sábado, 18 de marzo de 2017

126


LOS POLÍTICOS Y EL PUEBLO O LA GENTE.
 
 
EL PUEBLO Y LOS NACIONALISMOS.
 
 
 
Se presenten como de derechas, izquierdas, liberales. Actúen preparando elecciones de cualquier índole, o ya instalados en el Gobierno o la oposición. Hablen de lo que van a hacer o de lo que están realizando en su gestión. A todos les une una muletilla idéntica: cuanto llevan a cabo, crean o efectuarán si en ellos confían es en nombre o por mandato del pueblo o de la gente. No solo se identifican con él: ellos son sus delegados. "El pueblo soy yo"·. Ya no es el rey quién así habla y se justifica en sus actos: ahora es la democracia. Y si los representados o sus partidos son corruptos, no importa, parte sustancial del pueblo les vota o aclama. Y lo mismo ocurre si se trata de un futbolista de fama o de alguien del espectáculo. Porque, insisten, quienes les acusan "no son el pueblo o la gente".
Y ahora ya no necesitan organizarlos en las barriadas, aldeas o ciudades, o montar reuniones con "ese pueblo" o "esa gente": basta dirigirles uno a uno mensajes de no más de tres líneas, con repetitivas e insustanciales frases, eslóganes, calificaciones o descalificaciones de "los otros", tan simples como machaconas, para que así se eliminen los razonamientos, el diálogo, las controversias, que ellos dirigirán a su vez a otros y los medios de comunicación los exhibirán como el sentir de los ciudadanos, aunque intervengan apenas una decena de ellos, pero que hacen creer representan la voluntad del pueblo o de las gentes. Son los nuevos catecismos, como el Ripalda: solamente demandan confirmación, que digan: sí maestro, que el pueblo y la gente, aunque conformen una minoría, se muestren como un eco de sus palabras, voceros de lo que se insufla con sus dogmas, coros que las repiten donde sea, del bar a la plaza pública y siempre con el apoyo de los medios de comunicación.
Y así "ellos", los que van a hablar en su nombre, pueden desarrollar su fuerza y su mandato en las superestructuras de su poder, aunque éste sea autárquico, dictatorial -pero siempre en la sociedad denominada democrática-, represivo o mero espectáculo, porque para algo han conseguido el mandato del pueblo o la gente que delega su poder en ellos, por muy autoritario o corrupto que sea. De Hitler a Stalin, del representante del liberalismo o la socialdemocracia o el fascismo a Trump.  Porque fueron los votos y las aclamaciones de la mayor parte del pueblo o la gente, de la que todos hablan y a la que todos representan, quienes les llevó al poder.
Y uno piensa en un  simple poeta que era pensador y hombre bueno, Antonio Machado, cuando hablaba de que no le hablaran en nombre del pueblo, sino de personas que tenían nombre, a las que podían dirigirse, una a una y no como si fueran un simple rebaño de ovejas, esa masa que tan profundamente analizó Elias Canetti. Porque la libertad solo puede residir en la diferencia, no en el aplauso mimético, en el diálogo que presupone escuchar y aceptar para discutir al que piensa de manera distinta a la nuestra, en la particularidad de cada una de las personas que habla a través de pensamientos y no de eslóganes.
Mas volvamos a esa perversa utilización del pueblo, o la gente, con la que se llenan la boca día tras día y mitin o conversación constante los políticos que dicen representarle, y lo vamos a hacer con otro poeta, que fuera secretario de la Academia sueca y los premios Nobeles, Artur Lundkvist:
 
El que con mayor grandiosidad habla del pueblo,
quiere utilizarlo para sus propios fines.
El que se hunde en las profundidades del pueblo,
quiere evitar sus propias responsabilidades.
El que se emborracha con el pueblo,
convierte al pueblo en alcohol.
Para el que comercia en nombre del pueblo,
el pueblo se convierte en un mercado.
Para el que apela a la libre voluntad del pueblo,
el pueblo es una oveja en un redil.
Para el que adula la inteligencia del pueblo,
el pueblo es ciego y mudo.
 
No ignoro que escribir contra corriente es molesto. Mas yo soy de los que piensan como Norberto Bobbio, y considera que no podemos escribir, pensar, por mucho que combatamos a la derecha y la ultraderecha, sin ser críticos, reflexivos, exponer nuestras dudas y negar los catecismos y los dogmas, y que el pensamiento y la razón crítica en la construcción de la libertad son necesarios para alentar auténticos procesos revolucionarios y no meros conformismos por las ansias de poder que termina siendo devorado por el gran poder del autoritarismo.
 
También podríamos referirnos al pueblo y los "nacionalismos" y en la Cataluña inmersa en años de corrupción y nepotismo capitalista, encontramos un referente. En nombre del nacionalismo y alentando al pueblo a que solo piense en banderas, himnos y falsas independencias -que denuncian la de España, pero no de los Estados Unidos, el neocapitalismo y demás poderes nacionalistas e imperialistas a los que son serviles-, a la par que esconden su única razón: que el pueblo les delegue poder para seguir conformando las tramas de dominio corrupto y explotación capitalista y pobreza cultural alentada por endogamias frente a multiculturalismos. Y dónde terminan estos falsos nacionalismos podrían reflejarse en las actuaciones de las España, Francia,  Inglaterra, Bélgica, por poner unos ejemplos, imperiales, las guerras mundiales, los regímenes amparados por dictadores en Alemania, Italia, España o la Rusia de Stalin, o Rumanía, Camboya, etc. las autarquías que se valen de las religiones, los inmensos genocidios de los pueblos débiles, y la cultura unidimensional y destructora del pensamiento que con las nuevas técnicas y utilización partidista de las ciencias están destruyendo la humanidad. Porque los nacionalismos -no hablamos de  las luchas de liberación nacional, de las rebeliones de los pueblos oprimidos para recuperar su libertad frente a los opresores que buscan sus riquezas y la esclavitud de sus ciudadanos-- son aberraciones de un puñado de depredadores que aspiran al poder, escudándose en símbolos que para algunos de nosotros se tornan irracionales, porque odiamos las fronteras y creemos en la multiculturalidad, y que se envuelven en demasiados aspectos en xenofobias y discriminaciones al ampararse en conceptos integristas, sean raciales, religiosos o territoriales.
Al fin siempre llegamos a lo mismo: el pueblo, la gente, esquilmados y alienados por quienes hablan en su nombre.
 
 

lunes, 27 de febrero de 2017

125


CARTA A FÁTIMA BÁÑEZ,  MÉNDEZ DE VIGO, RAJOY (entre otros).

 
¿TERRORISMO CONTRA LA CULTURA?
 
Copio el primer párrafo de la carta del Ministerio de Empleo y Seguridad Social que recibo:
 
El Sistema de Seguridad Social, según lo dispuesto en la Ley de Presupuestos Generales del Estado, garantiza un complemento de mínimos a las personas cuya pensión no alcance la cuantía mínima establecida anualmente. El reconocimiento y conservación de este derecho, requiere que los ingresos del pensionista, distintos de la pensión, no sean superiores a los límites previstos en dicha norma, 7.063 euros en el año 2013.
 
Es decir no se puede ganar más de 580 euros mensuales para  completar la pensión que en mi caso era de 229 euros al mes más los 338 del complemento de mínimos.
 
Y me sancionan porque dos años atrás, yo cobré 4.691 euros anuales al margen de la pensión, equivalentes a 390 euros mensuales.
Esos 4691 euros del año eran por los "daños colaterales" de ser escritor jubilado y recibirlos por derechos de autor, conferencias o jurado de premios literarios.
 
Y en febrero de 2017 me confirman por expediente, que de mi pensión global de 637 euros mensuales (cantidad que se debe considerar abusiva para que un escritor sobreviva mensualmente, y ciertamente en relación a otros miles de ciudadanos indigentes que les preocupan menos lo es), me van a deducir 441 euros mensuales, con lo que a partir de ahora y en años subsiguientes cobraré -ya afortunadamente incrementada mi pensión por esa revalorización del 0,25% que generosamente ha establecido el Gobierno en 2017) la suma de 196 euros mensuales. Y a vivir con esa cantidad. Y que deje de escribir y cobrar derechos de autor, por mínimos que sean, si no deseo que ya que no pueden quitarme mucho más, me quede el recurso de la cárcel  -aunque no sé si está establecida para estos casos-.  Y así llevo penalizado desde que el ilustre Rajoy y su fiel sonrisa y benefactora de los trabajadores, Fátima Báñez, llegaron al poder.
 
Claro, uno no tiene pisos, ni suyo ni por los que cobrar rentas, ni acciones, ni cuentas bancarias, ni depósitos en el extranjero, ni tierras, herencias, negocios u otros bienes declarados o no declarados, que eso no afecta a las pensiones ni tan siquiera una bicicleta que vender. Libros sí: más de 10.000, pero ¿importa eso hoy en día a alguien, tienen ya algún valor para el mercado?.
Solo le restan algunos amigos que le ayudan para no convertirse en un insecto kafkiano.
 
Mi caso, como escritor, no es el único: gentes de cine, teatro, otras actividades artísticas, también sufren este acoso a los creadores.
 
¿Es acoso o es terrorismo contra la cultura?
 
Que cada cual juzgue. Pero soy un desagradecido. Más de 60 libros publicados -dos el último año, que todos los creyentes me socorran antes de que me llegue la próxima carta de penalización de nuestras sacrosantas autoridades-, miles de artículos y conferencias publicados e impartidas a lo largo de mis excesivos años, y vengo a quejarme el mismo día en que el generoso Estado español me ingresa para que pueda vivir el mes que viene 196,20 euros.
 
Mejor no ver o leer los medios de comunicación que nos dicen las decenas o centenas de miles de euros que cobran banqueros o ex banqueros, empresarios, aristócratas, políticos jubilados etc.  Porque ellos crearon el estado de bienestar de España, mientras que algunos creadores se o nos dedicábamos a ponerlo en solfa. Y que no se lo digan a quienes no reciben esos 196 euros mensuales de ayuda.
Monarquía, Iglesia, capitalismo: pilares de la gran España que también cuenta con apoyos en la "cultura del mercado y la publicidad", que, lejos de la individual creación literaria, de pensamiento o artística, les proporciona igualmente pingües beneficios.

jueves, 9 de febrero de 2017

124


ESPAÑA  2017. CON CITAS DE HERBERT MARCUSE.

 

                                                                        

 

El propio desarrollo capitalista ha alterado la estructura y la función de la burguesía y del proletariado de tal modo que ya no parecen ser agentes de la transformación histórica.

 

Esta realidad la confirman los actuales partidos políticos. Prefieren hablar de “los de arriba y los de abajo”, “la gente”, “los viejos y jóvenes”, “la transversalidad” y otras nominaciones, en vez de analizar los fundamentos que explican y justifican el poder del neo capitalismo: un partido dominante, y una clase explotada que se subdivide en varios estratos, y a través de los medios de información y la sociedad de consumo, aceptan – en sus formaciones burocráticas, no en miles de ciudadanos- las leyes que les imponen. Alienados y conformistas y con una cada vez más amplia clase inferior, depauperada y que conforma una semiesclavitud en el siglo XXI.

 

No solo una forma específica de gobierno o gobierno de partido hace posible el totalitarismo, sino también un sistema específico de producción y distribución que pueden ser muy bien compatibles con un “pluralismo de partidos, periódicos, poderes comunitarios” etc. Mientras más capaces sean los gobernantes de repartir los bienes de consumo, más firmemente estará ligada la población a las diversas burocracias gobernantes.

 

He ahí la inteligencia del capitalismo y del imperialismo. Para ello conformó la actual democracia. E impidió que los explotados, en el trabajo, en las formas de vida –vivienda, educación, sanidad, etc.- formaran un bloque combativo contra la minaría dominante –banca, iglesia, monopolios informativos y culturales, ejército y terrorismos represivos-.

Hemos de recuperar las palabras auténticas, no tener miedo a los conceptos revolucionarios, si queremos analizar la realidad política, social y cultural del mundo en que vivimos.

En vez de respetar los medios de comunicación, las costumbres tradicionales y reaccionarias –del poder de la religión a la justicia- crear otros procedimientos críticos, no políticamente correctos, antisistemas, e intentar impulsarlos de todas las formas posibles. Pero eso supone renunciar al orden sacrosanto impuesto por los partidos y sindicatos manipulados por el poder, al concepto de una izquierda que se entregó con armas y bagajes al mismo, a costa de que la sustentaran y eternizaran burocráticamente.

 

La gente se reconoce en sus mercancías, encuentran su alma en su automóvil, en su aparato de alta fidelidad, su casa, su equipo de cocina.

 

Y sobre todo en su TV y en su conexión a las redes sociales, a la comunicación por Internet o en su móvil y sus tabletas.

Imaginemos por un momento que precintaran y desaparecieran todos los automóviles, televisores y tabletas y móviles de un pueblo o ciudad. Para sus habitantes sería peor que si los dejaran ciegos y sordos. Andarían como sonámbulos por las calles, perderían el equilibrio, se mesarían los cabellos, se morirían de tristeza, odiarían las palabras que pudieran dirigirles, los razonamientos para ordenar unas nuevas formas de vida, porque ya no quieren escuchar palabras que les hagan pensar, solo desean consumir imágenes, publicidad que les guíe. Y tal vez iniciaran, al fin, una revolución, aunque sus fines no fueran destruir la explotación capitalista de que eran víctimas, sino recuperar su condición de explotados por ella.

 

 

La expansión que salva el sistema, o al menos lo fortalece, no puede ser detenida más que por medio de un contra movimiento internacional y global. Por todas partes se manifiesta la interpretación global: la solidaridad permanece como el factor decisivo, también aquí Marx tiene razón. Y es esta solidaridad la que ha sido quebrada por la productividad integradora del capitalismo y por el poder absoluto de su máquina de propaganda, de publicidad y de administración. Es preciso despertar y organizar la solidaridad en tanto que necesidad biológica de mantenerse unidos contra la brutalidad y la explotación inhumanas. Esta es la tarea. Comienza con la educación de la conciencia, el saber, la observación y el sentimiento que aprehende lo que sucede: el crimen contra la humanidad. La justificación del trabajo intelectual reside en esta tarea, y hoy el trabajo intelectual necesita ser justificado.

 

Difícilmente podríamos interpretar estas palabras hoy. Y no porque hace ya 50 años que fueron escritas y publicadas. Sino porque los políticos se encuentran moribundos. Solo piensan en el espectáculo. Mantener sus puestos, o escalar otros superiores y utilizar un lenguaje cada vez más parco, repetitivo, ayuno de conceptos, al uso del que escuchan en los seriales y tan fácil y pedestre que solo han de limitarse a escribir las tres líneas que les autorizan los nuevos medios de desinformación y alienación. Mienten. No se preocupan de profundizar en indagar los problemas fundamentales de la sociedad, la necesidad de educar a las personas de una forma crítica, despertando sus pensamientos, potenciando sus dudas y multiplicando su participación en los debates. Hablamos de ciudadanos reales; y en ellos se encuentran en nuestro país los ocho o más millones que votan por ejemplo al PP -¿o no son ciudadanos?-, los cinco o seis que votan al PSOE, -¿tampoco lo son?-, y los otros diez millones que no votan, -¿a qué clase de ciudadanos pertenecen éstos?-.

Pero las organizaciones políticas cuentan con sus grupos, sus militantes: y eso parece bastarles para medrar en el poder. ¿Qué tiene que ver la conciencia con la publicidad? Mas para ellos la publicidad es el único profeta que cuenta a la hora de difundir su mensaje. Vamos agostando la posibilidad de que la historia se haga necesaria. Despreciando, no el posibilismo inmediato de representar un papel político, sino la necesidad superior de que un día exista una ingente cantidad de personas, seres humanos, no “gente”, que comprenda que la acción es imprescindible, la acción revolucionaria, la que imponen no las armas –siempre en poder del enemigo- sino la razón colectiva, solidaria y antilegal, para terminar con este tiempo de nuevos holocaustos y de mendicidad política y cultural. Existen millones de personas engañadas, explotadas por una minoría de terroristas nacionales e internacionales que les obligan a aceptar las leyes que ellos mismos dictan y cumplir las normas que les imponen para ser “correctos” y así mejor dominarles, eso sí, con la farsa de la democracia que también les ofrece una “oposición leal y políticamente correcta”.

La transformación de la sociedad nunca se hace ni se hará con frases, estereotipos, sino con la solidaridad activa, no pasiva, de la mayoría de habitantes de cada pueblo y país que son explotados no ya solo en el trabajo, sino igualmente en sus cerebros y voluntades por quienes dominan los bancos y grandes industrias y los medios de comunicación, por quienes les imponen la religión de la sociedad de consumo y les impiden creer en la necesidad del ocio propio,  también engendrado por quienes así les encadenan en su afán de absoluto dominio.

Para concluir, saltamos de Marcuse a Rafael Sánchez Ferlosio con una frase que debiera abrir el frontispicio de todas las organizaciones que aspiren en verdad a ser de izquierdas:

 

Ninguna opinión es respetable. Todas han de ser atacadas con toda la apasionada subjetividad que es propia del más libre  y más genuino entendimiento…

jueves, 19 de enero de 2017

123


 
REVOLUCIONARIOS LÚCIDOS,  MILITANTES NO CIEGOS
 
ANTE LOS NUEVOS CONGRESOS POLÍTICOS..
 
 
¿Cuándo, como expresó Albert Camus, tendremos revolucionarios lúcidos, y militantes no fanáticos ni ciegos?
 
Porque eso echamos de menos hoy día en España, en el mundo. Revolucionarios lúcidos, críticos, que no busquen en la política un oficio, un sustento como modo de vida o formas de acceder al burocrático poder, para terminar aceptando las reglas del juego que imperan en el orden universal y particular.
Y militantes no alienados, guiados por la farsa de la política convertida en espectáculo, el mundo virtual de su lenguaje, en vez de profundizar en el conocimiento de los problemas reales de los ciudadanos y la acción para combatir el despotismo y la corrupción esclavizadora de los poderes: legislativos, religiosos, económicos y políticos.
 
Ahora, en nuestro territorio, los partidos políticos se aprestan a celebrar sus Congresos. De disputas por el poder o acomodo al hechicero que mejor sepa venderse o les capte como cuota del mismo. Se encorsetarán ideas generales y simplistas, reiteradas y banales, propias de eslóganes publicitarios, que se conviertan en materia de consumo, mensajes fáciles y que puedan encajar en tres líneas de texto, lejos de cuestionar, con razonamientos profundos los "terrorismos" que dominan la sociedad española y mundial:
- obediencia a las leyes discriminatorias al servicio de los auténticos poderes
- no cuestionamiento y denuncia de las religiones, la gran cultura de la irracionalidad y la ceguera sobre el conocimiento y la libertad
- aceptación de una democracia convertida en farsa al servicio de los grandes poderes económicos
- papanatismo ante "las fuerzas vivas intelectuales", cada vez más cobardes, sumisas, inocuas y cínicas
- no repulsa de la televisión, dominada en su mayor parte por la publicidad y al servicio de la estulticia y la destrucción del pensamiento
- conformidad con los catecismos políticos y culturales, la uniformidad y el rechazo de las diferencias, las dudas, las críticas radicales y planteamientos que no se acomoden a las acciones "políticamente correctas" según las leyes vigentes, a su vez correctas con los genocidios, la esclavización de pueblos y personas que no conformen las clases poderosas que mientras hablan de sociedades del bienestar agrandan sus privilegios y beneficios ahogando día a día a las personas que no conforman parte de su dominio: (se habla de que no existen clases sociales, cuando una sola, conformada por menos del diez por ciento de los ciudadanos posee más bienes y tiene acceso a formas superiores de vida que el noventa por ciento restante, subdivida a su vez en escalas que van desde la miseria absoluta, los trabajadores explotados, a los mediocres consumidores que se sienten satisfechos en su acercamiento a formas burguesas de vida).
 
Revolución: palabra estigmatizada que no aparecerá en estos Congresos ni se formarán ponencias en torno a ella.
Revolución: única palabra que tendría sentido en el mundo en que vivimos.
Mas no se habla, se intentan ridiculizar revoluciones pasadas, como si ellas no hubieran sido necesarias para abolir la esclavitud de la mayor parte de las personas y los pueblos por la minoría imperialista que los dominaba.
En vez de su estudio, para destacar lo positivo y negativo de las mismas, bastan esas tres líneas -no hablamos de las palabras de los miserables acomodados que dedican artículos y libros a denigrarlas sectariamente- que segundo a segundo multiplican su nefasto sonido en las mentes de esclavos de la religión de las nuevas tecnologías, millones y millones de ciudadanos dominados ya por la levedad del lenguaje del presente, por su insustancialidad, inanidad y destructividad.
 
Qué lejos quedan ya, ciertamente, esos "antiguos" como Kant que escribían:
 
El verdadero objeto de la razón no es más que el entendimiento y su adecuada aplicación al objeto.
 

jueves, 5 de enero de 2017

122


ESCUCHAMOS, VEMOS INFORMACIONES, OPINIONES, PARA CONSUMIR PUBLICIDAD.
LAS REDES SOCIALES Y LA POLÍTICA: AL FIN EL NO PENSAMIENTO
 
Insisto en la publicidad porque es el gran cáncer de la sociedad moderna, la que más influye en la conciencia de los ciudadanos.
No es de hoy. Viene anunciada desde hace dos siglos.
 
George Orwel:
A una edad más temprana que la de la mayoría de la gente, comprendí que todo comercio es un timo.

El grupo de estudio MARCUSE de Francia, que ha analizado en profundidad el impacto que la publicidad provoca en nuestro siglo actual, escribe:
 
La publicidad es la anticultura por excelencia, ya que liquida las culturas populares así como la alta cultura intelectual. Es un lavado de cerebro que tala la diversidad cultural mundial.

Un terrorismo del que no se habla ni escribe, pero que es de los más destructores para el ser humano y la civilización.

Y las redes sociales. Son en política y cultura el nuevo engendro publicitario para formar masas anodinas y fieles al neo analfabetismo presente. Es otra forma publicitaria que puede llegar hasta proclamar Presidente del Gobierno de la mayor potencia mundial a un renacido hombre de Neandhertal. Eso sí, neo-analfabetos como éste, dominan como nadie el mundo de los negocios y el dinero, y los fabricantes de armas y monopolios petroleros, automovilísticos, etc. ya se relamen de placer ante su nuevo benefactor que se beneficia, primero a sí mismo.
La propaganda política, vertida a través de los mensajeros de la inanidad es un nuevo comercio para formar fieles militantes. Se terminó con ella el ser pensante, el diálogo, la controversia, la discusión razonada. Bastan tres líneas  para apagar el pensamiento, las dudas, concitar el insulto o el aplauso. Así el ser humano retrocede en el pensamiento y la reflexión a la época de los hombres primitivos.
Tal vez llegue el día en que al disidente, al pensante crítico, como hacía en su tiempo la Iglesia Católica, se le queme en las plazas públicas para jolgorio de los consumidores.    
 

 
 

 

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Número 121

¿ HA ganado TRUMP?  NO : HA GANADO LA "BANALIDAD DEL MUNDO"


Llevamos décadas envueltos en un suave fascismo que prepara para un día, cada vez menos lejano, su embestida final.


Todo comenzó cuando la política decidió convertirse en espectáculo. Nada de ideas, razonamientos profundos y meditados, formación de ciudadanos conscientes que asumieran su responsabilidad a la hora de ejercer lo que se llama "democracia". Es decir, debatir programas y conceptos políticos, sociales, culturales, en un proceso educativo que les alejara de lo que buscan los grandes monopolios del capitalismo: masas alienadas y dominadas por la publicidad y el espectáculo. Anular el pensamiento, convertir a los ciudadanos en fieles seguidores de los catecismos escénicos, al servicio, lo quieran o no, de la minoría terrorista, es decir, neoliberal como se autodenomina, que gobierna el mundo.

Para ello se contaba con los medios de comunicación, y sobre todo, las nuevas tecnologías.

Así todo se vuelve banal, como el cumplimiento del nazismo por el pueblo seguidor de los demagogos criminales que habían conquistado el Estado en la Alemania de los Hitler, Goebels, e industriales y "altos hombres de la cultura y la ciencia".

Que ya no se hable, salvo para demonizarlos, de marxismo, anarquismo, de izquierdas ni derechas: que solo se "tuitee" con un mínimo puñado de palabras estúpidas y vulgares, de descalificaciones burdas al contrario y la asunción de eslóganes tan falsos de ideas como mendaces.


¿Y quién es Trump? Pues uno de los de la Ley del Rifle, de quienes convierten a la mujer en objeto sexual, de las repugnantes y neo analfabetas Iglesias, de los explotadores dueños -ellos sus ancestros- de lenocinios, hoteles, industrias, medios de comunicación, de los iletrados aunque tengan títulos universitarios que conforma a la mayor parte de los ciudadanos norteamericanos del imperialismo que no solo declaran guerras, arrasan pueblos según sus intereses de dominio económico o estratégico, sino que imponen anticulturas -en la comida, el deporte, el cine, la música y literatura (no hablamos del puñado de creadores que poco tienen que ver con el tipo medio de ciudadanos yanquis) como negocio y como feísmo absoluto, en la mayor parte del mundo.
Trump es uno de ellos y ellos son Trump.


¿Y Europa? Su fiel lacayo. Lo importante es saber dominar el inglés, la lengua del Imperio, y los que se dicen independentistas crearán nuevas fronteras, banderas, himnos, sin dejar de alienarse y venderse al verdadero amo de sus pueblos.


La banalidad del mundo es la obediencia a esa "democracia" del dinero no cuestionada, a la supeditación a las oligarquías bancarias e industriales, la esclavizante rendición de aquellos partidos políticos que renunciaron a sus ideas, programas que pretendían crear un mundo diferente, más justo, libre, bello e igualitario, partidos y sindicatos acomodaticios y serviles que se volvieron por sus estructuras dirigentes traidores a su historia y a sus fines.


¿Y los pueblos? Antes se decía: carne de cañón. Ahora podemos decir: carne de alienación, embrutecimiento y servidumbre.


Una cita de Milan Kundera explica esta situación:
La imagología ha conquistado en las últimas décadas una victoria histórica sobre la ideología... La imagología es más fuerte que la realidad. Los imagólogos crean sistemas de ideales y actividades... influyen en nuestro comportamiento, nuestras opiniones políticas y preferencias estéticas... tan poderosamente como en otros tiempos eran capaces de dominarnos los sistemas o las ideologías.


Las redes sociales actúan como la publicidad. Buscan no seres pensantes, sino consumidores. Y los mensajes que se envían, con capacidad no superior a tres líneas de texto, hacen retroceder la comunicación a la época de quienes en los tiempos prehistóricos se comunicaban a gritos.
Así podemos decir con George Orwell, y la propaganda política es solo comercio para fieles militantes:
A una edad más temprana que la mayoría de la gente, comprendí que todo comercio moderno es un timo.


Y es que escuchamos, vemos, noticias políticas como consumimos publicidad





lunes, 10 de octubre de 2016

120

LA POLÍTICA YA ES SÓLO TELEVISIÓN


¿Hasta cuándo la farsa y la pasividad?




¿Hasta cuándo la corrupción en el lenguaje y en la vida, corrupción que no es sólo económica como hasta el hartazgo -así, a fuer de repetida días y meses se torna inane para el espectador-lector- sino también ideológica, cultural, social; hasta cuándo los personajes analfabetos y sus secuaces y lacayos; los burócratas y cansino gritones o recitadores de frases estereotipadas, latiguillos repetidos una y mil veces con palabras vacías de contenido, hombres y mujeres que parecen haberse cosido un catecismo en la boca del que desprenden sus doctrinas; hasta cuándo quienes imitan las series televisivas como si la existencia fuese ya virtual y los problemas reales se convirtieran en espectáculos fabulados; hasta cuándo la verborrea de quienes no saben salir del círculo vicioso en que los encierra la llamada democracia...


Hitler.  "Para captar la atención de las masas, la propaganda debe limitarse a un pequeño número de palabras y repetirlas constantemente... su acción debe apelar siempre al  sentimiento  y muy poco a la razón. Ninguna diversidad debe modificar el contenido.


Goebels. "La propaganda es el arte del argumento más simplista con un lenguaje popular... el arte de mentir siendo creíble es presentar los hechos siempre con apariencia de objetividad.


Los políticos han encontrado su Dios doctrinario y su profeta de la buena nueva en la televisión. Sus Apóstoles en los diversos medios de comunicación en los que aparecen a todas horas. Y a través de ellos las elecciones se transforman en un acto de consumo más. Y en nuestros días, como complemento, ese uso de las mínimas palabras a través de un móvil o tableta -creo que así se llama- que desbroza el camino hacia la no necesidad del lenguaje creador y reflexivo y a la extinción del pensamiento: en la última representación escénica del intento de investidura presidencial, y esto vale tanto para los que se denominan de derechas o de izquierdas, resultó cómico o patético, según se mire, ver como sus "ilustres señorías" más que atender a lo que allí se decía, si es que se decía algo en los discursos, se dedicaban a enviar mensajes simiescos cada cual a los "suyos".
Las redes de la ignorancia se inflamaron de placer ante la suprema muestra de "inteligencia" en estos "discursos" políticos o ideológicos. Claro que hace ya un siglo escribió Albert Einstein:
                    Para ser miembro irreprochable de un rebaño de ovejas, uno debe ser, por encima de todo, una oveja


.Ah, y esos conductores de programas en que la cuadrilla de políticos acude -los primeros espadas suelen actuar solos- a la reiterada exposición de rostros y figuras contumaces en su verborrea con cuidadas barbas o bien moduladas melenas sobre ojos movientes e irónicos y preguntas que no entran jamás en profundas interpelaciones sobe la miseria social, cultural, ideológica que envuelve su farsa de teatrillo publicitario en el que colaboran -¡Dios Santo, cuándo trabajan, si se encuentran en medios televisivos o radiofónicos mañana, tarde y noche!- directores de periódicos, otros que llaman politólogos, y los repetidores secundarios de los catecismos que les insuflan los rectores políticos de sus partidos... A veces incluso lo hacen en las tribunas improvisadas de la casa burocrática que responde al nombre de Parlamento o en la propia calle.


Las sonrisas. ¿Quiénes no sonríen en el cansino espectáculo de las fotos histéricas que han enterrado el diálogo, la controversia, quiènes no aplauden ante la turbamulta que levanta las manos y se aprietan en masas que, da igual, se congregan en un partido de fútbol, ante una bandera -cualquiera de ellas-, el líder político, hombre o mujer que ya parece figura del celuloide, o el recinto en que se contorsionan, saltan, aúllan aquellos que dicen ser músicos? Porque la única batalla ideológica que ya se plantea en el plató de la representación es el bien asimilado ensayo de ver quién sonríe más, quién se muestra más simpático, atractivo, sea hombre o mujer, aunque como siempre no hay regla sin excepción, y ahí tenemos el caso más bien tragicómico de Rajoy, que sin embargo es votado masivamente porque representa algo tan querido a decenas y decenas de miles de españoles: la corrupción.


Eso que llaman "la gente" o "la ciudadanía", carece ya de opinión propia. Son fieles de la religión que impregna  su tiempo de ocio y que a su vez es programada y divulgada por los burócratas políticos invitados por los burócratas mediáticos, eso si, todos al servicio del gran Profeta y señor del tiempo, la Publicidad. Porque necesitan fieles mudos, pasivos como buenos consumidores, para conquistar el Poder, o al menos, vivir en la bien remunerada burocracia que conforma sus aledaños. Ahora se habla de que el pueblo, o las otras acepciones, gente, ciudadanía -ésta es palabra que han descubierto no hace mucho y les llena a todos la boca, aunque cada vez que la pronuncian algunos vemos como sus labios, hermosos o draculescos, se metamorfosean en serpientes venenosas por su afán embaucador- se encuentra harto de los políticos. ¡Qué atroz mentira! Qué más quisiéramos algunos. En vez de cientos de miles celebrando fiestas nacionalistad, o agasajando a héroes deportivos o cinematográficos, o carroñas humanas falsificando la política en sus recintos sagrados, que su hartazgo les llevara a congregarse con antorchas en la mano ante los parlamentos para arrepentirse de los aplausos y votos que les han entregado...


Volvemos al hasta cuándo... los burócratas sindicales o políticos, que se dicen oposición, se mostrarán sumisos en sus formas y acciones, porque les pagan y al tiempo les atemorizan para que se olviden de palabras como lucha, revolución, crítica radical, utopía; hasta cuándo la farsa electoral y el acatamiento del Orden sacrosanto de la Iglesia, la Monarquía, la Justicia, la Banca, las leyes impuestas por los poderes multinacionales para incrementar la explotación económica y agostar las necesidades en la sanidad, la enseñanza, la vivienda, la cultura; hasta cuándo se mantendrán el conformismo, la hipocresía, la desigualdad, el reino de la mentira en el reino de la injusticia...

La Linterna del S. XXI