jueves, 18 de abril de 2013

PORTUGAL. 25 DE ABRIL. 39 AÑOS DESPUÉS

¿Grándola, vila morena?
Caxías. La memoria del ayer, metamorfosis de hoy.
Las heridas de la belleza. El grito de la rebeldía.
El estallido de 1974. ¿Cuándo el del tiempo que vivimos?

¿GRÁNDOLA, VILA MORENA?

"El Estado era una sombra, el Gobierno una ilusión. Real, solamente, la policía política, la prisión, la tortura, los juicios arbitrarios: únicos sustentáculos de un poder podrido".
Documento del 25 de abril publicado por periodistas portugueses el 10 de mayo de 1974.
La tristeza te invade cuando recorres, estos días lluviosos de marzo-abril de 2013, los pueblos y ciudades de ese entrañable país. Cuando piensas en los largos años de la dictadura de Salazar y Caetano y en el presente de la dictadura de los Bancos y el  gobierno lacayo del neoliberalismo que
  domina Europa. Y ayer, hoy, los de siempre, los malditos y corruptos explotadores de gentes que han convivido con la pobreza durante siglos y un día alentaron el sueño de una revolución que les llenó de esperanza y palió parte del atraso moral y material que sufrían. Y ahí siguen, volvieron, impusieron sus leyes, el puñado de oligarcas que desplazan sus fortunas a paraísos fiscales, la Iglesia, los políticos corruptos, nacionales y extranjeros, dominando medios de comunicación que expanden sus lenguajes miserables y farsantes sobre sus pueblos. Y ahí la nunca derrotada Alemania, lamiéndose las heridas de su nazismo imperialista, imponiendo su política a través de sus bancos y poder económico como antaño intentó hacerlo con sus tanques y bombas, sobre la cada vez más debilitada Europa.
Hace 39 años una canción sencilla, creada en 1964 por un joven cantautor en un viaje nocturno y fatigoso pero creativo, cuando regresaba de una pequeña ciudad a la que había llevado su música y palabra, recorrió el mundo entero:
 
Grándola, vila morena
terra de fraternidade.
 
Hoy, los muros de las cada vez más abandonadas ciudades y pueblos, desvencijados edificios de viviendas o reliquias históricas, graban otras letras distintas a las cantadas por Zeca Afonso. Decía entonces:
 
Em cada esquina un amigo.
Em cada rostro igualdade.
Grándola, vila morena
Terra de fraternidade.
 
Ahora, en las tierras del Alentejo, en la maravillosa y arruinada Coimbra, en las barriadas de Lisboa, la letra de la contestación., de la realidad, escribe:
 
Grándola, vila corrupta
terra de desigualdade.

Caxías: la memoria del ayer, la metamorfosis del hoy.

Ya no queda en pie el edificio de la calle de Antonio María Cardoso que pasó a denominarse "Calle de los muertos de la PIDE". La pide era la policía política represiva del régimen de Salazar, equivalente a la no menos siniestra brigada político social del franquismo. En vez de gritos, torturas, regueros de sangre, muertes "accidentales" que precedían a los encarcelados antes de llevarlos a las mazmorras de la cárcel de Caxías, y pese a la oposición de gentes como Saramago y numerosos escritores y artistas, se edificaron en su lugar lujosos apartamentos para los herederos del salazarismo. Desaparecieron los siniestros calabozos equivalentes a los de la Dirección General de Seguridad de la madrileña Puerta del Sol que ahora ocupan -restaurados y reconvertidos-  los herederos del franquismo. Caxías -también aquí se destruye y reconvierte, pese a la oposición ciudadana la cárcel de Carabanchel- se encuentra en un montículo de los que rodea Lisboa, en el camino de Estoril. Estos lugares que evocamos conforman la trágica memoria del pasado portugués, coetáneo a la España de Franco. Caxías fue el primer edificio oficial en el que yo entré , junto a unos reporteros alemanes, antes de que transcurrieran 48 horas del 25 de abril de aquel año de 1974. El 26 de abril la cárcel se había rendido a un grupo de paracaidistas y fusileros de la Armada portuguesa, que doblegaron a los policías y guardias que habían pasado la noche precedente quemando los informes y documentos allí archivados. Publiqué en la revista Cambio 16 un extenso trabajo titulado "Las mazmorras de la PIDE". Luego de la visita, de ver los arañazos, restos humanos de las minúsculas celdas que a tantos presos portugueses albergaron, continué con Otelo Saraiva de Carvalho y otros acompañantes hasta Estoril. Allí, sin resistencia, se mostraron amables y resignados ante nuestra presencia, conscientes de que la revolución pasaría y el casino y cuanto significaba seguiría en pie. Casinos y policías, jueces y banqueros, obispos y oligarcas sobreviven a sus momentáneas derrotas.

Las heridas de la belleza. Los gritos de la rebeldía

Los cuervos de corbatas y trajes oscuros -que se exigen hasta para asistir a los premios literarios ceremoniales, para demostrar como se puede domesticar también la cultura y el arte- solo necesitan paraísos fiscales y paraísos turísticos para sus divisas impresas con la sangre no solo de los trabajadores, campesinos, mineros, obreros de las fábricas, sino ya también con el sudor de los funcionarios y clases medias.
En nuestro discurrir por las vacías autopistas que conducen a pueblos o ciudades del entrañable país, nos persiguen letras escritas con hambre y rabia en los muros de edificios o carreteras:

   Neoliberales, asesinos, terroristas.

Porque el denominado FMI, Fondo Monetario Internacional, es el nuevo terrorismo que amedrenta y sojuzga a los pueblos de Europa del Sur: son la Gestapo con métodos nuevos, aparentemente democráticos y efectos que eliminan sus genocidas consecuencias pero no dejan de empobrecer y asesinar lentamente..
Caminamos por las cuestas y recovecos de la bellísima ciudad de Coimbra. El esplendor  y pasado artístico de la noble ciudad, aparece deteriorado, nadie se preocupa de su envejecimiento, de que se vaya agrietando, aunque permanezca orgullosa de sus heridas, cansada del turismo a la carta cada vez menos rentable y parco en visitas, de alma desgarrada y vencida por los depredadores de la civilización, en parte sus propios hijos corruptos y corruptores. Y leemos en ella:

                                     La mentira, requisito fundamental del político profesional.

Eso grita la mayoría de sus habitantes. Cada vez más portugueses llevan al Parlamento, a las calles de Lisboa su canción de protesta: Grándola, vila morena. Es más que un símbolo, es una llamada a la acción. Ante las polémicas surgidas por hechos recientes en España -habrá que denunciar cada vez con más dureza a Cospedal, ese remedo de los ángeles de la crueldad de triste memoria- nos razonan: el lenguaje es también mentira. Porque los que acosan, los auténticos acosadores, quienes nos cercan y destruyen, en nuestros domicilios, en nuestras escuelas, hospitales, en nuestro trabajo, en nuestras condiciones de vida, en nuestra civilización, son ellos, los que ahora piden más medidas represoras para quienes protestan. ¿Acaso no desearían llenar todos los estadios de fútbol con quienes se lanzan a la calle, realizan estas protestas, únicas armas de defensa que parecen restarles?
Las calles más céntricas o nobles de las ciudades van alternando sus letreros luminosos con tres tipos de anuncios en sus edificios: en uno, Compro ouro (o plata o joyas), en el segundo arréndase (o se vende, en el tercero Banco, sea del Espíritu santo o sea del muy hispano Santander.
El oro, la más antigua ramera del género humano. El Banco: la más poderosa ramera de nuestro tiempo histórico. Los edificios: el grito de los vampiros de los tiempos modernos, la especulación que se alimenta de la sangre de los pueblos.
La gran mayoría de los periódicos, mienten, obedecen como gran parte de los medios de comunicación a los traficantes de los sueños y culturas que los alimentan. Y frente a los periódicos oficiales se alzan aquellos a quienes se les niega la voz, la expresión, la libertad de dirigirse a los otros, a quienes se ven forzados a dejar sus caracteres en los muros de los edificios o las calles:

                                                Tomemos las calles por un mundo distinto.
                                                Ocupemos las plazas para construirlo

El estallido de 1974. ¿Cuándo el del tiempo que vivimos?

16 de marzo de 1974. Caldas da Reinha. 35 oficiales y 55 suboficiales intentan una insurrección que resulta fallida. Proclaman entonces en un documento: "El prestigio de las Instituciones Militares sólo será alcanzado cuando las Fuerzas Armadas se identifiquen con la nación... Sin democratización del país no es posible pensar en ninguna solución válida para los gravísimos problemas que se abaten sobre nosotros" A partir de ese momento 200 jóvenes oficiales preparan la revolución del 25 de abril. Resultará difícil administrar la herencia del salazarismo. Portugal refleja entonces la menor renta per cápita de los países de la OCDE (cien dólares anuales). Latifundio. 25% del PIB para las multinacionales. Inflación galopante. En menos de dos semanas se intenta un contragolpe de Estado. El pueblo se lanza a la calle para impedirlo. Lo paraliza con la ayuda de los jóvenes militares que se habían sublevado. Estados Unidos, a través de su embajador, miembro de la CIA, las cancillerías occidentales, comprenden que es preciso utilizar otros métodos "democráticos". Se comienza por aislar, detener, terminar con los ideólogos del movimiento de los oficiales. Después, el poder del capital, a través de los medios de comunicación y la división de los partidos de izquierda -palo y zanahoria, ya se sabe- irán trazando su camino. Hasta los tiempos de la llamada troika. Todo el poder a los bancos. Una Europa unida en torno a los monopolios y el capitalismo expansivo y represivo. Hoy Portugal, acongojada, con  cada vez más jóvenes exiliados, se encoge, vencida, se  retrotrae al pasado, se posterga en el miedo y la desesperanza. Pero surgen estallidos de protesta, que aún pobres de medios, no carecen de imaginación. Y voces que claman por un nuevo 25 de abril. Quieren ganar a la causa a profesionales también golpeados por la explotación salvaje de que es víctima la Nación: jueces, jóvenes militares, militantes de izquierda no burocratizados, y sobre todo alentar las ideas y la rabia. Solamente expulsando a los lacayos del imperialismo neoliberal se podrá no desandar del todo el camino que se inició el 25 de abril de 1974. Y desde España, acosada por similares problemas, pensamos en una tierra de fraternidade sin fronteras y con sueños de libertad. 
 
 

martes, 19 de marzo de 2013

número 48

Fragmento de la secuencia tercera:
EN AUSCHWITZ NO HABÍA TIEMPO PARA ABURRIRSE.

A Hitler se le apoyó frente  a la denostada República de Weimar y se le permitió hacer y deshacer a su antojo. Y ahora mismo nadie está interesado en conocer qué ocurre en estos campos de la muerte. Sólo les preocupa la marcha de la contienda. Y en la guerra todo es válido. Ésa es la única moral, la Ley". Y añadió ante nuestro silencio, como si hubiera desarrollado esa lección de Historia en numerosas ocasiones y lugares: "El pueblo alemán, antes del Tercer Reich, se encontraba en la ruina, sumido en el caos más absoluto, político, económico y moral". Y Hitler, quienes le apoyaron y vieron en él una manera de sanear sus negocios, terminó con el paro y la inflación. La gente pudo comer, tener un techo bajo el que guarecerse, sobre todo recuperar su orgullo, su prestigio como Nación. Son palabras que recuerdo se pronunciaron en un congreso de intelectuales -catedráticos universitarios, escritores, artistas- en el año 1938 en Berlín. Aunque algunos no lo creáis, fueron muchos, hombres de ciencia y del pensamiento y la creación, quienes apoyaron a Hitler. El populacho podrá ser primitivo, dejarse guiar por instintos primarios, pero los llamados intelectuales no son ajenos a sus intereses personales que anteponen a cualquiera de esos derechos humanos siempre convertidos en papel mojado cuando les interesa a los gobernantes, Y no debe olvidarse que los campos de concentración también hablan de dinero, de la eficiencia de un sistema económico, de las leyes de los beneficios y la importancia de los mercados, en una palabra, del desarrollo de la economía alemana, y en ellos, como hienas entre cadáveres, merodean los empresarios, los banqueros, los industriales que engordan con los esclavos y muertos sus fortunas, sus fortunas no sólo alimentan la guerra, les otorgarán a ellos y a sus descendientes un futuro en caso de perderla, y este genocidio se convertirá en un simple recuerdo para el que bastan unas simples frases de arrepentimiento, a veces incluso ni eso.. La religión les sirve para dominar a los pueblos. Y tampoco han de faltarles nunca periodistas, jueces, profesores, artistas que les apoyen. Nadie escuchará, creerá nuestros testimonios si es que sobrevivimos, y los que los crean no tardarán en olvidarlos".
                              
                          Reflexión al margen de la novela

ÚLTIMO TANGO EN AUSCHWITZ, la novela publicada por Editorial Akal que sale a la venta en los días finales de marzo, es una reconstrucción, desde el presente, de un día en la vida del campo de concentración, narrado por un músico de la orquesta, sobreviviente, que antes de morir, en las postrimerías del siglo XX, y ayudado por textos  y testimonios de otros escritores sobrevivientes de los Lager nos habla del genocidio, del fin de la civilización, de la banalidad del mal, de las relaciones entre la música y el poder. Narración que pretende que el lector se integre en ella para interrorgarse a si mismo sobre si puede escribirse después de Auschwitz, y el tema de la culpabilidad colectiva ante los grandes crímenes del poder, sean políticos o económicos.
 
 
 ALEMANIA. DE HITLER A MERKEL.
La guerra que hoy día no necesita declararse formalmente. Las armas de fuego sustituidas por las armas de la banca y los mercados. Las víctimas de las leyes y las palabras (y los nuevos aliados de Merkel, los Petain, Franco, Mussolini de turno: de Rajoy y Cospedal a los dirigentes italianos, portugueses, griegos)...
 Los alemanes provocaron dos guerras mundiales. Quisieron dominar Europa. Fueron derrotados. Renacieron de sus cenizas. Comprendieron que no eran las armas quienes les llevarían al sueño de ese dominio. El poder del dinero. La esclavitud económica. Hitler amaba los perros. También a Wagner. Merkel ofrece la estampa de una buena ama de casa. Con su mirada dulce nos dice que ama las plantas y le gusta el fútbol. Imponer la grandeza de su Patria se hace a base de sacrificar a otros pueblos. Siempre ha sido así. Su terrorismo ya no deja tras de si campos de concentración, sino hambres, crisis humanitarias. Detras de ellos están los de siempre: bancos, empresarios de armas químicas, de automóviles, de industrias poderosas de desarrollo tecnológico, incluso galeristas y coleccionistas de arte de primer orden.  Las alianzas son, más que políticas, económicas. O de paises siempre neutrales, como Suiza, el gran refugio de los terroristas de sangre azul o blanca.
 
LA CULPABILIDAD DE LOS BURÓCRATAS.
Es el nuevo ejército que conforman el Estado de las alucinaciones realistas de Kafka para servir a los dueños del Castillo, de la Ley y metamorfosear a los ciudadanos.
Nadie es culpable de la violencia que se ejerce contra los oprimidos. Todos los ciudadanos, cada uno en su puesto, se limitan a cumplir las leyes, a ejercer sus oficios con la mayor profesionalidad posible. Sean banqueros, ingenieros, arquitectos, responsables de medios de comunicación, incluso funcionarios políticos o sindicales. La democracia ha desterrado la violencia de los que un día fueron revolucionarios, por eso la represión tampoco recurre a medidas extremas. Hoy los campos de concentración gozan de libertades, en ellos campa a sus anchas la televisión. Apenas se dan, salvo en casos excepcionales torturas o violencias físicas. Al nuevo enemigo, internet, habrá que ir limitándole su posibilidad de acción, neutralizarle. Es el pensamiento el que ha de abolirse. El poder del mercado y de la publicidad forma parte de los procedimientos utilizados por los gobernantes para dominar a la masa y burocratizar la vida y la cultura.
Nada hay más terrible y amenazante para el pensamiento y la libertad que un burócrata convencido de su necesidad, profesionalidad y obediencia para el funcionamiento perfecto del engranaje de la máquina del poder.

Nadie habla de Auschwitz; si habla, no comprende nada; si comprende, lo olvida enseguida
¡Hace ya tántos años que hombres como Stuart Mill, Carlos Marx, Bakunin, Albert Camus, Einstein,
Celan, yacen para los más en el más absoluto de los olvidos...!
 

 

lunes, 4 de marzo de 2013

Número 47.

Carta a los intelectuales
II.
Cospedal y la Tercera Noche de Walpurgis

El habla y la escritura de hoy en día, incluidas las de los expertos, han convertido, como quintaesencia de una decisión frívola, el lenguaje en basura de una época que extrae del periódico todo su acontecer y experimentar, todo su ser y valer.
                                                         Karl Kraus. La lengua  1932
 
Ya Goebels organizaba la oficina de prensa y propaganda que marcaría el reinado de Hitler.
El habla de los dirigentes del PP es la gran basura de nuestro tiempo. Pero la frivolidad y banalidad de nuestro tiempo atiende más a las formas que al contenido. Y a veces la imagen oculta el frondoso bosque, putrefacto y corrupto emitido desde los bustos parlantes que lo emiten.
Nos fijamos como representante que mejor encarna la frivolidad y la mentira, la reiteración torticera de los mensajes y las palabras espurias que los llenan, en Dolores de Cospedal, tal vez quién más tiempo aparece en los medios y cuyo rostro se presta a los análisis frívolos cuando no machistas de muchos comentaristas.
En la sociedad de la moda y del espectáculo los figurantes se preocupan más de los aspectos estéticos, de su apariencia física, de las ropas que visten y la gesticulación que ofrecen al público, que de sus palabras, toscas, rituales, tan parcas como falaces y carentes de ideas.
Repetir cuatro o cinco tópicos, mentiras pronunciadas con énfasis para que a fuer de reiteradas parezcan a los más simples verdades. Cospedal es uno de los ejempolos más fehacientes de esta robotización de los políticos. Se compone y recompone estéticamente una y otra vez y a su imagen y semejanza algunos estúpidos y necios cronistas al referirse a ella hablan más de lo guapa que es, el estilo que ofrece, que del contenido de sus intervenciones. No nos extrañaría que terminen extendiéndose más sobre el color y brillo de sus ojos, el vuelo de su melena acompasando el movimiento de sus hombros, la delicadeza y bien ensayada compostura modosa de su cuerpo para ocultar cualquier insinuación del mismo, y su ofrecimiento entre virgen cristiana y criatura provocadora de las desviaciones de algún voyeur más que literario seguidor de las secuencias descritas en sus novelas por el Marqués de Sade. A los escritores e intelectuales -de Valle-Inclán a Picasso, de Artaud a Bacon- debiera surgirles la idea de reflejar en una nueva corte literaria o pictórica los milagros que ofrece la actual representación de los dirigentes del PP. Sus mujeres, tan  ontrastantes, pero también sus hombres, desde la agónica faz y rictus agresivo de Guindos a la evanescencia cómica de Montoro pasando por el ilustre representante de los condes y barones inmortalizados de Transilvania que encarna el Presidente de todos ellos. Porque el tiempo que vivimos es más que para lamentaciones y resignación en el papel de humillados (que ofrecen a los ciudadanos los ofensivos poderes lacayunos que prestan su imagen y sus leyes a los auténticos ocultos magnates del poder real, no virtual, al fin medrosos y vulgares representantes de los señores de la dictadura que gobiernan, no en nombre de la democracia, sino de los llamados mercados del mundo), para que las víctimas mudaran su pasiva piel por la más agresiva de los lobos desesperados que se rebelan contra los opresores y sobre todo para que los intelectuales desempolvaran -quienes, y son mayoría, no lo han hecho- su pensamiento en agresiva rebelión y crítica despiadada artística y filosófica, tan subversiva como imaginativa y creadora.
Esta situación motiva mi reflexión carta que bebe de fuentes de quienes supieron en otros tiempos y circunstancias burlar el poder, revolverse contra él, con interpreteaciones y descalificaciones descarnadas del mismo.
Regresamos a Karl Kraus en su Tercera Noche de Walpurgis.
Lo visto en aquel sueño angustioso de una putrefacción cultural, de pesadilla en negro, blanco y rojo, el fantasma prensante hecho de sangre y papel, torna a surgir hasta alcanzar la vivacidad más letal. La constatación de la existencia de una locura en aquello que se llama fijación de objetivos y que lo hace realidad de manera contundente (...) esa unidad de culpa y mentira, donde el acto recurrente en coartada y el honor en gloria -"¿esto crees tú de mí?" pregunta el autor del crimen y persigue al testigo acusándole de propaganda- : todo ello hace que carezca de esperanza cualquier aproximación del intelecto al problema.
Dolores de Cospedal busca, amparada en su ritualizado rostro, una apariencia que imite la imaginería de las Vírgenes de las pinturas "más piadosas" para ocultar su férrea compostura de tigresa de la política ejercida como dictadura al servicio de la minoría que se lucra de los beneficios producidos por el ejercicio del poder. Su frialdad me recuerda imaginativamente lecturas sobre determinadas SS surgidas en testimonios y novelas que saben adentrarse más allá de la sonrisa en la frialdad de quién ejecuta sin temblor alguno los servicios encomendados. Es la secretaria del PP. Y sus palabras son siempre dentelladas a la educación, sanidad, derechos laborales, buscando al tiempo descalificar a quienes se manifiestan contra ellas; significan la más vergonzosa agresión, desde una información controlada, a los españoles, desde los tiempos del franquismo. Ella es la garganta profunda de un Rajoy que no está dotado para la representación, ni gestual ni de oráculo. Rajoy es su Führer, y la política que reclama es la que antecede al ocaso de cualquier socidad mínimamente democrática. Por eso recurrimos, para finalizar este tema, nuevamente a Kraus y su Tercera noche walpurgiana:
Porque cuanto aquí ha ocurrido se ha plasmado verdaderamente según el plan de hacer retroceder la humanidad -manteniendo, eso si, una maquinaria que tiene culpa en su degeneración -hasta llegar a la situación previa al pecado original, y de reducir la vida del estado, de la economía y de la actividad cultural a la fórmula más simple: la del exterminio; y el escéptico, que alguna vez querría también relajarse, se sabe asimismo incluido en el portento de semejante simpleza. Percibe la injusticia de que el don de esa capacidad para entregarse sólo sea dado a los creyentes y a los convertidos... esos seres dignos de envidia que según el Völkischer Beobechter, al que no se le escapa nada: como nosotros, aprendieron a renunciar a toda la diferenciación del intelecto, para no solamente adorar a un Führer como éste, sino directamente amarlo.

Algo que, añadimos nosotros, no solo le pedía la opinión de un periódico, sino desde su cátedra de Filosofía en Friburgo el Rector tan "ponderado" Heidegger.
Aquí, a falta de filósofos como Heidegger tenemos a comunicadores, opinadores, opinionistas travestis de la izquierda reconvertidos a la feroz ultraderecha que campan a sus anchas por tribunas de televisión, prensa y radio.
Para quienes prefieren no ver cuanto ocurre hoy en España, o ser testigos mudos de su tiempo, diré con Baudrillard que:
La cobardía intelectual se ha convertido en la auténtica disciplina olímpica de nuestro tiempo.

O reflexionaré con Samuel Beckett, cuando recordando al hombre autor del Ulises escribía:
Para Joyce no existía ninguna diferencia entre la caída de una bomba y la caída de una hoja.

jueves, 21 de febrero de 2013

Número 46

CARTA A LOS INTELECTUALES






                              1

NO SEAMOS TESTIGOS MUDOS DEL MAL

Parecen estar de más las palabras. Ser inútiles los razonamientos. Día a día desde los medios de comunicación se nos bombardea con tantos procedimientos técnicos y formas visuales  como argumentos torticeros y palabras engañosas. La capacidad de embaucar a través de la fraudulenta utilización del idioma parece carecer de límites. ¿De qué se habla para que el estrépito y la multiplicación de las noticias anule la facultad de reaccionar? De corrupciones y latrocinios protagonizados por las clases dirigentes: políticos, banqueros, industriales, aristócratas o eclesiásticos. En medio, atosigamiento informativo sobre las otras caras del "progreso": pantallas y papeles se llenan con imágenes de santuarios de lujo donde habitan los pudientes, cuerpos de hombres y mujeres casi artísticos por su cuidado y desarrollo, interminables informaciones sobre la moda y sus desfiles, instrumentos técnicos de última generación: el mundo de la velocidad, la técnica y el technicolor.
Marzo de 1909. Escribe Karl Kraus:
"El progreso es uno de los inventos más ingeniosos que (la humanidad) haya ideado nunca por el mero hecho de que solo se necesita fe para hacerlo funcionar, de tal manera que el juego lo ganan indefectiblemente aquellos representantes del progreso que solicitan un crédito ilimitado".
El léxico que a través de los medios se expande a la población, es lo que solicita: creer en las palabras que desde sus tribunas, ellos, que para eso conforman el poder, predican.
Unos nombres suceden a otros. Unas siglas apedrean a otras siglas para que los ciudadanos comprendan la lógica de la igualdad que sustenta la ética y la razón de ser de esta democracia. PP, PSOE, CIU, Banca, Monarquía, Iglesia, Justicia, poder, oposición: melopea que conduce al aburrimiento, provoca la fatiga y desemboca en el desánimo. No es algo coyuntural. pero la historia abunda en pensamientos que pretendieron transformar la inmunda realidad y denunciaron la opresión y la injusticia. Intelectuales que pagaron hasta con su propia vida el esfuerzo por mantener la ética y la dignidad del pensamiento que aún conducido tantas veces a la hoguera consigue avivar sus cenizas nunca del todo consumidas.
Vivimos un tiempo en que mercaderes y policías imponen la ley de la selva en el desarrollo del progreso y la civilización. España no es sino una charca putrefacta en que se agostan las ideas, naufragan los pensamientos y solamente una minoría de intelectuales exponen sus críticas ante la apatía, el conformismo y la alienación de la mayoría, que prefiere renunciar a su libertad y razón de ser a cambio de recibir el salario del miedo, la impudicia y la vergüenza.
Porque no son cifras aunque éstas hablen de millones. Son personas las víctimas. Una a una tienen nombre, historia. Hace tiempo que para los oligarcas terroristas dejaron de ser seres humanos: se convirtieron en mercancía, para ser utilizada o desechable. Mas para nosotros son, ahora más que nunca, seres humanos. Como los millones de sacrificados en las cámaras de gas y los hornos crematorioa. Como los asesinados en las guerras. Y es por esas personas, que carecen de trabajo, de alimentos, por esos niños a los que arrebatan las escuelas, los cuidados sanitarios, por los que deben unirse los intelectuales, encauzar su protesta ante los inútiles Parlamentos o instituciones similares. Porque vivimos en un nuevo genocidio dulcificado, lento pero persistente y sombrío, suave en las formas pero a la postre igualmente criminal y culpable. Y odiamos las formas con las que se presenta esta situación. Odiamos las sonrisas de conejo de los Montoro de turno o la faz agresiva y prepotente de los Guindos. Tampoco nos gustan los deditos al aire buscando vientos transformadores que él no puede impulsar en los cerrados congresos o sedes de partido de los Rubalcaba, y nos provocan náuseas familias como las de los Pujol que esconden sus ansias dinerarias en chantajes independentistas.
Y es precisa ahondar en la escenificada protesta desbordada por quienes ya en las calles de toda España demandan otra expresiones, lenguajes, gritos y formulaciones reivindicativas más sinceras y sin hipotecas burocráticas y funcionariales de ninguna clase. No más banderas, himnos, canciones, expresiones patrioteras y protestas pactadas con los responsables de la situación que no dejan de ser sino supeditaciones políticas y sociales al capitalismo que se ha adueñado del usufructo y la representación política. Que en nombre de la moral, la ética y la justicia real y no virtual se escuche la voz colectiva de los que tienen algo que decir, Y los que nada tengan que hablar, que callen de una puta vez. Mejor estar solos, con la minoría pensante y libre, que acompañar el chapoteo de los batracios que nadan en las sucias y sanguinolentas aguas de la política y la cultura del mercado. Mejor que nos silencien o insulten como hace el protector de los corruptos con los artistas que no se resignan a pasear su silencio por las alfombras rojas. Que también el dinero que se recibe o la foto que se expone en compañía de los Thysen de turno, o el sometimiento a las reglas que imponen los platós de las televisiones o los mercados de la publicidad acompañando a los genocidas de corbatas, camisa blanca y edulcorados modales, están manchados de sangre y mierda.
Más allá del nihilismo, ¿qué nos queda? Cuando el fascismo y el nazismo devastaban Europa, en aquella noche gélida, profunda, que convirtió en criminales, activos o pasivos a gran parte de sus habitantes, algunos pensadores y creadores buscaban atravesar "la tierra dolorosa de la cizaña incansable, el alimento amargo, y encontrar la antigua y la nueva aurora", (Albert Camus). Anhelaban el resurgimiento de un hombre nuevo que impidiera el crimen como normalidad del progreso.
Porque es preciso continuar regenerando el lenguaje y destruir los catecismos -resignación, obediencia, justicia de Dios, la otra vida, o la clase obrera motor de la revolución, en nombre del proletariado, el paraíso comunista-. La época miserable, a través de la comunicación, ha alargado sus tentáculos y el Dios de los mercados impulsó, compró, a los teóricos que se aliaron con el neoliberalismo. Y el marxismo y el sindicalismo de clase, en parte, no pudieron o supieron o quisieron resistir los grilletes de sus abrazos envenenados.
El hombre rebelde posee, en la España de hoy, más razones que nunca para cargar el fusil de su pensamiento y descargar las balas de sus palabras; ha de intentsr paralizar con su acción las mentiras, las injusticias, y la violencia terrorista de los poderes gobernantes. Mas nos preguntamos: ¿cómo ampliar el número de los hombres rebeldes?
"En la culminación de la tragedia contemporánea entramos en la famiuliaridad del crimen", insiste Camus. Y en España y en Europa -el mundo por extensión- aceptamos y nos resignamos a vivir en la normalidad del "crimen organizado" desde los poderes: económico, político, militar, religioso, comunicacional. Y ya solamente nos resta luchar, morir o, como escribió Kraus tras el acceso de Hitler al poder "en el ocaso del mundo yo quiero vivir retirado en lo privado". Rebelarnos o extinguirnos. Volver a alentar el sueño de una humanidad que camine hacia el futuro o renegar de nosotros mismos. Quién sea capaz de pensar, tener vida racional, ha de comprenderlo. No se mata a Dios con ideas si no se destruyen sus símbolos y representaciones. No se combate la explotación despiadada del capitalismo criminal si no se desintegra a sus guardianes. No se impulsa la revolución si no se convence a quienes dicen representarla de que abandonen su burocratismo, se desenganchen de su pacto funcionarial con el enemigo y se lancen a pecho descubierto a las barricadas donde se realiza el hombre total que preconizaba Carlos Marx. La rebelión no puede pactar con el enemigo ni aceptar las fronteras y condiciones de lucha que este pretende imponer. El diálogo no puede supeditarse a la propaganda y la publicidad mediatizada y dirigida desde el poder. Y el oscurantismo religioso no puede ser sustituido por el oscurantismo bursátil. A la explotación permanente solo puede oponerse el pensamiento y la acción revolucionaria permanente. Dejémonos de catecismos de una y otra índole. Denunciemos con las experiencias históricas recientes las mentiras políticas y la irracionalidad popular que condujeron a las guerras, exterminios y campos de concentración en Alemania, la URSS o Camboya, por significar algunos terribles dramas del siglo XX. La civilización del culto a la técnica como impulsora de la producción y el beneficio condujo al capitalismo salvaje y al socialismo antirevolucionario y de Estado y partido endogámico. El ser humano ha de luchar contra los credos embaucadores, por su auténtica libertad, dignidad, igualdad y futuro. No olvidemos la historia pasada para no repetirla en las décadas presentes. Como escribe Camus:
"Una innoble y cruel potencia reina en este mundo en el que solo las piedras son inocentes. Los condenados se ven obligados a ahorcarse los unos a los otros"
Los gobernantes de la España de 2013 solo sienten desprecio por el pueblo sometido a sus dictados. Es el desprecio de los ignorantes y criminales nazis que al ser derrotados se limitaban a aducir: no hemos hecho sino cumplir con nuestro deber y ejecutar las órdenes recibidas. Seres primitivos -posteriormente me referiré a uno de los tipos humanos que mejor ejemplifican esta perversa inocencia, María Dolores de Cospedal- que necesitan refugiarse también en su Dios y que confiesan su fe en los preceptos religiosos y bursátiles con la misma estulticia con la que los curas predican el catecismo. Su consigna a los ciudadanos es que sean crédulos, que obedezcan, sean fieles súbditos, que todo se hace por su bien y por España. Lo que no es obstáculo para que ante quienes protestan no duden en crear leyes cada vez más punitivas y aumentar el número de policías que se conviertan en disciplinados y feroces, si es necesario, soldados del Señor (Dios o el Mercado).
Así los sueños de la razón van desembocando en estados cada vez más terroristas. Y contra ellos necesitamos intelectuales terroristas que combatan sin desmayo tanto a la religión embaucadora como a las leyes impulsadas por los gobernantes del dinero, y que se rebelen al tiempo contra el arte y la literatura sojuzgados por los mercados y la filosofía y la educación al servicio de los gendarmes del sistema político financiero imperante.
Saint Just escribió antes de ser devorado, asesinado por la revolución que había contribuido a impulsar:
"La revolución está helada, todos los principios se han debilitado, solo quedan birretes movidos por la intriga. El ejercicio del terror ha embotado al crimen como los licores fuertes embotan al paladar"
Y con las palabras de Saint Just que recoge Camus terminamos esta primera reflexión ofrecida a los compañeros del pensamiento y la literatura:
"La moral es más fuerte que los tiranos(...) Sería abandonar poca cosa una vida en la que habría de ser el cómplice o el testigo mudo del mal"
 

jueves, 7 de febrero de 2013

Número 45

INDICE

Cuidado con la información.
Cuidado con las manifestaciones.
Las mil y una Asambleas.

CUIDADO CON LA INFORMACIÓN
Cuando se satura la misma, se vuelve inoperante. El bosque no deja ver el árbol. Cada día y a todas las horas del día, surgen nombres: corrupciones, latrocinios. El receptor de las noticias se marea, desconfía. Primero tiende a extender la mancha de aceite o gasolina hasta que éstos dejan de ser corrosivos y solo se habla de la mancha, lo abstracto, la consecuencia, olvidando lo concreto, quienes vertieron lo que provocó la putrefacción denunciada. Y al fin termina olvidando o restando importancia a los causantes del desastre. Volvamos al bosque podrido. Empecemos por el árbol  más cercano. Cortémosle de raíz. No busquemos sus parentescos. Prosigamos la cirugía con el siguiente. ¿PP,PSOE,CIU?  No importa. Y no hagamos caso de las palabras de quienes, señalados, contraatacan con sus falsas informaciones, desviando la realidad que les señala, diluyendo su culpabilidad en la culpa de otros, intentando confundir con retóricos razonamientos que alejen la raíz del problema real, su propia, auténtica culpabilidad. Mienten. Es su oficio. Están para eso, cobran por mentir, engañar a los votantes. El problema es como uno a uno deben ser apartados de la tierra que contaminan. No es periodismo de investigación el que se realiza normalmente. Y no hablemos de la algarabía de las tertulias. Pretenden confundir. manipular, para que todo sea ocultado por el paso del tiempo. Debe tomarse cada caso en concreto, atosigarlo, asfixiarlo con datos, denuncias, hasta que no pueda resistir más el inculpado y se vea abocado a la desesperación.
 
Cuidado con las manifestaciones.
 
Llevan razón los jóvenes airados que gritan, increpan a los ladrones, a los terroristas de cuello blanco. Pero su lucha es difícil, desigual. Y el enemigo lo sabe. Por eso les acosa: con el miedo, con el cansancio. Se congregan a través de las redes sociales. Contra ellos se movilizan decenas de policías, helicópteros, el silencio cómplice cuando no los ataques de muchos medios de incomunicación. Van agotando sus fuerzas. Viendo como día tras día disminuyen los asistentes, cansados, perseguidos, sin encontrar nuevos apoyos. También debieran estudiar como diversificar esta estrategia de protesta para impedir que sobre ellos, concentrados en horas y lugar determinados, actúen las fuerzas represivas. Multiplicar la acción en esenarios distintos es un elemento más perturbador que provocar el limitado y desigual cuerpo a cuerpo. España y los países del sur de Europa conforman modernos campos de concentración. Y en ellos cada día resulta más difícil salir adelante, con la comida, con el habitáculo, con no quedar al margen de la sanidad, de la educación. Y se piensa que lo único que cuenta es sobrevivir. Y por eso silencian su protesta gran parte de los ciudadanos: empeñados en sobrevivir, al precio que sea, soportando lo que sea. No es el camino. Los criminales sonríen, esbozan su meliflua sonrisa ante sus problemas, o se dan golpes de pecho farisaicos: no somos nosotros los malos, vienen a decir, son las circunstancias, ya sabéis, los mercados. Nos obligan a actuar así. ¿Qué hacer contra estos desalmados? Articular el grito no resulta fácil, sobre todo cuando la burocracia quiene mantener la entelequia del estado democrático. Pero no olvidemos que los votos también llevaron a Hitler al poder.

Las mil y una Asambleas

O se abren todas las callez a la ira, o el sacrificio de la lucha se cebará con unos pocos, los mejores, los más desprendidos, los que solo tienen que perder las cadenas invisibles que les unen al yugo férreo y siniestro del capitalismo neofascista. Comprendemos que éste es poderoso. Se ampara en grandes instituciones. Desde la monarquía a la Iglesia, desde los banqueros a las cúpulas de los partidos oficialistas. desenmascarar al enemigo también es necesario para que un día se abran las grandes alamedas que acosen a los Dictadores. Porque la Dictadura Democrática sirve a los mismos poderes corruptos que los que instalan los Pinochet de turno, aunque éstos guarden más las formas y no caígan en las crueles y corrosivas medidas de los otros. No basta la voz aislada para contener la ola de los comprometidos con la explotación. Debe denunciarse a quienes se ponen al lado de ella, o guardan silencio ante su avance. No queremos un país de ciegos, mudos y sordos. El día en que el Parlamento se vea asediado no por unos centenares de manifestantes sino por mil y una Asambleas pacíficas, en fábricas, universidades, plazas públicas, y propugnen otra forma de combatir "!la burocracia del mal", se estarán sentando las bases para vencer al sistema corrompido, corrupto y corruptor que está llevando a la parálisis a la mayor parte de los ciudadanos de este país. Todo ha de debatirse en las tribunas públicas. Todos los temas que atañen a los auténticos problemas de las gentes. No de banderas, himnos, héroes, glorias pasadas, fronteras, cuotas de poder, sino del trabajo y sus condiciones, de los derechos de los trabajadores, de la sanidad pública y la educación igualitaria, de recortar el poder y la proliferación de los bancos, de su control público, de la gestión de las empresas, de la contaminación y su necesaria contención, de la paz y de la guerra, del papel del Ejército en un estado pacífico, de la tortura, de los límites que han de imponerse a los policías y fuerzas públicas, de la organización de la justicia y su funcionamiento, de las leyes y su reordenamiento, de la necesidad, estructura, funcionamiento, control democrático de los partidos políticos, del sistema electoral, y la mejor representación de los ciudadanos, de las asambleas populares y su influencia y desarrollo en la estructura del propio Estado parlamentario, de la cultura libre e igualitaria, de los medios de comunicación y su desvinculamiiento de las multinacionales, de la gestión informativa y de la dimensión de la cultura del ocio no programada desde la publicidad y el mercado... Podríamos seguir enumerando mil y un temas. Pero solo las mil y una necesarias asambleas pueden articularlos, estudiarlos, y comenzar a darles respuestas. Impulsar la utopía no es luchar por lo imposible, sino hacer imposible el asentamiento definitivo del mal en nuestra sociedad: que éste tiene un nombre: capitalismo neofascista, que en este momento está avasallando, destruyendo la civilización y contralel que únicamente NO cabe la pasividad.

viernes, 11 de enero de 2013

Número 44

2 0 1 3  C R E O  E N  L A  I R A

En su último y estremecedor poemario, Canción errónea, Antonio Gamoneda

escribe al final del mismo:

Creo en la ira

Y en mi trabajo sobre el libro que publiqué en el número 129 de República de las Letras,

concluía mi texto anotando tras el poético y callado grito de Gamoneda:

Y decimos mirando a nuestro alrededor:

¡Que así sea!

2013. Basta de ritos, celebraciones, luces, goles, coches, pascuas, loterías, sonrisas festivas e hipócritas. Articulemos la ira. La ira contra esa minoría que detenta el poder en España y que con un lenguaje tan repulsivo como mendaz predica resignación mientras agudiza su presión esclavizadora sobre la mayor parte de la población, y arrasa con los avances conseguidos tras decenas de años de lucha en temas como la sanidad, la educación, la erradicación de la extrema pobreza.

Vivimos en un mundo cada vez menos humano y la palabra que se escribe y pronuncia se convierte de inmediato en basura, algo peor que la más hedionda de las hediondas mentiras: es la más repugnante pieza escrita en el más repulsivo de los urinarios imaginables.

Recordemos a Julio Cortázar: "el mundo está saltando en pedazos cada mañana y nosotros aún nos encerramos en nuestros pequeños problemas de celos, familia, triángulos". Ni eso siquiera: la más sufriente población se encierra con los asquerosos programas de chismorreo en la basura de la tele.

O pensemos en Kafka viendo como cada mañana uno de nuestros familiares, convecinos, ciudadanos conocido o no, amanece convertido en un insecto y ante su presencia continuamos rutinariamente en la indiferencia o la resignación.

Articulemos la ira contra esos cientos de miles de personas, terroristas que imponen sus leyes para que sus latrocinios (beneficios llaman) crezcan y les hagan cada vez más ricos y poderosos, es decir execrables, deleznables.

Articulemos la ira contra el lenguaje que nos obligan a escuchar o leer, y algo más grave, que miméticamente reproducen los ciudadanos en sus conversaciones públicas o privadas, o en sus opiniones, haciéndolo suyo. Al vestir la piel de los mal hablados, de los corruptores, depredadores, destructores de las palabras y los conceptos, se convierten ellos mismos en mudos y fieles servidores de la estulticia y la perversión a que los someten.

El lenguaje de los gobernantes, de los que dicen ejercer la oposición, de gran parte de los periodistas, de los necios tertulianos que vomitan su fraseología vacua todos los días en los medios de comunicación, de esos escritores y escritoras que sueltan su banal y conformista charla en las entrevistas que les hacen por haber convertido su literatura en chatarra mercantil publicitaria.

¡Ah del lenguaje! ¿Quién nos responde hoy día de él? Casi cien años años han transcurrido desde que nuestro fustigador Karl Kraus escribiera: "El habla y la escritura de hoy en día, incluidos los de los expertos, han convertido, como quintaesencia de una decisión frívola, el lenguaje en basura de una época que extrae del periodismo todo su acontecer y experimentar, todo su ser y valer. La duda, ese canto que el gran don moral que el hombre podría agradecer al lenguaje y que hasta ahora ha despreciado, sería la inhibición salvadora en un progreso que conduce con absoluta seguridad al final de la civilización a la que cree servir".

Articulemos igualmente la ira contra quienes rinden pleitesía a los mercaderes y mercachifles a los banqueros y ministros, a quienes se convierten en sus lacayos y operan sobre la población cada vez más esclavizada y convertida en laboriosas y ciegas hormigas.

Extendamos la ira a los millones de ciudadanos apagados, resignados, embrutecidos, para que ante su estallido despierten de su alienación y se pongan en movimiento desbordando los diques que pretenden al tiempo que marginarles contenerlos. Veinte, diez, varios.millones de ciudadanos desencadenando su ira en todas las calles de España no podrían ser ni frenados ni reprimidos. Del Rey abajo ninguno, se escribió siglos atrás. Del rey abajo, cortesanos de toda índole, deben ser desbordados por la ira de la protesta. La miseria de la Corte de los Milagros del Siglo XXI necesita ser vampirizada hasta su disolución esperpéntica final.

Ira, ira contra quienes mantienen esta selvática sociedad y contra los que callan ante su explosión cada día más salvaje y cruel, contra los que ordenan las leyes y contra quienes las acatan en silencio, contra los corruptos y los que se dejan corromper.

2013. Creo en la ira. Y, o nos salva la ira, o regresamos al silencio de los esclavos vestidos con algo que llaman democracia.

 

Colaboración. Francisco Vélez Nieto.

 

Durán i Lleida y los andaluces.

¡OJÚ QUE FRÍO, LOS ANDALUCES!

 

Dad todo el poder al hombre más virtuoso que exista, pronto le veréis cambiar de actitud.

Herodoto

 

Siendo niño, en mi pueblo, gravé en la memoria un cante por caracoles que cantaba con sentimiento y voz fina pidiendo paso El Niño de la Huerta: "Por la calle de Alcalá suben y bajan / los andaluces, los andaluces / Como relucen, cuando suben y bajan / por la calle de

Alcalá, los andaluces". Ya por los años mozos, emigrante en Alemania, por esto de amar la poesía, conocí el poema de José Hierro "Los andaluces": "En dónde habrían dejado /sus jacas, en dónde habrían / dejado su sol, su vino, / sus olivos, sus salinas. / En dónde habrían dejado / su odio... Parecían hechos / de indiferencia, pobreza, / latigazo...Ojú qué frío"

¿Qué edad tendría este revolucionario catalán cristiano de devoción llamado Durán i Lleida cuando Pepe Hierro escribió este poema? Cuando los andaluces, "Ojú qué frío", llegaban apiñados con su maleta de madera de tercera en tercera, como cama, como mesa, como asiento, a trabajar de sol a sol y fiestas de guardar en Cataluña.

Tan taciturnos, tan altivos desde su pobreza de "En mi jambre mando yo", los andaluces, estos que desde Cádiz para situar a América, solamente tienen que decir: "Allí, pasando el charco".

Y es que el mundo para un buen andaluz es un pañuelo. Lo contrario que este catalanista de aldea, que pretende comerse a dios por los pies y a todos los andaluces sacarlos de las tabernas para meterles la lengua catalana a insultos. Parece mentira, una lengua tan bella, tan rica en literatura y poesía, que este nacionalista de aldea quiera implantar a golpe de insultos. Como si no hubiéramos tenido bastante los catalanes y los andaluces con Franquito y la Santa Iglesia de Roma protegiendo a tanto asesino. A aquella gente, que hasta cuando soldados involuntarios nos predicaba con cólera el cura castrense, que el catalán era un dialecto.

Me lo pregunto desde esta tierra mía, advirtiendo al lector que no soy ni andalucista y mucho menos nacionalista, porque ni nací pinturero ni conservador ultramontano, solamente andaluz y me basta. Me pregunto, digo, si Durán i Lleida y su revolución pendiente, tan lejos del

Homenaje a Cataluña, habrá leído el poema de Pepe Hierro, si habrá paseado alguna vez por un olivar cuando el frío hincha las manos que sangran cogiendo aceitunas. Y todavía quedan ganas de cantar: "Ojú, qué frío". Los andaluces. Y cuando han pasado varias generaciones para recordar su tierra, montan una Feria de Sevilla en Barcelona que visita un millón de criaturas. Y parece que van solos ondeando un pañuelo con un fragmento de su honda y vieja cultura. Feria de Sevilla, fiesta grande que inventaron un catalán y un vasco. Llevan el ritmo de las palmas, nada de fusiles y decretos de leyes dudosas. Y cantan y bailan porque parecen que están solos. Sus fronteras las llevan en el alma, lo demás es todo campo y cielo; que todo lo que hay en España es de los españoles. Dicen otros.

En tiempos difíciles y canallas, he aplaudido en los domingos de sol la sardana bailada en el

Retiro de Madrid. He presentado en Europa a cantantes catalanes. Le hemos puesto una calle a Vázquez Montalbán en la Feria del Libro de Sevilla de 2004 y premiado al presidente de la Asociación de Libreros de Barcelona con una placa de plata pura, más mesa, mantel y cama de matrimonio: "Ojú, qué frío... Los andaluces". No lo digo para que nos imite el inmaculado nacionalista Lleida. Lo escribo para advertirle a ese señor que no nos va a cambiar ni la madre que nos parió. Y es que cada uno es de su padre y de su madre.

Nosotros los andaluces somos un pueblo viejo y abierto, somos tan blancos como la Reina de Inglaterra, con muchas civilizaciones llegadas desde fuera, todas bien acogidas. Nos molesta y nos resulta indiferente la palabra frontera. En cambio, la hospitalidad está en el pentagrama de nuestra copla popular. ¡Viva Cataluña sin ladrones!

 

miércoles, 2 de enero de 2013

Número 43

PASCUAS. RITOS. ALIENACIÓN. ¿Y DESPUÉS?
Primer Manifiesto del año 2013.

En sus Carnets, marzo de 1942, escribe Albert Camus:
"Somos el resultado de veinte siglos de imaginería cristiana. Desde hace 2.000 años se presenta al hombre una imagen humillada de si mismo. El resultado está a la vista. En todo caso, ¿quién podría decir lo que seríamos si hubiera perseverado en estos veinte siglos el antiguo ideal clásico, con su bella figura humana?"
Hoy todos os felicitan las Pascuas. Mañana volverán a hablaros de la crisis y la necesidad -perdonad que vomite mientras escribo palabras pronunciadas por repugnantes personajes- de "apretarse el cinturón" y aceptar sacrificios para resolver los problemas del bla,bla,bla.
Ni resignación cristiana ni escucha de proclamas burocráticas políticas. Todos mienten. Solo piensan en sus intereses personales. En conservar o alcanzar las distintas formas de poder, único fin de su ideología. Mantener sus prebendas, sus escaños de la democracia virtual, creerse importantes porque salen en televisión, orgullosos de "mandar", que si no gobiernan hoy sobre todos, gobernarán mañana, y mientras eso llega, al menos "gobiernan a los suyos".
La imaginación revolucionaria es más importante y necesaria que nunca. Y son los jóvenes violentos y airados y que conservan todavía la capacidad de pensar, quienes pueden empujar a los trabajadores -la mayor parte de los ciudadanos- y a quienes carecen de trabajo, a una contestación no tibia, pasiva, sumisa al fin, sino violenta y revolucionaria. Que comienza con la denuncia de quienes predican el conformismo, la pasividad, la resignación. O de quienes únicamente imponen las ordenadas manifestaciones que comienzan tocando el pito y acaban con las porras o en caso de simbólicas huelgas con el descuento de las cada vez más enflaquecidas nóminas. Pero que justifican a quienes cumplen así su función opositora al tiempo que contribuyen a mantener el orden impuesto por los poderes que les pagan. Sería preciso que ni uno solo de esos políticos o dirigentes sindicales cobrara un solo euro de los explotadores del sistema en el que cohabitan, para creer en ellos, para que pudieran convertirse en auténtica oposición al devorador capitalismo impuesto en el llamado mercado europeo. O que si les mantienen no acepten sus reglas y las desafiaran con violencia semejante a la que ellos imponen a través de sus sicarios, policías, medios de comunicación, leyes o preceptos religiosos.
Ese homúnculo propio del siglo XXI que aparece como máximo gobernante de la llamada Comunidad de Madrid, dice que debe limitarse -supongo quiere decir terminarse- con el derecho a la huelga. Mientras busca convertir Madrid en el Chicago años 20. Que lo haga y consiga. Para que el viento devastador cree el auténtico tsunami que necesita la contestación política y revolucionaria en nuestros días. Que se rompan las falsas normas de conducta de quienes lo único que añoran es el orden imperante en gran parte de Europa al final de los años 30. Vayamos al caos, a ver si así los gritos no se detienen en las esquinas en que pretenden confinarlos.
Los representantes de los partidos políticos escenifican la comedia del poder y la oposición -Rajoy Rubalcaba a la cabeza- para luego, en saraos y escenarios abiertos a los decorados de la farsa democrática, abrazarse entre si. Cuando el primer mandamiento de quién piensa de manera distinta al del terrorista manipulador de las conciencias, al corruptor de la vida social y cultural de nuestros días, es el de escupir en la estela que a su paso vaya dejando.
El silencio del intelectual, que hoy solo parece sentirse realizado si aparece en las fiestas de la cultura espectáculo, de la cultura mercancía, de la cultura fiesta del mal gusto y la degradación estética imperante, al lado de maleantes o criminales que dicen patrocinar el arte, o colocado como un pelele en un rincón  de cualquiera de los grandes almacenes que le ofrecen un día de éxito para que firme sus obras a los humanos víctimas de la publicidad y debilidad de su pensamiento. Todos han de ser igualmente denunciados. Los discursos de Reyes, Presidentes de Gobiernos, Generalitates, Papas y demás ralea "honorable" debieran arrojarse a los cubos de la más putrefacta basura sin comentario alguno. Traidores denunciables ante la historia, la libertad, o el pensamiento son tanto el Premio Nóbel de Literatura como el máximo responsable gubernamental español, catalán, yanqui o iraní, y sobre todo, esos tíos o tías que nos cercan día tras día con su presencia y jerga tan nociva como incomprensible y que se enmarcan en letreros que hablan de comisiones europeas, fondos monetarios internacionales, organizaciones bancarias y demás engañifas en las que esconden sus latrocinios.
Suprema maestra ha sido durante veinte siglos la Santa Madre Iglesia en el arte del engaño para salvarguardar su poder y sus intereses económicos. Ahora, cuando pasen sus fiestas, las "felices fiestas" y demás zarandajas estúpidas solo dejarán otra vez la melopea de los lamentos y súplicas a quienes se quejan de su suerte y de las constantes malas noticias que les envuelven. Y la única defensa que le resta a quién no desee ser sacrificado lentamente, día a día, hasta el sacrificio final, es la de atacar, unir su protesta no mediatizada a la de la mayoría sujeta a su condena para hacer imposible la vida y el negocio a sus explotadores, no olvidando que si en los Guindos o Ratos se escenifica parte de la culpa de sus sufrimientos, esos otros personajillos a los que nos hemos referido, como el director de cualquier periódico de los que no tienen más remedio que leer porque para eso les pagan quienes impiden exista otra manera de informar y opinar, arrastra igualmente idéntica responsabilidad en la "banalidad del mal" que nos consume.

Cerremos con Albert Camus este breve Manifiesto piadoso:
Lo que reprocho al cristianismo es que sea una doctrina de la injusticia.
Y a ver si algún día no necesitamos de las Felices Pascuas para no ser un momento felices, sino que creamos la sociedad del culto al placer y la libertad ajena a dominadores y dominados, explotadores y explotados, y somos felices cuando nos de la gana y no cuando lo programen para instaurar el resto del tiempo el dominio de la infelicidad.

La Linterna del S. XXI