cada vez que pienso en que se ha convertido el país donde nací y vivo, por culpa de unos   personajes rechazables que nos gobiernan, en la política, la economía o la cultura. Seres corruptos nos invaden por doquier. Difícilmente el latrocinio alcanzó cotas tan inimaginables. Y envuelto en ese desdichado nombre de España según se utiliza en múltiples aspectos por la historia -la que se estudia en libros o se contempla en seriales, lee en libros, encontramos en monumentos o callejeros, nombres que van desde los Reyes Católicos a Torquemada o Franco- la esperpéntica ocurrencia de quienes andan por el mundo ridiculizándose a si mismo y al producto que quieren vender: marca España la denominan.

A lo largo de los años el cine y la literatura han popularizado determinadas "marcas" de célebres asesinos, mafiosos, individuos estafadores o sanguinarios, grupos criminales. Y lógicamente, de innumerables empresas comerciales. Ahora España tiene su propia marca: la de la corrupción. Ya no es el chauvinismo rancio, el folklorismo barato, las fiestas religiosas o paganas lo que se exporta: ahora es el enriquecimiento ilícito, la chulería y prepotencia de los ladrones de corbata -por favor, ¡cómo iba Bárcenas a declarar ante el Juez sin ella, si es el signo distintivo de su clase- el chalaneo de los paraísos fiscales. Y así al torero o futbolista de moda, a la tonadillera o el Julio Iglesias de turno, a la Duquesa de Alba o la baronesa Thyssen, a la Virgen del Rocío o San Fermín, a la Moreneta o el caballo de Santiago, suceden los sacrificados por el pueblo: Rajoy, Cospedal, Montoro, o personajes menos respetados -al menos hoy, que cuando mascaban poder lo eran- como el Bigotes, su amiguito del alma, o los variados apéndices de lo que parece simple marca de quesos, Gurtel.

Como es mejor no tocar el patriotismo de la familia regia, de los deportistas de élite o empresarios de altos vuelos investigando sus cuentas o el lugar donde depositan sus ahorrillos, se tapa el terrorismo económico con ríos de tinta impresa o hablada para hacer ver que la justicia es una cosa muy seria, y a algunos se les castiga con leves vacaciones penitenciarias, aunque no tardan mucho en regresar como protagonistas a televisiones o seriales y sobre todo a su vida de lujo que sus impolutos dineros bien guardados por honorables bancos del latrocinio ajeno les permiten llevar hasta que se mueran.

España. Pobre país lacayo del imperio tan criminal como retrógrado en su ética y formas de vida que conforman los Estados Unidos de América. España, colonizada por sus aviones, bases militares, colaboradora del terrorismo que ejerce sobre otras naciones, supeditada a sus imposiciones culturales asumidas desde el cine, la música, los deportes, la comida o la repugnante ideología puritana -que convive al tiempo con los execrables mundos de la prostitución y la droga o los repugnantes predicadores de la represión y el rifle, con las leyes racistas y discriminatorias y las mafias que controlan los mundos de la degradación sexual y moral.

Lacayos de Estados Unidos, siervos de la Europa de los bancos y las oligarquías dominantes, esclavos de un lenguaje que deforma hasta los límites más sarcásticos y miserables que podamos imaginar la realidad del empobrecimiento económico, social y cultural de esa marca que intentan vender en los mercados del mundo con el nombre de España.

¿Cómo combatir esta representación del esperpento que se denomina democracia? Si existiera una oposición real, ésta no debería participar en la farsa. Abandonaría simplemente el teatro en el que la mayor parte de sus actores son neofascistas: que lo ocuparan éstos solamente, que sus representaciones no contaran otros espectadores que ellos mismos, que en el Parlamento y el Senado hablaran y legislaran para sus oídos. ¿Y los medios de comunicación? Que también dejaran de acercar sus rostros, cámaras, plumas y micrófonos en las patéticas ruedas de prensa. Que no colaboraran con sus vergonzosas informaciones. También ellos -no nos referimos a los que trabajan con sueldos cada vez más empobrecidos, en peores condiciones, a los que van recortando sus espacios de libertad- sino a los dueños físicos al servicio de las multinacionales de los medios, a los bien remunerados señores y señoras de la opinión que participan en este siniestro tinglado al servicio de la marca España -¡sólo nos falta la concesión de las Olimpiadas!- esa marca de la que hablan los neo analfabetos -sean ministros o bien chaqueteados miembros de las reales Academias, los prepotentes sobre todo dueños de la palabra discípulos de Goebels, o los pícaros de la peor especie, que llevan el estigma de la corrupción política, económica o ética, que de ideas no pueden hablar quienes son incapaces de distinguir consignas y preceptos catequísticos de pensamientos, en sus genes.

España, sin todos ellos, no necesitaría de marcas. Y hablaríamos de sus hermosos paisajes, de sus poetas y artistas, de sus gentes explotadas, de los nombres negados y borrados de la historia oficial que responden a quienes lucharon, sufrieron, fueron perseguidos o asesinados, por intentar que no se contaminaran sus tierras fértiles y hermosas, los espacios en que querían habitar en la libertad, la igualdad, la auténtica justicia del progreso humano, por esa caterva de aves carroñeras que la emponzoñan. ¡Qué hermosa sería España sin reyes, nobles, aristócratas, banqueros, cardenales!

Para contrarrestar a quienes babosean sobre esas dos palabras, marca España, habría que hablarse cada vez más, sin miedos ni autocensuras, del papel que juegan quienes hoy son, en su mayoría, rostro, voz o tinta impresa de la opinión pública. Que denunciarse la atroz censura que ejercen los dueños u ocupantes de esos espacios públicos. Sabemos que para los que tienen realmente algo que decir, y necesitan dialogar con los miles de españoles desprovistos de voz, todos los medios públicos de información y opinión les están negados y han de recurrir, mientras no se los cercenen, a los de la red que culebrea con otros pensamientos e ideas a través de internet. Los payasos, los verborreicos y estúlticos locutores, presentadores, tertulianos, escribidores que todos hemos de soportar, son la única voz que salvo excepciones, merecen el desprecio y el silencio. Ya está bien. Para la necesaria rebelión no importa se sea viejo o joven, se vista con andrajos o con traje de marca. Cuentan la dignidad, la sinceridad, la diferencia, la inteligencia y la ética. Son quienes conforman el partido de los que no quieren ser esclavos o resignados y conformistas. Incorrectos frente a los correctos. Los únicos capacitados para alentar la utopía de que un día podamos habitar en un país que no nos dé vergüenza, en el que nos sintamos confortados y felices. Esa España que arrojara a las tinieblas a todos aquellos que pregonan y propugnan su "marca" para enriquecerse, mantenerse en el poder y explotar e intentar despersonalizar, oscurecer la inteligencia y la libertad de la mayor parte de los ciudadanos.
 

viernes, 5 de julio de 2013

Número 53


Políticos. Sindicatos. Ciudadanos. ¿Queremos suicidarnos o sobrevivir?

Esto no es ni una reflexión apocalíptica, ni un mensaje demagógico: es pensar en voz alta sobre las dudas que nos acometen al analizar la realidad de un mundo a la deriva. Y sobre todo poner el punto de inflexión en la culpabilidad de todos sus participantes, culpables por acción u omisión, conscientes o inconscientes de ella.
La perversión del lenguaje, tal como ahora se utiliza y lo padecemos, conduce a la destrucción de lo humano. Y el mundo se encamina hacia su silencio: algo más atroz que su propia estulticia. Jamás el ser humano había escuchado, había estado sometido a un lenguaje tan espurio, falaz, alienante, como el actual: y esto se lo debemos una vez más al "progreso". al desarrollo de los medios de comunicación y expresión, a la extensión del mercado consumista, a la dictadura de la publicidad.
Si la palabra se ha degradado, la literatura y el arte también han perdido su pureza, se han contaminado hasta imposibilitar su carácter expresivo, imaginativo, que alumbra la reflexión, el pensamiento, busca la diferencia y la belleza que debieran constituir el auténtico progreso, no el de la máquina, sino el del hombre, no el de la técnica sino el de la Humanidad en su caminar hacia la libertad, la igualdad social.
Intereses mercantiles y estructuras publicitarias a su servicio se encuentran detrás de esta destrucción del lenguaje, el filosófico y el poético, y por tanto propician la desintegración de lo humano, que el habitante de la Tierra pueda conquistar para preservar y enriquecer el mundo al que fue arrojado. Y es el lenguaje el que enmascara la realidad de la corrupción y la miseria en que políticos, sindicalistas, ciudadanos, naufragamos.
No podemos aceptar, no debemos, la pasividad, la sumisión, el discurso conservador de que la izquierda ha muerto y la burocracia vuelve banales todas las luchas, acciones, utopías. El político devora el tiempo porque no cree en él. El revolucionario lucha contra la certeza y crueldad del tiempo. El político se deja llevar por el tiempo. El revolucionario, como el poeta, se rebela contra el tiempo.
Si millones de ciudadanos escuchan un día sí u otro también, hablar a Cospedal, Montoro, Soraya de Santamaría, Rajoy, Arthur Mas, incluso Méndez o Toxo, sin rebelarse o suicidarse, es que se encuentra enfermo, desahuciado, viven en una sociedad destruida. En el gran teatro de la farsa democrática organizada y dirigida por las finanzas para agilizar la explotación capitalista, ellos son payasos mejor o peor pagados. Pero, ¿qué son entonces quienes no se alzan contra ellos, obreros o estudiantes, escritores o periodistas, catedráticos o funcionarios, técnicos o esclavos o esclavas sexuales? Ideólogos de la peor calaña son quienes pontifican sobre el fin de las ideologías. Y los banqueros reinan en los palacios episcopales, en los antros editoriales, en los despachos de educación o sanidad.
Asistimos, casi impertérritos a fenómenos como la configuración de Madrid como futuro lupanar y casino mafioso plagado de sicarios y canallas de la peor especie, bendecidos y apoyados por los fieles esbirros que les otorgan plenos poderes a cambio de mordidas y beneficios económicos y políticos. Mientras se deterioran todos los sistemas sociales, culturales, y para distraer la atención de los ciudadanos cada vez más esclavizados se publicitan y multiplican manifestaciones para pedir olimpiadas, aplaudir triunfos deportivos y organizar ludopatías que llaman musicales. ¿Qué locura envuelve a quienes, tengan dieciocho o sesenta años, se adhieren al espectáculo  de masas enfervorecidas y enloquecidas que mientras son conducidas al abismo en el que se despeñan todas las conquistas sociales que costaron ingentes años de luchas y sacrificios son arrastradas hacia semejantes representaciones selváticas e irracionales?
Cada vez más, eso si, se aumenta el número de componentes de las fuerzas represivas para que los rebeldes que con lágrimas o gritos intentan combatir la pasividad de los aposentados en la organización burocrática de la denominada oposición, sean represaliados, conducidos al silencio, ahogados con poderosos medios disuasivos en poder de la minoría dominante, explotadora, terrorista, que gobierna.
Terrorista. Vivimos en el más cruel, peligroso, siniestro terrorismo instaurado en sociedad alguna de la era democrática. El que lejos de ser denunciado y combatido, es jaleado en programas televisivos o radiofónicos, jaleado en páginas diarias o colorines de los periódicos, púlpitos de iglesias o de cualquier otro medio comunicativo en manos de las multinacionales que imponen su ley, la ley de la selva en la información y opinión. Para que la lucha tenga significado y pueda un día abrir caminos auténticamente revolucionarios, es necesario comenzar denunciando a quienes la paralizan: aquellos que desde medios de comunicación, partidos políticos u organizaciones sindicales, pretenden mostrarse como representantes de la izquierda o al menos "progresistas". Intentaremos en futuras reflexiones poner nombre a cuanto apuntamos. Existen minorías cuyo esfuerzo subversivo y utópico debe al menos encontrarse reconocido en el lenguaje que algunos planteamos, otros intentan elaborar.
Miserables tertulianos o comentaristas de grandes medios, eufóricos en su orondez estúltica, gritan con frecuencia: ¿dónde se esconden, qué se hizo de los intelectuales comprometidos? Hijos de puta (y que me perdonen sus madres por esta malhadada expresión): vosotros, siervos del poder represor, bien os encargáis de silenciarlos, procurar que no existan, callar sus palabras. A veces uno se lamentan de que no existan cárceles, inquisiciones, destierros que se apliquen a vuestras víctimas, para que al menos, como hienas, no podáis reír en el silencio y el vacío del desierto ideológico en que habitáis.
El infierno no son los otros: sois vosotros mismos. Y para vuestra violencia solo resta, primero imaginar, y luego desarrollar una auténtica contra violencia, que no esté, desde sus inicios, encaminada ni hacia el fracaso ni hacia el suicidio

 

martes, 18 de junio de 2013

Número 52

                        SUMARIO
FERIAS DEL LIBRO
LA IGLESIA CATÓLICA CAMBIÓ DE GOBERNANTES, NO DE GOBIERNO.
EXPERTOS. SABIOS. DIRIGENTES.

Ferias del Libro.

Terminó el ritual en Madrid de los diecisiete días. ¿Del libro o de los mercaderes? Un tinglado al servicio del dinero, las grandes empresas editoriales, la corrupción cultural de la que no se habla. ¿Actividades en las que el pensamiento, la creación, ocuparan un lugar predominante para hablar de la historia, la auténtica, no la deformada y ritual, del ayer y del hoy, de la explotación económica de las gentes y los pueblos por minorías oligárquicas, del hambre, la carencia de sanidad y educación de millones de seres humanos, del retroceso social de las sociedades industriales, de la cultura elitista, banal, al servicio de los mercados, de la necesidad de preservar los valores naturales de la Tierra, de la involución del ser humano y su pensamiento cada vez más atrofiado, del recorte de las libertades, las diferencias, de la miseria de los políticos acomodados a la farsa que les obliga la llamada democracia, del integrismo religioso, de las ideologías alienantes y terroristas que destruyen el pensamiento, de la belleza y la imaginación o el rigor científico pisoteado por las industrias que dirigen el consumo artístico, del retroceso y esclerosis del lenguaje maltratado por las nuevas tecnologías de comunicación, de la literatura al servicio de la publicidad y el beneficio económico, de la tristeza de los escritores encerrados en barracas del pim-pam-pum y convertidos en objeto de uso? No. La Feria es un escaparate para exhibir un puñado de libros -a los que rinden vasallaje numerosos acompañantes que ofician casi como esclavos para justificar aquella auténtica finalidad- ante los que se sientan pacientes y resignados o vacuos y estúpidos -también una minoría que cree en la posibilidad de conectar así con auténticos lectores- colocados en esas vitrinas o escaparates  no para dialogar sino para vender y así procurarse algunos réditos a su trabajo -a veces sincero, las más espurio, publicidad martilleante sobre, las más de las veces, subproductos que imponen los dueños del capital y de la comunicación, pagados éstos para difundirlos, que la función del llamado crítico o comunicador literario hace tiempo desapareció de ellos, y para que las masas amaestradas y dirigidas, neo analfabetas en muchos casos, acudan a la llamada y colecciones firmas de sus libros como si fueran trofeos de caza.
En estos diecisiete días ningún periódico, radio, televisión, en ninguna caseta del Retiro, habrá escuchado hablar o incluso encontrado algún libro -siempre efectivamente existen excepciones, tanto en editoriales como en libreros o lectores- que contenga los pensamientos de Stanislaw Lec (1909-1966). No está demás que repita uno de sus aforismos, que tan a cuento viene sobre el Carnaval de la Feria:
Hoy los periódicos dicen que abren sus ventanas al mundo entero, que no hubo nunca tanta información. Y es cierto. Gracias a los periódicos y no digamos a las radios y televisiones, se cierra a los ciudadanos cualquier reflexión, exposición, no manipulada, puesta al servicio de los poderes económicos e ideológicos que se han propuesto destruir el pensamiento y la libertad.
Y reflexiono: qué difícil debe resultar a algunos escritores escribir hoy en día, ante analfabetos no reales sino virtuales, de la sociedad que grotescamente llaman del progreso y la libertad.
 
La Iglesia Católica cambió de gobernante, no de gobierno.
 
Hace meses ya de la fumata blanca. Nadie, como la Iglesia Católica ha sabido rodearse, para mantener su poder, de ceremonias rituales, mitos, dogmas, escenografías y parafernalias mediáticas como ella. Son muchas las iglesias del mundo. Todas tienen gobiernos a semejanza de los Estados en que cohabitan, a veces ellas mismas los dominan e imponen sus máximos jerarcas. No se limitan a preservar su independencia: influyen en ellos política, económica, ideológica y moralmente y reciben o gozan de subsidios o conciertos económicos especiales y beneficiosos, además de administrar su patrimonio propio, incrementado a lo largo de los años y los siglos. La Iglesia Católica, la más poderosa y extendida sobre la Tierra, tiene ya un nuevo Papa o autoridad suprema. No cambia como los Estados políticos cada cierto tiempo: longeva es su suprema autoridad y salvo excepciones, como en el presente, solo a su muerte se produce una nueva elección. La de la fumata transmitida urbi et orbe. Ante el nuevo Papa y ante el poder e influencia de la Iglesia Católica pondré mi comentario bajo las palabras de Thomas Bernhard, al que lógicamente la mayoría de los católicos o paseantes de la reciente Feria del Libro que comentábamos no han leído. Escribe:
El catolicismo destruye el alma del niño, le asusta, amarga su carácter (...)La estructura del Estadio y de la Iglesia es tan horrible que solo se puede odiarla. Soy de la opinión de que todos los países, todas las religiones, a lo que se las conoce de cerca, sin igual de horribles.
Certeras palabras del autor de Trastorno. Yo soy de los que piensan que si no existieran las Iglesias el mundo sería otro. Los grandes crímenes sobre la Humanidad, las corrupciones más desenfrenadas, gran parte de las guerras y terrorismos que han existido y existen se fundamentan y apoyan en las religiones, múltiples, pero con tronco y afinidades afectivas. Y algo peor: ellas constituyen el más eficaz poder alienante de los pueblos. Da igual que enseñen la resignación y ofrezcan el castigo o la beatitud eterna, que alienten el sacrificio personal y la violencia terrorista en nombre del Dios que les insta a ello. Ante la religión, salvo excepciones, los poderes políticos, incluso culturales, se muestran sumisos o débiles. Prefieren no enfrentarse a ella, no combatirla, amoldarse a su fuerza e influencia, no queriendo ver que así resulta imposible desarrollar pueblos cultos y comprometidos con la libertad y los valores humanísticos.
El comunismo, poder político, no marxismo teórico, pasó de sus métodos sancionadores y represivos para intentar destruir no solo sus estructuras políticas sino las creencias milenarias de sus ciudadanos -y ya se sabe sus consecuencias: lejos de abolirlas las fomentaron y en cuanto fueron derrotados o se auto derrotaron y parte de sus dirigentes tuvieron oportunidad de reconvertirse en fervientes seguidores del modelo capitalista, volvieron a surgir las falazmente desterradas creencias con más fuerza e irracional convicción que en el pasado- pasó a aceptar, ya en su debilidad orgánica y desalojado del poder político en sus principales feudos, sus símbolos, representaciones, y ofrecer una débil imagen de impotencia, de tolerancia, de prudencia propias de su oportunismo político, de la misma manera que acepta cohabitar con el capitalismo. Y la fuerza represiva ideológica de los represores que ocupaban antaño el poder se muestra hoy, no solo en la reconversión al más explotador capitalismo, sino en el clericalismo y la confesionalidad que propician quienes no hace tantos años fueron destacados jerarcas del partido, altos miembros de la seguridad represiva del estado o artistas, militares, técnicos "al servicio del pueblo".
En Roma se ha entronizado pues un nuevo Papa. Tras años de escándalos financieros, morales, sexuales, tras denuncias las más de las veces sobreseídas u ocultadas, se mantiene la estructura económica, política y moral corrompida y nefasta de este poder eclesial, otorgando, eso si, a su nuevo representante, formales y banales gestos que resultan más esperpénticos que trascendentes, pero se venden como transformadores de un cambio en el imperio vaticanista. A mantener y alimentar la farsa contribuyen no solo los funcionarios de la cabeza visible de la jerarquía eclesiástica, sino todo su séquito y súbditos diseminados por el mundo entero, los fieles en los que se apoyan, gran parte de los intelectuales y medios de expresión y comunicación que aceptan por conveniencia o de buen grado esta superchería y guardan silencio ante ella. Al fin, como reza la tradición, la Iglesia se fundó sobre la palabra piedra de un visionario caudillo y embaucador que, como nos dice Cioran:
La palabra quiere ser machacada a fuerza de invectivas, amenazas y revelaciones, de informaciones estentóreas: le gustan los bocazas. San Pablo fue uno de ellos, el más inspirado, dotado y astuto de la Antigüedad.
 
Expertos. Sabios. Dirigentes.
 
Atroz cuadrilla al servicio siempre de los mismos, quienes les pagan, mantienen. El poder. Su política económica, ideológica, cultural. Lo mismo sirven para redactar y publicar un informe literario, que para asesorar sobre la reforma de la sanidad pública, las pensiones o la enseñanza, es decir, para contribuir al deterioro de cuanto tenga que ver con la igualdad, la libertad, el desarrollo cultural o los llamados logros sociales.
Ellos: simple testaferros de los explotadores corruptos que gobiernan en nombre de los banqueros y las oligarquías económicas. Un triste fin y servicio a sus "méritos" por ser catedráticos, líderes políticos, científicos o académicos. Expertos. Sabios. Dirigentes. Nombrados por los enemigos de la justicia y la integridad, jaleados por los medios de comunicación, pagados por los aliados y mantenedores de unos y otros.
 

La Linterna del S. XXI