jueves, 21 de febrero de 2013

Número 46

CARTA A LOS INTELECTUALES






                              1

NO SEAMOS TESTIGOS MUDOS DEL MAL

Parecen estar de más las palabras. Ser inútiles los razonamientos. Día a día desde los medios de comunicación se nos bombardea con tantos procedimientos técnicos y formas visuales  como argumentos torticeros y palabras engañosas. La capacidad de embaucar a través de la fraudulenta utilización del idioma parece carecer de límites. ¿De qué se habla para que el estrépito y la multiplicación de las noticias anule la facultad de reaccionar? De corrupciones y latrocinios protagonizados por las clases dirigentes: políticos, banqueros, industriales, aristócratas o eclesiásticos. En medio, atosigamiento informativo sobre las otras caras del "progreso": pantallas y papeles se llenan con imágenes de santuarios de lujo donde habitan los pudientes, cuerpos de hombres y mujeres casi artísticos por su cuidado y desarrollo, interminables informaciones sobre la moda y sus desfiles, instrumentos técnicos de última generación: el mundo de la velocidad, la técnica y el technicolor.
Marzo de 1909. Escribe Karl Kraus:
"El progreso es uno de los inventos más ingeniosos que (la humanidad) haya ideado nunca por el mero hecho de que solo se necesita fe para hacerlo funcionar, de tal manera que el juego lo ganan indefectiblemente aquellos representantes del progreso que solicitan un crédito ilimitado".
El léxico que a través de los medios se expande a la población, es lo que solicita: creer en las palabras que desde sus tribunas, ellos, que para eso conforman el poder, predican.
Unos nombres suceden a otros. Unas siglas apedrean a otras siglas para que los ciudadanos comprendan la lógica de la igualdad que sustenta la ética y la razón de ser de esta democracia. PP, PSOE, CIU, Banca, Monarquía, Iglesia, Justicia, poder, oposición: melopea que conduce al aburrimiento, provoca la fatiga y desemboca en el desánimo. No es algo coyuntural. pero la historia abunda en pensamientos que pretendieron transformar la inmunda realidad y denunciaron la opresión y la injusticia. Intelectuales que pagaron hasta con su propia vida el esfuerzo por mantener la ética y la dignidad del pensamiento que aún conducido tantas veces a la hoguera consigue avivar sus cenizas nunca del todo consumidas.
Vivimos un tiempo en que mercaderes y policías imponen la ley de la selva en el desarrollo del progreso y la civilización. España no es sino una charca putrefacta en que se agostan las ideas, naufragan los pensamientos y solamente una minoría de intelectuales exponen sus críticas ante la apatía, el conformismo y la alienación de la mayoría, que prefiere renunciar a su libertad y razón de ser a cambio de recibir el salario del miedo, la impudicia y la vergüenza.
Porque no son cifras aunque éstas hablen de millones. Son personas las víctimas. Una a una tienen nombre, historia. Hace tiempo que para los oligarcas terroristas dejaron de ser seres humanos: se convirtieron en mercancía, para ser utilizada o desechable. Mas para nosotros son, ahora más que nunca, seres humanos. Como los millones de sacrificados en las cámaras de gas y los hornos crematorioa. Como los asesinados en las guerras. Y es por esas personas, que carecen de trabajo, de alimentos, por esos niños a los que arrebatan las escuelas, los cuidados sanitarios, por los que deben unirse los intelectuales, encauzar su protesta ante los inútiles Parlamentos o instituciones similares. Porque vivimos en un nuevo genocidio dulcificado, lento pero persistente y sombrío, suave en las formas pero a la postre igualmente criminal y culpable. Y odiamos las formas con las que se presenta esta situación. Odiamos las sonrisas de conejo de los Montoro de turno o la faz agresiva y prepotente de los Guindos. Tampoco nos gustan los deditos al aire buscando vientos transformadores que él no puede impulsar en los cerrados congresos o sedes de partido de los Rubalcaba, y nos provocan náuseas familias como las de los Pujol que esconden sus ansias dinerarias en chantajes independentistas.
Y es precisa ahondar en la escenificada protesta desbordada por quienes ya en las calles de toda España demandan otra expresiones, lenguajes, gritos y formulaciones reivindicativas más sinceras y sin hipotecas burocráticas y funcionariales de ninguna clase. No más banderas, himnos, canciones, expresiones patrioteras y protestas pactadas con los responsables de la situación que no dejan de ser sino supeditaciones políticas y sociales al capitalismo que se ha adueñado del usufructo y la representación política. Que en nombre de la moral, la ética y la justicia real y no virtual se escuche la voz colectiva de los que tienen algo que decir, Y los que nada tengan que hablar, que callen de una puta vez. Mejor estar solos, con la minoría pensante y libre, que acompañar el chapoteo de los batracios que nadan en las sucias y sanguinolentas aguas de la política y la cultura del mercado. Mejor que nos silencien o insulten como hace el protector de los corruptos con los artistas que no se resignan a pasear su silencio por las alfombras rojas. Que también el dinero que se recibe o la foto que se expone en compañía de los Thysen de turno, o el sometimiento a las reglas que imponen los platós de las televisiones o los mercados de la publicidad acompañando a los genocidas de corbatas, camisa blanca y edulcorados modales, están manchados de sangre y mierda.
Más allá del nihilismo, ¿qué nos queda? Cuando el fascismo y el nazismo devastaban Europa, en aquella noche gélida, profunda, que convirtió en criminales, activos o pasivos a gran parte de sus habitantes, algunos pensadores y creadores buscaban atravesar "la tierra dolorosa de la cizaña incansable, el alimento amargo, y encontrar la antigua y la nueva aurora", (Albert Camus). Anhelaban el resurgimiento de un hombre nuevo que impidiera el crimen como normalidad del progreso.
Porque es preciso continuar regenerando el lenguaje y destruir los catecismos -resignación, obediencia, justicia de Dios, la otra vida, o la clase obrera motor de la revolución, en nombre del proletariado, el paraíso comunista-. La época miserable, a través de la comunicación, ha alargado sus tentáculos y el Dios de los mercados impulsó, compró, a los teóricos que se aliaron con el neoliberalismo. Y el marxismo y el sindicalismo de clase, en parte, no pudieron o supieron o quisieron resistir los grilletes de sus abrazos envenenados.
El hombre rebelde posee, en la España de hoy, más razones que nunca para cargar el fusil de su pensamiento y descargar las balas de sus palabras; ha de intentsr paralizar con su acción las mentiras, las injusticias, y la violencia terrorista de los poderes gobernantes. Mas nos preguntamos: ¿cómo ampliar el número de los hombres rebeldes?
"En la culminación de la tragedia contemporánea entramos en la famiuliaridad del crimen", insiste Camus. Y en España y en Europa -el mundo por extensión- aceptamos y nos resignamos a vivir en la normalidad del "crimen organizado" desde los poderes: económico, político, militar, religioso, comunicacional. Y ya solamente nos resta luchar, morir o, como escribió Kraus tras el acceso de Hitler al poder "en el ocaso del mundo yo quiero vivir retirado en lo privado". Rebelarnos o extinguirnos. Volver a alentar el sueño de una humanidad que camine hacia el futuro o renegar de nosotros mismos. Quién sea capaz de pensar, tener vida racional, ha de comprenderlo. No se mata a Dios con ideas si no se destruyen sus símbolos y representaciones. No se combate la explotación despiadada del capitalismo criminal si no se desintegra a sus guardianes. No se impulsa la revolución si no se convence a quienes dicen representarla de que abandonen su burocratismo, se desenganchen de su pacto funcionarial con el enemigo y se lancen a pecho descubierto a las barricadas donde se realiza el hombre total que preconizaba Carlos Marx. La rebelión no puede pactar con el enemigo ni aceptar las fronteras y condiciones de lucha que este pretende imponer. El diálogo no puede supeditarse a la propaganda y la publicidad mediatizada y dirigida desde el poder. Y el oscurantismo religioso no puede ser sustituido por el oscurantismo bursátil. A la explotación permanente solo puede oponerse el pensamiento y la acción revolucionaria permanente. Dejémonos de catecismos de una y otra índole. Denunciemos con las experiencias históricas recientes las mentiras políticas y la irracionalidad popular que condujeron a las guerras, exterminios y campos de concentración en Alemania, la URSS o Camboya, por significar algunos terribles dramas del siglo XX. La civilización del culto a la técnica como impulsora de la producción y el beneficio condujo al capitalismo salvaje y al socialismo antirevolucionario y de Estado y partido endogámico. El ser humano ha de luchar contra los credos embaucadores, por su auténtica libertad, dignidad, igualdad y futuro. No olvidemos la historia pasada para no repetirla en las décadas presentes. Como escribe Camus:
"Una innoble y cruel potencia reina en este mundo en el que solo las piedras son inocentes. Los condenados se ven obligados a ahorcarse los unos a los otros"
Los gobernantes de la España de 2013 solo sienten desprecio por el pueblo sometido a sus dictados. Es el desprecio de los ignorantes y criminales nazis que al ser derrotados se limitaban a aducir: no hemos hecho sino cumplir con nuestro deber y ejecutar las órdenes recibidas. Seres primitivos -posteriormente me referiré a uno de los tipos humanos que mejor ejemplifican esta perversa inocencia, María Dolores de Cospedal- que necesitan refugiarse también en su Dios y que confiesan su fe en los preceptos religiosos y bursátiles con la misma estulticia con la que los curas predican el catecismo. Su consigna a los ciudadanos es que sean crédulos, que obedezcan, sean fieles súbditos, que todo se hace por su bien y por España. Lo que no es obstáculo para que ante quienes protestan no duden en crear leyes cada vez más punitivas y aumentar el número de policías que se conviertan en disciplinados y feroces, si es necesario, soldados del Señor (Dios o el Mercado).
Así los sueños de la razón van desembocando en estados cada vez más terroristas. Y contra ellos necesitamos intelectuales terroristas que combatan sin desmayo tanto a la religión embaucadora como a las leyes impulsadas por los gobernantes del dinero, y que se rebelen al tiempo contra el arte y la literatura sojuzgados por los mercados y la filosofía y la educación al servicio de los gendarmes del sistema político financiero imperante.
Saint Just escribió antes de ser devorado, asesinado por la revolución que había contribuido a impulsar:
"La revolución está helada, todos los principios se han debilitado, solo quedan birretes movidos por la intriga. El ejercicio del terror ha embotado al crimen como los licores fuertes embotan al paladar"
Y con las palabras de Saint Just que recoge Camus terminamos esta primera reflexión ofrecida a los compañeros del pensamiento y la literatura:
"La moral es más fuerte que los tiranos(...) Sería abandonar poca cosa una vida en la que habría de ser el cómplice o el testigo mudo del mal"
 

jueves, 7 de febrero de 2013

Número 45

INDICE

Cuidado con la información.
Cuidado con las manifestaciones.
Las mil y una Asambleas.

CUIDADO CON LA INFORMACIÓN
Cuando se satura la misma, se vuelve inoperante. El bosque no deja ver el árbol. Cada día y a todas las horas del día, surgen nombres: corrupciones, latrocinios. El receptor de las noticias se marea, desconfía. Primero tiende a extender la mancha de aceite o gasolina hasta que éstos dejan de ser corrosivos y solo se habla de la mancha, lo abstracto, la consecuencia, olvidando lo concreto, quienes vertieron lo que provocó la putrefacción denunciada. Y al fin termina olvidando o restando importancia a los causantes del desastre. Volvamos al bosque podrido. Empecemos por el árbol  más cercano. Cortémosle de raíz. No busquemos sus parentescos. Prosigamos la cirugía con el siguiente. ¿PP,PSOE,CIU?  No importa. Y no hagamos caso de las palabras de quienes, señalados, contraatacan con sus falsas informaciones, desviando la realidad que les señala, diluyendo su culpabilidad en la culpa de otros, intentando confundir con retóricos razonamientos que alejen la raíz del problema real, su propia, auténtica culpabilidad. Mienten. Es su oficio. Están para eso, cobran por mentir, engañar a los votantes. El problema es como uno a uno deben ser apartados de la tierra que contaminan. No es periodismo de investigación el que se realiza normalmente. Y no hablemos de la algarabía de las tertulias. Pretenden confundir. manipular, para que todo sea ocultado por el paso del tiempo. Debe tomarse cada caso en concreto, atosigarlo, asfixiarlo con datos, denuncias, hasta que no pueda resistir más el inculpado y se vea abocado a la desesperación.
 
Cuidado con las manifestaciones.
 
Llevan razón los jóvenes airados que gritan, increpan a los ladrones, a los terroristas de cuello blanco. Pero su lucha es difícil, desigual. Y el enemigo lo sabe. Por eso les acosa: con el miedo, con el cansancio. Se congregan a través de las redes sociales. Contra ellos se movilizan decenas de policías, helicópteros, el silencio cómplice cuando no los ataques de muchos medios de incomunicación. Van agotando sus fuerzas. Viendo como día tras día disminuyen los asistentes, cansados, perseguidos, sin encontrar nuevos apoyos. También debieran estudiar como diversificar esta estrategia de protesta para impedir que sobre ellos, concentrados en horas y lugar determinados, actúen las fuerzas represivas. Multiplicar la acción en esenarios distintos es un elemento más perturbador que provocar el limitado y desigual cuerpo a cuerpo. España y los países del sur de Europa conforman modernos campos de concentración. Y en ellos cada día resulta más difícil salir adelante, con la comida, con el habitáculo, con no quedar al margen de la sanidad, de la educación. Y se piensa que lo único que cuenta es sobrevivir. Y por eso silencian su protesta gran parte de los ciudadanos: empeñados en sobrevivir, al precio que sea, soportando lo que sea. No es el camino. Los criminales sonríen, esbozan su meliflua sonrisa ante sus problemas, o se dan golpes de pecho farisaicos: no somos nosotros los malos, vienen a decir, son las circunstancias, ya sabéis, los mercados. Nos obligan a actuar así. ¿Qué hacer contra estos desalmados? Articular el grito no resulta fácil, sobre todo cuando la burocracia quiene mantener la entelequia del estado democrático. Pero no olvidemos que los votos también llevaron a Hitler al poder.

Las mil y una Asambleas

O se abren todas las callez a la ira, o el sacrificio de la lucha se cebará con unos pocos, los mejores, los más desprendidos, los que solo tienen que perder las cadenas invisibles que les unen al yugo férreo y siniestro del capitalismo neofascista. Comprendemos que éste es poderoso. Se ampara en grandes instituciones. Desde la monarquía a la Iglesia, desde los banqueros a las cúpulas de los partidos oficialistas. desenmascarar al enemigo también es necesario para que un día se abran las grandes alamedas que acosen a los Dictadores. Porque la Dictadura Democrática sirve a los mismos poderes corruptos que los que instalan los Pinochet de turno, aunque éstos guarden más las formas y no caígan en las crueles y corrosivas medidas de los otros. No basta la voz aislada para contener la ola de los comprometidos con la explotación. Debe denunciarse a quienes se ponen al lado de ella, o guardan silencio ante su avance. No queremos un país de ciegos, mudos y sordos. El día en que el Parlamento se vea asediado no por unos centenares de manifestantes sino por mil y una Asambleas pacíficas, en fábricas, universidades, plazas públicas, y propugnen otra forma de combatir "!la burocracia del mal", se estarán sentando las bases para vencer al sistema corrompido, corrupto y corruptor que está llevando a la parálisis a la mayor parte de los ciudadanos de este país. Todo ha de debatirse en las tribunas públicas. Todos los temas que atañen a los auténticos problemas de las gentes. No de banderas, himnos, héroes, glorias pasadas, fronteras, cuotas de poder, sino del trabajo y sus condiciones, de los derechos de los trabajadores, de la sanidad pública y la educación igualitaria, de recortar el poder y la proliferación de los bancos, de su control público, de la gestión de las empresas, de la contaminación y su necesaria contención, de la paz y de la guerra, del papel del Ejército en un estado pacífico, de la tortura, de los límites que han de imponerse a los policías y fuerzas públicas, de la organización de la justicia y su funcionamiento, de las leyes y su reordenamiento, de la necesidad, estructura, funcionamiento, control democrático de los partidos políticos, del sistema electoral, y la mejor representación de los ciudadanos, de las asambleas populares y su influencia y desarrollo en la estructura del propio Estado parlamentario, de la cultura libre e igualitaria, de los medios de comunicación y su desvinculamiiento de las multinacionales, de la gestión informativa y de la dimensión de la cultura del ocio no programada desde la publicidad y el mercado... Podríamos seguir enumerando mil y un temas. Pero solo las mil y una necesarias asambleas pueden articularlos, estudiarlos, y comenzar a darles respuestas. Impulsar la utopía no es luchar por lo imposible, sino hacer imposible el asentamiento definitivo del mal en nuestra sociedad: que éste tiene un nombre: capitalismo neofascista, que en este momento está avasallando, destruyendo la civilización y contralel que únicamente NO cabe la pasividad.

viernes, 11 de enero de 2013

Número 44

2 0 1 3  C R E O  E N  L A  I R A

En su último y estremecedor poemario, Canción errónea, Antonio Gamoneda

escribe al final del mismo:

Creo en la ira

Y en mi trabajo sobre el libro que publiqué en el número 129 de República de las Letras,

concluía mi texto anotando tras el poético y callado grito de Gamoneda:

Y decimos mirando a nuestro alrededor:

¡Que así sea!

2013. Basta de ritos, celebraciones, luces, goles, coches, pascuas, loterías, sonrisas festivas e hipócritas. Articulemos la ira. La ira contra esa minoría que detenta el poder en España y que con un lenguaje tan repulsivo como mendaz predica resignación mientras agudiza su presión esclavizadora sobre la mayor parte de la población, y arrasa con los avances conseguidos tras decenas de años de lucha en temas como la sanidad, la educación, la erradicación de la extrema pobreza.

Vivimos en un mundo cada vez menos humano y la palabra que se escribe y pronuncia se convierte de inmediato en basura, algo peor que la más hedionda de las hediondas mentiras: es la más repugnante pieza escrita en el más repulsivo de los urinarios imaginables.

Recordemos a Julio Cortázar: "el mundo está saltando en pedazos cada mañana y nosotros aún nos encerramos en nuestros pequeños problemas de celos, familia, triángulos". Ni eso siquiera: la más sufriente población se encierra con los asquerosos programas de chismorreo en la basura de la tele.

O pensemos en Kafka viendo como cada mañana uno de nuestros familiares, convecinos, ciudadanos conocido o no, amanece convertido en un insecto y ante su presencia continuamos rutinariamente en la indiferencia o la resignación.

Articulemos la ira contra esos cientos de miles de personas, terroristas que imponen sus leyes para que sus latrocinios (beneficios llaman) crezcan y les hagan cada vez más ricos y poderosos, es decir execrables, deleznables.

Articulemos la ira contra el lenguaje que nos obligan a escuchar o leer, y algo más grave, que miméticamente reproducen los ciudadanos en sus conversaciones públicas o privadas, o en sus opiniones, haciéndolo suyo. Al vestir la piel de los mal hablados, de los corruptores, depredadores, destructores de las palabras y los conceptos, se convierten ellos mismos en mudos y fieles servidores de la estulticia y la perversión a que los someten.

El lenguaje de los gobernantes, de los que dicen ejercer la oposición, de gran parte de los periodistas, de los necios tertulianos que vomitan su fraseología vacua todos los días en los medios de comunicación, de esos escritores y escritoras que sueltan su banal y conformista charla en las entrevistas que les hacen por haber convertido su literatura en chatarra mercantil publicitaria.

¡Ah del lenguaje! ¿Quién nos responde hoy día de él? Casi cien años años han transcurrido desde que nuestro fustigador Karl Kraus escribiera: "El habla y la escritura de hoy en día, incluidos los de los expertos, han convertido, como quintaesencia de una decisión frívola, el lenguaje en basura de una época que extrae del periodismo todo su acontecer y experimentar, todo su ser y valer. La duda, ese canto que el gran don moral que el hombre podría agradecer al lenguaje y que hasta ahora ha despreciado, sería la inhibición salvadora en un progreso que conduce con absoluta seguridad al final de la civilización a la que cree servir".

Articulemos igualmente la ira contra quienes rinden pleitesía a los mercaderes y mercachifles a los banqueros y ministros, a quienes se convierten en sus lacayos y operan sobre la población cada vez más esclavizada y convertida en laboriosas y ciegas hormigas.

Extendamos la ira a los millones de ciudadanos apagados, resignados, embrutecidos, para que ante su estallido despierten de su alienación y se pongan en movimiento desbordando los diques que pretenden al tiempo que marginarles contenerlos. Veinte, diez, varios.millones de ciudadanos desencadenando su ira en todas las calles de España no podrían ser ni frenados ni reprimidos. Del Rey abajo ninguno, se escribió siglos atrás. Del rey abajo, cortesanos de toda índole, deben ser desbordados por la ira de la protesta. La miseria de la Corte de los Milagros del Siglo XXI necesita ser vampirizada hasta su disolución esperpéntica final.

Ira, ira contra quienes mantienen esta selvática sociedad y contra los que callan ante su explosión cada día más salvaje y cruel, contra los que ordenan las leyes y contra quienes las acatan en silencio, contra los corruptos y los que se dejan corromper.

2013. Creo en la ira. Y, o nos salva la ira, o regresamos al silencio de los esclavos vestidos con algo que llaman democracia.

 

Colaboración. Francisco Vélez Nieto.

 

Durán i Lleida y los andaluces.

¡OJÚ QUE FRÍO, LOS ANDALUCES!

 

Dad todo el poder al hombre más virtuoso que exista, pronto le veréis cambiar de actitud.

Herodoto

 

Siendo niño, en mi pueblo, gravé en la memoria un cante por caracoles que cantaba con sentimiento y voz fina pidiendo paso El Niño de la Huerta: "Por la calle de Alcalá suben y bajan / los andaluces, los andaluces / Como relucen, cuando suben y bajan / por la calle de

Alcalá, los andaluces". Ya por los años mozos, emigrante en Alemania, por esto de amar la poesía, conocí el poema de José Hierro "Los andaluces": "En dónde habrían dejado /sus jacas, en dónde habrían / dejado su sol, su vino, / sus olivos, sus salinas. / En dónde habrían dejado / su odio... Parecían hechos / de indiferencia, pobreza, / latigazo...Ojú qué frío"

¿Qué edad tendría este revolucionario catalán cristiano de devoción llamado Durán i Lleida cuando Pepe Hierro escribió este poema? Cuando los andaluces, "Ojú qué frío", llegaban apiñados con su maleta de madera de tercera en tercera, como cama, como mesa, como asiento, a trabajar de sol a sol y fiestas de guardar en Cataluña.

Tan taciturnos, tan altivos desde su pobreza de "En mi jambre mando yo", los andaluces, estos que desde Cádiz para situar a América, solamente tienen que decir: "Allí, pasando el charco".

Y es que el mundo para un buen andaluz es un pañuelo. Lo contrario que este catalanista de aldea, que pretende comerse a dios por los pies y a todos los andaluces sacarlos de las tabernas para meterles la lengua catalana a insultos. Parece mentira, una lengua tan bella, tan rica en literatura y poesía, que este nacionalista de aldea quiera implantar a golpe de insultos. Como si no hubiéramos tenido bastante los catalanes y los andaluces con Franquito y la Santa Iglesia de Roma protegiendo a tanto asesino. A aquella gente, que hasta cuando soldados involuntarios nos predicaba con cólera el cura castrense, que el catalán era un dialecto.

Me lo pregunto desde esta tierra mía, advirtiendo al lector que no soy ni andalucista y mucho menos nacionalista, porque ni nací pinturero ni conservador ultramontano, solamente andaluz y me basta. Me pregunto, digo, si Durán i Lleida y su revolución pendiente, tan lejos del

Homenaje a Cataluña, habrá leído el poema de Pepe Hierro, si habrá paseado alguna vez por un olivar cuando el frío hincha las manos que sangran cogiendo aceitunas. Y todavía quedan ganas de cantar: "Ojú, qué frío". Los andaluces. Y cuando han pasado varias generaciones para recordar su tierra, montan una Feria de Sevilla en Barcelona que visita un millón de criaturas. Y parece que van solos ondeando un pañuelo con un fragmento de su honda y vieja cultura. Feria de Sevilla, fiesta grande que inventaron un catalán y un vasco. Llevan el ritmo de las palmas, nada de fusiles y decretos de leyes dudosas. Y cantan y bailan porque parecen que están solos. Sus fronteras las llevan en el alma, lo demás es todo campo y cielo; que todo lo que hay en España es de los españoles. Dicen otros.

En tiempos difíciles y canallas, he aplaudido en los domingos de sol la sardana bailada en el

Retiro de Madrid. He presentado en Europa a cantantes catalanes. Le hemos puesto una calle a Vázquez Montalbán en la Feria del Libro de Sevilla de 2004 y premiado al presidente de la Asociación de Libreros de Barcelona con una placa de plata pura, más mesa, mantel y cama de matrimonio: "Ojú, qué frío... Los andaluces". No lo digo para que nos imite el inmaculado nacionalista Lleida. Lo escribo para advertirle a ese señor que no nos va a cambiar ni la madre que nos parió. Y es que cada uno es de su padre y de su madre.

Nosotros los andaluces somos un pueblo viejo y abierto, somos tan blancos como la Reina de Inglaterra, con muchas civilizaciones llegadas desde fuera, todas bien acogidas. Nos molesta y nos resulta indiferente la palabra frontera. En cambio, la hospitalidad está en el pentagrama de nuestra copla popular. ¡Viva Cataluña sin ladrones!

 

miércoles, 2 de enero de 2013

Número 43

PASCUAS. RITOS. ALIENACIÓN. ¿Y DESPUÉS?
Primer Manifiesto del año 2013.

En sus Carnets, marzo de 1942, escribe Albert Camus:
"Somos el resultado de veinte siglos de imaginería cristiana. Desde hace 2.000 años se presenta al hombre una imagen humillada de si mismo. El resultado está a la vista. En todo caso, ¿quién podría decir lo que seríamos si hubiera perseverado en estos veinte siglos el antiguo ideal clásico, con su bella figura humana?"
Hoy todos os felicitan las Pascuas. Mañana volverán a hablaros de la crisis y la necesidad -perdonad que vomite mientras escribo palabras pronunciadas por repugnantes personajes- de "apretarse el cinturón" y aceptar sacrificios para resolver los problemas del bla,bla,bla.
Ni resignación cristiana ni escucha de proclamas burocráticas políticas. Todos mienten. Solo piensan en sus intereses personales. En conservar o alcanzar las distintas formas de poder, único fin de su ideología. Mantener sus prebendas, sus escaños de la democracia virtual, creerse importantes porque salen en televisión, orgullosos de "mandar", que si no gobiernan hoy sobre todos, gobernarán mañana, y mientras eso llega, al menos "gobiernan a los suyos".
La imaginación revolucionaria es más importante y necesaria que nunca. Y son los jóvenes violentos y airados y que conservan todavía la capacidad de pensar, quienes pueden empujar a los trabajadores -la mayor parte de los ciudadanos- y a quienes carecen de trabajo, a una contestación no tibia, pasiva, sumisa al fin, sino violenta y revolucionaria. Que comienza con la denuncia de quienes predican el conformismo, la pasividad, la resignación. O de quienes únicamente imponen las ordenadas manifestaciones que comienzan tocando el pito y acaban con las porras o en caso de simbólicas huelgas con el descuento de las cada vez más enflaquecidas nóminas. Pero que justifican a quienes cumplen así su función opositora al tiempo que contribuyen a mantener el orden impuesto por los poderes que les pagan. Sería preciso que ni uno solo de esos políticos o dirigentes sindicales cobrara un solo euro de los explotadores del sistema en el que cohabitan, para creer en ellos, para que pudieran convertirse en auténtica oposición al devorador capitalismo impuesto en el llamado mercado europeo. O que si les mantienen no acepten sus reglas y las desafiaran con violencia semejante a la que ellos imponen a través de sus sicarios, policías, medios de comunicación, leyes o preceptos religiosos.
Ese homúnculo propio del siglo XXI que aparece como máximo gobernante de la llamada Comunidad de Madrid, dice que debe limitarse -supongo quiere decir terminarse- con el derecho a la huelga. Mientras busca convertir Madrid en el Chicago años 20. Que lo haga y consiga. Para que el viento devastador cree el auténtico tsunami que necesita la contestación política y revolucionaria en nuestros días. Que se rompan las falsas normas de conducta de quienes lo único que añoran es el orden imperante en gran parte de Europa al final de los años 30. Vayamos al caos, a ver si así los gritos no se detienen en las esquinas en que pretenden confinarlos.
Los representantes de los partidos políticos escenifican la comedia del poder y la oposición -Rajoy Rubalcaba a la cabeza- para luego, en saraos y escenarios abiertos a los decorados de la farsa democrática, abrazarse entre si. Cuando el primer mandamiento de quién piensa de manera distinta al del terrorista manipulador de las conciencias, al corruptor de la vida social y cultural de nuestros días, es el de escupir en la estela que a su paso vaya dejando.
El silencio del intelectual, que hoy solo parece sentirse realizado si aparece en las fiestas de la cultura espectáculo, de la cultura mercancía, de la cultura fiesta del mal gusto y la degradación estética imperante, al lado de maleantes o criminales que dicen patrocinar el arte, o colocado como un pelele en un rincón  de cualquiera de los grandes almacenes que le ofrecen un día de éxito para que firme sus obras a los humanos víctimas de la publicidad y debilidad de su pensamiento. Todos han de ser igualmente denunciados. Los discursos de Reyes, Presidentes de Gobiernos, Generalitates, Papas y demás ralea "honorable" debieran arrojarse a los cubos de la más putrefacta basura sin comentario alguno. Traidores denunciables ante la historia, la libertad, o el pensamiento son tanto el Premio Nóbel de Literatura como el máximo responsable gubernamental español, catalán, yanqui o iraní, y sobre todo, esos tíos o tías que nos cercan día tras día con su presencia y jerga tan nociva como incomprensible y que se enmarcan en letreros que hablan de comisiones europeas, fondos monetarios internacionales, organizaciones bancarias y demás engañifas en las que esconden sus latrocinios.
Suprema maestra ha sido durante veinte siglos la Santa Madre Iglesia en el arte del engaño para salvarguardar su poder y sus intereses económicos. Ahora, cuando pasen sus fiestas, las "felices fiestas" y demás zarandajas estúpidas solo dejarán otra vez la melopea de los lamentos y súplicas a quienes se quejan de su suerte y de las constantes malas noticias que les envuelven. Y la única defensa que le resta a quién no desee ser sacrificado lentamente, día a día, hasta el sacrificio final, es la de atacar, unir su protesta no mediatizada a la de la mayoría sujeta a su condena para hacer imposible la vida y el negocio a sus explotadores, no olvidando que si en los Guindos o Ratos se escenifica parte de la culpa de sus sufrimientos, esos otros personajillos a los que nos hemos referido, como el director de cualquier periódico de los que no tienen más remedio que leer porque para eso les pagan quienes impiden exista otra manera de informar y opinar, arrastra igualmente idéntica responsabilidad en la "banalidad del mal" que nos consume.

Cerremos con Albert Camus este breve Manifiesto piadoso:
Lo que reprocho al cristianismo es que sea una doctrina de la injusticia.
Y a ver si algún día no necesitamos de las Felices Pascuas para no ser un momento felices, sino que creamos la sociedad del culto al placer y la libertad ajena a dominadores y dominados, explotadores y explotados, y somos felices cuando nos de la gana y no cuando lo programen para instaurar el resto del tiempo el dominio de la infelicidad.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

España 20l8

Número 42
 
Dios, ¿quién puede decir: peor no pudo ser?
Ahora es peor que nunca.
Y podrá empeorar; porque no es lo peor
mientras se pueda decir: lo peor es esto.
 
                             Shakespeare. El rey Lear. IV
 
SUMARIO
 
España 2018
Fordmidable progreso. (El hombre estandarizado) Henry Ford.
A agitar, a agitar, hasta arrojarlos en el mar.
 
ESPAÑA  2018
 
Los paralíticos fueron arrancados de sus sillas de ruedas y arrojados sus cuerpos sobre la vía pública. Desenterraron a los muertos para recuperar el espacio de sus nichos y esparcieron sus huesos en los muladares.
Prendieron fuego a las chabolas con los niños y los ancianos dentro para recalificar los terrenos que ocupaban.
Desahuciados, sin recursos, desprovistos de atención médica y medicinas que no podían pagar, sellaron las viejas viviendas en que habían vivido y donde permanecían postrados y abandonados, esperando fuesen muriendo para recuperarlas y rehabilitarlas.
Carentes de medios económicos para pagarlos tuvieron que abandonar sus estudios dedicándose a vagabundear por las barriadas miserables que como grandes cinturones abrochaban las grandes ciudades.
Suprimeron la hora del desayuno o la comida en las cada vez más interminables jornadas de trabajo, y a las jóvenes empleadas las acostumbraron a que el breve tiempo de ocio que las concedían lo dedicaran a alimentarse con las succiones que realizaban a los grandes jefes de las corporaciones bancarias o empresariales, y que las obligaban a realizar si no querían ser despedidas.
Los ejércitos fueron readaptados y entrenados para que se encontraran en todo momento en alerta y movilizados para imponer el orden interno en el país y actuar con todos los medios y métodos disuasorios, incluyendo el empleo de las armas de última e inteligente generación que paralizaban y desproveían de movilidad sensorial a los manifestantes, manifestaciones y protestas cada vez más restringidas y conducidas a grandes y aislados descampados donde obligaban a quienes en ellas participaban a girar en círculo una y otra vez hasta la extenuación con sus pancartas y pitos que ya ni se visibilizaban ni escuchaban desde las calles de las ciudades.
Se habilitaron lo que fueron grandes naves industriales, ahora fuera de uso y estadios deportivos de equipos que ya no competían -la gran liga europea había eliminado las competencias nacionales- para acoger a los millares de jubilados que pasaban los días y meses que les faltaban para morir allí encerrados, disfrutando de los espectáculos que la televisión del Gobierno les ofrecía  a través de las numerosas y grandes pantallas habilitadas al efecto y que actuaba como droga somnolienta.
Suprimidos los días festivos, prolongado el horario laborar según las estaciones hasta la noche profunda, rebaños de noctámbulos regresaban al final del mismo, taciturnos y derrengados a sus domicilios, en busca del sueño que reparara algo sus fuerzas y les permitiera reincorporarse al trabajo y no ser arrojados por falta de competitividad a la calle sin derecho alguno.
Anónimos, distanciados del centro de la ciudad, siempre bien guardaespaldados, "los otros", la minoría que detentaba el poder, mantenía su vida social y de ocio en los cuidados y amplios espacios fortificados en que se levantaban sus villas, centros recrerativos, campos de golf, piscinas, gimnasios, casinos, restaurantes, burdeles, auditorios, a los que solo ellos tenían acceso.
Una carretera especial, solamente utilizada por ellos, los privilegiados que conformaban el 1% de los ciudadanos poseedores de las grandes fortunas o administradores del poder político, judicial y de comunicación a su servicio, les conducía al territorio en el que igualmente campaban por sus fueros los nuevos colonizadores, a los que se conocía por los Andelson. Conformaban parte de la nueva y exclusiva Europa bajo el poder supremo del IV Reich, que imponía sus leyes políticas, económicas, sociales, morales unificadas en el territorio que no había sido necesario conquistar con las armas sino a través del poder bancario. Dado que el sexo, el juego, la corrupción, se desarrollaban allí impunemente pero con protección de la Ley de Leyes, la Iglesia Católica había accedido a que se convirtiera en Limbo libre de sus preceptos y dogmas: también algunos de sus máximos sacerdotes tenían acceso libre a aquel territorio, bajo estrictas condiciones de clandestinidad. A cambio habían obtenido la gracia de administrar a su antojo y bajo su doctrina la gran colonia penitenciaria en que penaban el resto de los habitantes de la Nación,
Hacía tiempo que los decretos gubernamentales derogaron todas las viejas e ineficaces leyes y que un partido único, en el que se habían integrado los que un día fueron oposición, dictaminaba todas las normas obligatorias que regían a la masa humana de la Nación. Del pasado, del viejo orden, de lo que se llamaba civilización, quedaba solamente, para reconfortar a los vivos y a los muertos, a los poderosos y a los oprimidos, las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana. E igualmente un puñado de funcionarios escritores, artistas, músicos, comunicadores, rivalizaban en sus creaciones por entrar en el mundo feliz en el que moraban quienes les mantenían.
Todavía se reunían algunos catecúmenos y cavernarios en sus covachuelas de las grandes ciudades. Su tema principal de debate era como sobrevivir al tiempo que los había vencido.  Mientras, el ministro que había sobrevivido, su apellido germanófilo era toda una garantía de calidad y su meliflua sonrisa y ademanes monaguillescos le garantizaban el apoyo de la grey capitalista católica, responsabilizado como gran retrógrado de la cultura y la educación, desarrollaba el plan para solucionar el problema de la formación de los ciudadanos. Plan que reproducimos a continuación tomado de Karl Kraus y su Antorcha.

FORDMIDABLE PROGRESO
(El hombre estandarizado)

Henry Ford acaba de donar cien millones para crear una escuela que él llama la escuela del futuro. "He fabricado tantos automóviles -explicó- que me vino el deseo de fabricar ahora seres humanos. La consigna de la época se llama estandarización". La primera escuela modelo de Ford, que ha empezado ya su actividad, solo admite a muchachos de entre 12 y 17 años. Están prohibidas las lenguas, la literatura, las artes, la música y la historia {...} Los alumnos tienen que aprender el arte de la vida, tienen que saber comprar y vender.
¡Por fin se ha hecho tabla rasa de tantos pretextos que suponían en muchos casos un obstáculo para el único y verdadero objetivo de la vida!
(Han pasado cien años desde que Kraus publicara el texto. Y cada vez nos aproximamos más a Los últimos días de la Humanidad. La Humanidad es simplemente el ser humano)

A agitar, a agitar, hasta arrojarlos en el mar.

¿Qué oculto poder tiene ese 1% de la población que acapara todo el dinero de una nación, y se beneficia de las leyes dictadas por sus gobernantes, situados como fieles y eficaces lacayos a su servicio, sobre el 99% restante de sus habitantes? ¿Y qué migajas de ese poder económico reciben los burócratas criados de ese Gobierno? Y lo más importante: ¿cuándo despertarán de su alienación ese 99% de los ciudadanos y avanzarán por las alamedas de la libertad que ellos mismos han de abrir haciendo caso omiso de leyes y palabras virtuales como derechos humanos, democracia, etc para poner en fuga sin retorno posible a los dueños del dinero y dejar de ser esclavos? Que se vayan al otro lado de los mares llevándose con ellos a cuantos políticos de uno u otro signo intentan justificarlos y mantenerlos en su omnípodo poder. No con pitos y marchas reguladas y ordenadas se puede lograr esto, es preciso provocar una avalancha cuyo grito iracundo atruene  sus oídos con tal fuerza, que no puedan resistir el ininterrumpido clamor desatado sobre todo el territorio en el que intentaron imponer su despiadada ley, su terrorismo económico. La lucha no puede ser burocrática y al servicio de los espurios y miserables intereses de quienes dicen impulsarla en una oposición que no es sino burda colaboración. Palabras y métodos también han de recobrar su libertad si se pretende salir de la esclavitud. Hasta arrojarlos, a todos, en el mar.

 


jueves, 22 de noviembre de 2012

 
Número 41

 
EL LENGUAJE DEL PP Y DE ARTUR MAS Y EL POPULISMO FASCISTA
 
Dichosos tiempos aquellos en que eran los banqueros y no los desahuciados quienes se arrojaban por los balcones.
 
El lenguaje que desarrollaron los responsables del PP durante su campaña en las últimas elecciones generales. Desde la celebración de la Diada lo pone en práctica Artur Mas, éste en representación absoluta de su partido. Es una ´continuación de la Historia que alcanzó su punto culminante en la elección, por el pueblo, de Hitler, como supremo jefe del sistema democrático de Alemania. Fascismo y comunismo, los dos regímenes políticos que dicen hablar en nombre del pueblo y que al pueblo representan, experimentaron técnicas similares en sus sistemas dictatoriales de comunicación y propaganda. Algo vulgar y simple para el entendimiento y la razón si se analizan, mas por desgracia el pensamiento es lo primero que se aniquila para poder así usurpar la voluntad colectiva. Dominar instintos y conciencias es el gran objetivo de los líderes populares, quienes dicen representar a los ciudadanos, gobernar con plenos poderes porque la mayoría de ellos les han concedido su representación y han enajenado su voluntad para que en nombre de ellos legislen y actúen. Así, cuanto los gobernantes realicen será en nombre del pueblo y la mentira no admitirá réplica alguna. Poderes cada vez más absolutos y represivos se encargarán de que el orden del silencio se imponga sobre los disidentes o críticos porque el pueblo habrá, una vez consumado el golpismo democrático, dejado de existir y una masa uniforme, manipulada, desprovista de conciencia y voluntad, será conducida a los fines desarrollados por la estrategia de la propaganda y la publicidad imperante en el país de los muertos vivientes, bien arropada por palabras e inconos sagrados del teatro del progreso. Patrias, banderas, marchas militares o músicas enloquecedoras, parafernalias teatrales de multitudes disueltas en luces y escenarios absolutamente irreales, ídolos deportivos, cantantes, hasta algunos artistas, se prestarán a protagonizar esta farsa de convertirse en representantes de la Nación, encarnar con sus éxitos el de la sagrada patria consagrada por sus logros en el universo entero. Fundamental le resulta al poder dominar los medios de comunicación, ocultar lo necesario, privilegiar lo alienante y tener igualmente el respaldo de una fuerte iglesia, contar con su apoyo o con su silencio ante los desmanes que cometa, según las necesidades de cada momento, y destruir en la representación pública a los críticos primando al tiempo a burócratas o asalariados del partido en el poder y situándolos al frente de la imagen y la palabra.
Leemos a Goebels, el maestro de las huestes de Rajoy o de Artur Mas. (Algún día hablaremos de lo que debiera representar el independentismo de los pueblos, su liberación real y no ficticia al servicio de nuevos imperialismos económicos y políticos aunque sea bajo distintas banderas e himnos que encubren idénticas miserias económicas y culturales y que continúan dominándoles). Al fin Rajoy, bajo la marca España, o Artur Mas bajo la marca Cataluña, obedecen a idénticos amos "reales" e intereses de los terroristas del siglo XXI, bancos y oligarcas desde Frankfurt o Wall Street continúan dominando a los pueblos del mundo, hablen el idioma que hablen y bailen al son de la música y ritos que les impongan.
Vayamos pues al estratega que les enseña el camino y encauza sus campañas electorales. Leyéndole a él, años 30 del siglo XX en Alemania, nos situamos mejor en 2012 en España. Dice Goebels:

"Las grandes masas de una nación sucumbirán siempre y únicamente ante la fuerza de la palabra hablada {...} La pasión es el prerrequisito del liderazgo. Debe tener la visión de la vida de un fanático. Los escritores rara vez son líderes. Sé que la palabra escrita convence a menos gente que la hablada {...} Toda propaganda efectiva debe limitarse a unos cuantos puntos básicos esenciales y esos deben ser expresados hasta donde sea posible en formas estereotipadas. Esos eslóganes deberían ser repetidos constantemente hasta que el último individuo haya comprendido la idea planteada".

Por ejemplo, anotamos: el de Zapatero culpable, o, terminaremos con los cinco millones de parados del PP. En el otro lado, somos una nación, o, la voluntad de los catalanes, de Artur Mas.
Y sigue diciendo Goebels:

"Quién conquiste la calle conseguirá conquistar un día el Estado, ya que cada forma de política y de poder y cada Estado dictatorialmente gobernado tiene sus raíces en la calle. Cuando vemos a nuestros hombres, miles de ellos, desfilando por las calles, casi estamos viendo una movilización por el poder".

Y pensamos: si en vez de arroparse en sus banderas, los manifestantes esgrimen gritos de protesta y pancartas con los que denuncian la explotaciónb laboral, el sistema capitalista, la indefensión social, arrojarán contra ellos sus policías, etapa benigna que antecede a los campos de concentración el día que ostenten el poder absoluto y sean necesarios: la Alemania de Hitler y la España de Franco también marcaron en ese sentido el camino por si en un futuro próximo o lejano fuese de nuevo necesario.
Una buena cámara fotográfica debiera filmar una y otra vez la sonriusa y los gestos de suficiencia del jefe o Conductor, en este caso Artur Mas cuando escupe sus vaguedades doctrinarias y escapistas a los suyos. Otra los ascos y expresiones desabridas de dirigentes peperos tipo Guindos en sus intervenciones, o las muestras sumisas e inocuas de su máximo dirigente en el Gobierno ante los verdaderos ejecutores de la política española que imponen sus leyes económicas como ya hicieron con Zapatero al margen de las siglas del partido que gobierne. Y en cuanto a las manifestaciones pensamos que lo importante no es contar a sus participantes. Basta con "comprender" que unas dan legitimidad a los gobiernos golpistas democráticos, y las otras nacen ya estigmatizadas y solo se trata de irlas diluyendo mediante métodos que van de la persuasión -se necesita el apoyo de los partidos y centrales sindicales para ello- o la intimidación y la violencia. Así las del Papa o la Diada son legítimas y veneradas cuando congregan a los suyos. Los jóvenes o viejos que protestan o acampan en la Puerta del Sol o las Ramblas deben ser insultados, apaleados, multados y perseguidos.
Al día siguiente de las elecciones que ganó el PP, al día que puede amanecer si se consuma la independencia de Cataluña según Artus Mas, los problemas de la indefensión de los hombres y mujeres no siervos del capitalismo, no sólo no desaparecerán, sino que se acentuarán. Y al tiempo que las condiciones de vida empeoran, la libertad también se degrada y termina por desaparecer. Entonces recordamos el humor ácido de Stanislaw Lem:
"
El sueño de los esclavos: un mercado en el que se pudieran comprar los amos"

Y a una realidad que añora los viejos tiempos, año de 1929 en la crisis de Estados Unidos. Seguirán los desahucios y los suicidios de los desesperados. Y los banqueros acentuarán su sonrisa de poder y dominio en las islas donde se refugian tras sus agotadoras jornadas para multiplicar su dinero y provocar el sudor, agobio y desesperación de los ciudadanos, refugios de lujo bien guardados por las cada vez más necesarias fuerzas del orden público y de la seguridad privada.
Pero regresmos a Stanislaw Lem con su final optimista:

Y sin embargo, la humanidad progresa. Cada vez se juzga a los genocidas de un modo más humano.

 

martes, 13 de noviembre de 2012

Número 40
 
LLAMADA  A  LA  VIOLENCIA
                                                                     
                                                                     
No soy yo, ni los que convocan protestas o manifestaciones pacíficas que ustedes pretenden convertir en violentas, quienes realizan esta llamada. Son ustedes, miembros del Gobierno, dirigentes del PP, los responsables de esta incitación.
Todos los días se les llena la boca con la palabra terrorismo. Y al tiempo van despejando los caminos que conducen a una contestación que puede ser  infinitamente más terrible y nociva: el enfrentamiento civil al que parecen abocados los millares, millones ya, de españoles, a los que conducen a la senda marcada en pasados tiempos por las luchas revolucionarias por conquistar los derechos sociales y humanos que se les negaban.
De seguir este camino de explotación, corrupción, represión y lenguaje emanado de las consignas que en su día creara Goebels para imponer el nazismo, no les quedaría, tal vez, otra salida, salvo que su poder de alienación haya convertido en autómatas  o esclavos sin voluntad a la mayor parte de los ciudadanos. Y entonces sería tarde para todos, también para ustedes y sus amos, no lo duden. Porque entonces no podrían además oponer a su lucha los parachoques de partidos y sindicatos, igualmente desbordados y denunciados por su burocratización y sujección a intereses tan banales, escleróticos y propios de corpúsculos egoistas y tribales, como los que actualmente representan. Por muchos policías y fuerzas y cuerpos de seguridad, públicos o privados, que ustedes creen, por muchas leyes represivas y decretos que impongan, ni unos ni otras alcanzarían a reprimir a los cada vez más numerosos deshauciados, e incluso parte de ellos, relacionados con ese "pueblo" al que ustedes convocan y manipulan en su definición día y noche para mayor escarnio, terminarían por darles las espaldas. Y los privilegiados que viven en su bunkers y zonas exclusivas, y se aislan en las burbujas culturales y de consumo a las que ellos solo tienen acceso, que esconden sus nombres y los enmascaran en palabras obtusas de jergas económicas inaprehensibles para la mayoría y se rodean de lacayos que les realizan el juego sucio, cuando la violencia no sea individual y terrorista, tan inútil para los que la practican como´"útil" para quienes en ella amparan su propia violencia, sino colectiva y "humana", no tendrán otro remedio que defenderse matando sin tapujos -como hacen los regímenes dictatoriales se encubran bajo las calificaciones ideológicas que sean- o huir como las ratas a otros lugares -ahora se limitan a enviar sus capitales- donde puedan continuar lucrándose con su economías de sangre y latrocinio.
Porque ustedes, gobernantes de la democracia, están asesinando la gallina de los huevos de oro que encontraron -no solo hundido sino desvalorizado el comunismo- en sociedades liberales o socialdemócratas que buscaron paliar las injustificables diferencias sociales, los espectáculos de la opulencia y la miseria y sobre todo crearon una cultura de derechos humanos y ajustes sociales, que en las sociedades occidentales produjo lo que llaman "sociedad del bienestar", sin indagar en  que se escondía detrás de ella y en lo que suponían para otros pueblos de la Tierra. Son ustedes los que con sus políticas económicas exterminadoras y su impulso al retroceso de la Historia, hablamos de España y otros países europeos, están provocando la contestación violenta -de los suicidios no tardaría en pasarse a los actos desesperados y a los movimientos cada vez más numerosos de repulsa y acción directa por el único derecho que les queda a los explotados: el derecho a defender su propia vida-. Ustedes llaman a esos tiempos cada vez más cercanos, de seguir por este camino. Ya no bastan las palabras, las bromas, las cifras sobre esos miles de "terroristas" económicos que provocan una situación cada vez más enajenante. Y debemos ser quienes trabajamos con el pensamiento y no aceptamos las migajas que ofrecen "los mercados", quienes reflexionemos sobre esta terrible coyuntura histórica. Y no bastará con denunciar a quienes hoy se ríen, en privado o hasta en los parlamentos, de la pobreza, la miseria, incluso la muerte de sus víctimas, porque la hora de las lágrimas alcanzarán un día a todos. Son viejos dichos: la capacidad de sufrimiento tiene un límite, las burlas y los escarnios no siempre han de encontrar como eco la paciencia y la resignación. Y a las falsas músicas marciales, banderas nacionalistas, héroes de pacotilla en los que se pretende encarnar el orgullo nacional o nacionales, pueden suceder otras canciones que también arrastran a las masas, tan fáciles de manipular y luego engañar, canciones empolvadas pero que un día hacen suyas los desesperados. Porque cuando unos imponen con sus gobiernos la violencia están sembrando la violencia que pueda contrarrestarla un día. Cuando los náufragos no sean los desgraciados que llevan años chapoteando su miseria en las aguas de los océanos, sino la mayor parte de los habitantes de un pueblo en el que incluso sus clases sociales se estrechan hasta conformar un grito cada vez más unido, esas propias aguas ahitas de sangre pueden anegar la tierra que hasta entonces se limitaba con contemplar el naufragio

Próximo número: El lenguaje del PP y de Artur Más. El populismo fascista. El ejemplo de los nazis.

 


La Linterna del S. XXI