jueves, 9 de febrero de 2017

124


ESPAÑA  2017. CON CITAS DE HERBERT MARCUSE.

 

                                                                        

 

El propio desarrollo capitalista ha alterado la estructura y la función de la burguesía y del proletariado de tal modo que ya no parecen ser agentes de la transformación histórica.

 

Esta realidad la confirman los actuales partidos políticos. Prefieren hablar de “los de arriba y los de abajo”, “la gente”, “los viejos y jóvenes”, “la transversalidad” y otras nominaciones, en vez de analizar los fundamentos que explican y justifican el poder del neo capitalismo: un partido dominante, y una clase explotada que se subdivide en varios estratos, y a través de los medios de información y la sociedad de consumo, aceptan – en sus formaciones burocráticas, no en miles de ciudadanos- las leyes que les imponen. Alienados y conformistas y con una cada vez más amplia clase inferior, depauperada y que conforma una semiesclavitud en el siglo XXI.

 

No solo una forma específica de gobierno o gobierno de partido hace posible el totalitarismo, sino también un sistema específico de producción y distribución que pueden ser muy bien compatibles con un “pluralismo de partidos, periódicos, poderes comunitarios” etc. Mientras más capaces sean los gobernantes de repartir los bienes de consumo, más firmemente estará ligada la población a las diversas burocracias gobernantes.

 

He ahí la inteligencia del capitalismo y del imperialismo. Para ello conformó la actual democracia. E impidió que los explotados, en el trabajo, en las formas de vida –vivienda, educación, sanidad, etc.- formaran un bloque combativo contra la minaría dominante –banca, iglesia, monopolios informativos y culturales, ejército y terrorismos represivos-.

Hemos de recuperar las palabras auténticas, no tener miedo a los conceptos revolucionarios, si queremos analizar la realidad política, social y cultural del mundo en que vivimos.

En vez de respetar los medios de comunicación, las costumbres tradicionales y reaccionarias –del poder de la religión a la justicia- crear otros procedimientos críticos, no políticamente correctos, antisistemas, e intentar impulsarlos de todas las formas posibles. Pero eso supone renunciar al orden sacrosanto impuesto por los partidos y sindicatos manipulados por el poder, al concepto de una izquierda que se entregó con armas y bagajes al mismo, a costa de que la sustentaran y eternizaran burocráticamente.

 

La gente se reconoce en sus mercancías, encuentran su alma en su automóvil, en su aparato de alta fidelidad, su casa, su equipo de cocina.

 

Y sobre todo en su TV y en su conexión a las redes sociales, a la comunicación por Internet o en su móvil y sus tabletas.

Imaginemos por un momento que precintaran y desaparecieran todos los automóviles, televisores y tabletas y móviles de un pueblo o ciudad. Para sus habitantes sería peor que si los dejaran ciegos y sordos. Andarían como sonámbulos por las calles, perderían el equilibrio, se mesarían los cabellos, se morirían de tristeza, odiarían las palabras que pudieran dirigirles, los razonamientos para ordenar unas nuevas formas de vida, porque ya no quieren escuchar palabras que les hagan pensar, solo desean consumir imágenes, publicidad que les guíe. Y tal vez iniciaran, al fin, una revolución, aunque sus fines no fueran destruir la explotación capitalista de que eran víctimas, sino recuperar su condición de explotados por ella.

 

 

La expansión que salva el sistema, o al menos lo fortalece, no puede ser detenida más que por medio de un contra movimiento internacional y global. Por todas partes se manifiesta la interpretación global: la solidaridad permanece como el factor decisivo, también aquí Marx tiene razón. Y es esta solidaridad la que ha sido quebrada por la productividad integradora del capitalismo y por el poder absoluto de su máquina de propaganda, de publicidad y de administración. Es preciso despertar y organizar la solidaridad en tanto que necesidad biológica de mantenerse unidos contra la brutalidad y la explotación inhumanas. Esta es la tarea. Comienza con la educación de la conciencia, el saber, la observación y el sentimiento que aprehende lo que sucede: el crimen contra la humanidad. La justificación del trabajo intelectual reside en esta tarea, y hoy el trabajo intelectual necesita ser justificado.

 

Difícilmente podríamos interpretar estas palabras hoy. Y no porque hace ya 50 años que fueron escritas y publicadas. Sino porque los políticos se encuentran moribundos. Solo piensan en el espectáculo. Mantener sus puestos, o escalar otros superiores y utilizar un lenguaje cada vez más parco, repetitivo, ayuno de conceptos, al uso del que escuchan en los seriales y tan fácil y pedestre que solo han de limitarse a escribir las tres líneas que les autorizan los nuevos medios de desinformación y alienación. Mienten. No se preocupan de profundizar en indagar los problemas fundamentales de la sociedad, la necesidad de educar a las personas de una forma crítica, despertando sus pensamientos, potenciando sus dudas y multiplicando su participación en los debates. Hablamos de ciudadanos reales; y en ellos se encuentran en nuestro país los ocho o más millones que votan por ejemplo al PP -¿o no son ciudadanos?-, los cinco o seis que votan al PSOE, -¿tampoco lo son?-, y los otros diez millones que no votan, -¿a qué clase de ciudadanos pertenecen éstos?-.

Pero las organizaciones políticas cuentan con sus grupos, sus militantes: y eso parece bastarles para medrar en el poder. ¿Qué tiene que ver la conciencia con la publicidad? Mas para ellos la publicidad es el único profeta que cuenta a la hora de difundir su mensaje. Vamos agostando la posibilidad de que la historia se haga necesaria. Despreciando, no el posibilismo inmediato de representar un papel político, sino la necesidad superior de que un día exista una ingente cantidad de personas, seres humanos, no “gente”, que comprenda que la acción es imprescindible, la acción revolucionaria, la que imponen no las armas –siempre en poder del enemigo- sino la razón colectiva, solidaria y antilegal, para terminar con este tiempo de nuevos holocaustos y de mendicidad política y cultural. Existen millones de personas engañadas, explotadas por una minoría de terroristas nacionales e internacionales que les obligan a aceptar las leyes que ellos mismos dictan y cumplir las normas que les imponen para ser “correctos” y así mejor dominarles, eso sí, con la farsa de la democracia que también les ofrece una “oposición leal y políticamente correcta”.

La transformación de la sociedad nunca se hace ni se hará con frases, estereotipos, sino con la solidaridad activa, no pasiva, de la mayoría de habitantes de cada pueblo y país que son explotados no ya solo en el trabajo, sino igualmente en sus cerebros y voluntades por quienes dominan los bancos y grandes industrias y los medios de comunicación, por quienes les imponen la religión de la sociedad de consumo y les impiden creer en la necesidad del ocio propio,  también engendrado por quienes así les encadenan en su afán de absoluto dominio.

Para concluir, saltamos de Marcuse a Rafael Sánchez Ferlosio con una frase que debiera abrir el frontispicio de todas las organizaciones que aspiren en verdad a ser de izquierdas:

 

Ninguna opinión es respetable. Todas han de ser atacadas con toda la apasionada subjetividad que es propia del más libre  y más genuino entendimiento…

jueves, 19 de enero de 2017

123


 
REVOLUCIONARIOS LÚCIDOS,  MILITANTES NO CIEGOS
 
ANTE LOS NUEVOS CONGRESOS POLÍTICOS..
 
 
¿Cuándo, como expresó Albert Camus, tendremos revolucionarios lúcidos, y militantes no fanáticos ni ciegos?
 
Porque eso echamos de menos hoy día en España, en el mundo. Revolucionarios lúcidos, críticos, que no busquen en la política un oficio, un sustento como modo de vida o formas de acceder al burocrático poder, para terminar aceptando las reglas del juego que imperan en el orden universal y particular.
Y militantes no alienados, guiados por la farsa de la política convertida en espectáculo, el mundo virtual de su lenguaje, en vez de profundizar en el conocimiento de los problemas reales de los ciudadanos y la acción para combatir el despotismo y la corrupción esclavizadora de los poderes: legislativos, religiosos, económicos y políticos.
 
Ahora, en nuestro territorio, los partidos políticos se aprestan a celebrar sus Congresos. De disputas por el poder o acomodo al hechicero que mejor sepa venderse o les capte como cuota del mismo. Se encorsetarán ideas generales y simplistas, reiteradas y banales, propias de eslóganes publicitarios, que se conviertan en materia de consumo, mensajes fáciles y que puedan encajar en tres líneas de texto, lejos de cuestionar, con razonamientos profundos los "terrorismos" que dominan la sociedad española y mundial:
- obediencia a las leyes discriminatorias al servicio de los auténticos poderes
- no cuestionamiento y denuncia de las religiones, la gran cultura de la irracionalidad y la ceguera sobre el conocimiento y la libertad
- aceptación de una democracia convertida en farsa al servicio de los grandes poderes económicos
- papanatismo ante "las fuerzas vivas intelectuales", cada vez más cobardes, sumisas, inocuas y cínicas
- no repulsa de la televisión, dominada en su mayor parte por la publicidad y al servicio de la estulticia y la destrucción del pensamiento
- conformidad con los catecismos políticos y culturales, la uniformidad y el rechazo de las diferencias, las dudas, las críticas radicales y planteamientos que no se acomoden a las acciones "políticamente correctas" según las leyes vigentes, a su vez correctas con los genocidios, la esclavización de pueblos y personas que no conformen las clases poderosas que mientras hablan de sociedades del bienestar agrandan sus privilegios y beneficios ahogando día a día a las personas que no conforman parte de su dominio: (se habla de que no existen clases sociales, cuando una sola, conformada por menos del diez por ciento de los ciudadanos posee más bienes y tiene acceso a formas superiores de vida que el noventa por ciento restante, subdivida a su vez en escalas que van desde la miseria absoluta, los trabajadores explotados, a los mediocres consumidores que se sienten satisfechos en su acercamiento a formas burguesas de vida).
 
Revolución: palabra estigmatizada que no aparecerá en estos Congresos ni se formarán ponencias en torno a ella.
Revolución: única palabra que tendría sentido en el mundo en que vivimos.
Mas no se habla, se intentan ridiculizar revoluciones pasadas, como si ellas no hubieran sido necesarias para abolir la esclavitud de la mayor parte de las personas y los pueblos por la minoría imperialista que los dominaba.
En vez de su estudio, para destacar lo positivo y negativo de las mismas, bastan esas tres líneas -no hablamos de las palabras de los miserables acomodados que dedican artículos y libros a denigrarlas sectariamente- que segundo a segundo multiplican su nefasto sonido en las mentes de esclavos de la religión de las nuevas tecnologías, millones y millones de ciudadanos dominados ya por la levedad del lenguaje del presente, por su insustancialidad, inanidad y destructividad.
 
Qué lejos quedan ya, ciertamente, esos "antiguos" como Kant que escribían:
 
El verdadero objeto de la razón no es más que el entendimiento y su adecuada aplicación al objeto.
 

jueves, 5 de enero de 2017

122


ESCUCHAMOS, VEMOS INFORMACIONES, OPINIONES, PARA CONSUMIR PUBLICIDAD.
LAS REDES SOCIALES Y LA POLÍTICA: AL FIN EL NO PENSAMIENTO
 
Insisto en la publicidad porque es el gran cáncer de la sociedad moderna, la que más influye en la conciencia de los ciudadanos.
No es de hoy. Viene anunciada desde hace dos siglos.
 
George Orwel:
A una edad más temprana que la de la mayoría de la gente, comprendí que todo comercio es un timo.

El grupo de estudio MARCUSE de Francia, que ha analizado en profundidad el impacto que la publicidad provoca en nuestro siglo actual, escribe:
 
La publicidad es la anticultura por excelencia, ya que liquida las culturas populares así como la alta cultura intelectual. Es un lavado de cerebro que tala la diversidad cultural mundial.

Un terrorismo del que no se habla ni escribe, pero que es de los más destructores para el ser humano y la civilización.

Y las redes sociales. Son en política y cultura el nuevo engendro publicitario para formar masas anodinas y fieles al neo analfabetismo presente. Es otra forma publicitaria que puede llegar hasta proclamar Presidente del Gobierno de la mayor potencia mundial a un renacido hombre de Neandhertal. Eso sí, neo-analfabetos como éste, dominan como nadie el mundo de los negocios y el dinero, y los fabricantes de armas y monopolios petroleros, automovilísticos, etc. ya se relamen de placer ante su nuevo benefactor que se beneficia, primero a sí mismo.
La propaganda política, vertida a través de los mensajeros de la inanidad es un nuevo comercio para formar fieles militantes. Se terminó con ella el ser pensante, el diálogo, la controversia, la discusión razonada. Bastan tres líneas  para apagar el pensamiento, las dudas, concitar el insulto o el aplauso. Así el ser humano retrocede en el pensamiento y la reflexión a la época de los hombres primitivos.
Tal vez llegue el día en que al disidente, al pensante crítico, como hacía en su tiempo la Iglesia Católica, se le queme en las plazas públicas para jolgorio de los consumidores.    
 

 
 

 

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Número 121

¿ HA ganado TRUMP?  NO : HA GANADO LA "BANALIDAD DEL MUNDO"


Llevamos décadas envueltos en un suave fascismo que prepara para un día, cada vez menos lejano, su embestida final.


Todo comenzó cuando la política decidió convertirse en espectáculo. Nada de ideas, razonamientos profundos y meditados, formación de ciudadanos conscientes que asumieran su responsabilidad a la hora de ejercer lo que se llama "democracia". Es decir, debatir programas y conceptos políticos, sociales, culturales, en un proceso educativo que les alejara de lo que buscan los grandes monopolios del capitalismo: masas alienadas y dominadas por la publicidad y el espectáculo. Anular el pensamiento, convertir a los ciudadanos en fieles seguidores de los catecismos escénicos, al servicio, lo quieran o no, de la minoría terrorista, es decir, neoliberal como se autodenomina, que gobierna el mundo.

Para ello se contaba con los medios de comunicación, y sobre todo, las nuevas tecnologías.

Así todo se vuelve banal, como el cumplimiento del nazismo por el pueblo seguidor de los demagogos criminales que habían conquistado el Estado en la Alemania de los Hitler, Goebels, e industriales y "altos hombres de la cultura y la ciencia".

Que ya no se hable, salvo para demonizarlos, de marxismo, anarquismo, de izquierdas ni derechas: que solo se "tuitee" con un mínimo puñado de palabras estúpidas y vulgares, de descalificaciones burdas al contrario y la asunción de eslóganes tan falsos de ideas como mendaces.


¿Y quién es Trump? Pues uno de los de la Ley del Rifle, de quienes convierten a la mujer en objeto sexual, de las repugnantes y neo analfabetas Iglesias, de los explotadores dueños -ellos sus ancestros- de lenocinios, hoteles, industrias, medios de comunicación, de los iletrados aunque tengan títulos universitarios que conforma a la mayor parte de los ciudadanos norteamericanos del imperialismo que no solo declaran guerras, arrasan pueblos según sus intereses de dominio económico o estratégico, sino que imponen anticulturas -en la comida, el deporte, el cine, la música y literatura (no hablamos del puñado de creadores que poco tienen que ver con el tipo medio de ciudadanos yanquis) como negocio y como feísmo absoluto, en la mayor parte del mundo.
Trump es uno de ellos y ellos son Trump.


¿Y Europa? Su fiel lacayo. Lo importante es saber dominar el inglés, la lengua del Imperio, y los que se dicen independentistas crearán nuevas fronteras, banderas, himnos, sin dejar de alienarse y venderse al verdadero amo de sus pueblos.


La banalidad del mundo es la obediencia a esa "democracia" del dinero no cuestionada, a la supeditación a las oligarquías bancarias e industriales, la esclavizante rendición de aquellos partidos políticos que renunciaron a sus ideas, programas que pretendían crear un mundo diferente, más justo, libre, bello e igualitario, partidos y sindicatos acomodaticios y serviles que se volvieron por sus estructuras dirigentes traidores a su historia y a sus fines.


¿Y los pueblos? Antes se decía: carne de cañón. Ahora podemos decir: carne de alienación, embrutecimiento y servidumbre.


Una cita de Milan Kundera explica esta situación:
La imagología ha conquistado en las últimas décadas una victoria histórica sobre la ideología... La imagología es más fuerte que la realidad. Los imagólogos crean sistemas de ideales y actividades... influyen en nuestro comportamiento, nuestras opiniones políticas y preferencias estéticas... tan poderosamente como en otros tiempos eran capaces de dominarnos los sistemas o las ideologías.


Las redes sociales actúan como la publicidad. Buscan no seres pensantes, sino consumidores. Y los mensajes que se envían, con capacidad no superior a tres líneas de texto, hacen retroceder la comunicación a la época de quienes en los tiempos prehistóricos se comunicaban a gritos.
Así podemos decir con George Orwell, y la propaganda política es solo comercio para fieles militantes:
A una edad más temprana que la mayoría de la gente, comprendí que todo comercio moderno es un timo.


Y es que escuchamos, vemos, noticias políticas como consumimos publicidad





lunes, 10 de octubre de 2016

120

LA POLÍTICA YA ES SÓLO TELEVISIÓN


¿Hasta cuándo la farsa y la pasividad?




¿Hasta cuándo la corrupción en el lenguaje y en la vida, corrupción que no es sólo económica como hasta el hartazgo -así, a fuer de repetida días y meses se torna inane para el espectador-lector- sino también ideológica, cultural, social; hasta cuándo los personajes analfabetos y sus secuaces y lacayos; los burócratas y cansino gritones o recitadores de frases estereotipadas, latiguillos repetidos una y mil veces con palabras vacías de contenido, hombres y mujeres que parecen haberse cosido un catecismo en la boca del que desprenden sus doctrinas; hasta cuándo quienes imitan las series televisivas como si la existencia fuese ya virtual y los problemas reales se convirtieran en espectáculos fabulados; hasta cuándo la verborrea de quienes no saben salir del círculo vicioso en que los encierra la llamada democracia...


Hitler.  "Para captar la atención de las masas, la propaganda debe limitarse a un pequeño número de palabras y repetirlas constantemente... su acción debe apelar siempre al  sentimiento  y muy poco a la razón. Ninguna diversidad debe modificar el contenido.


Goebels. "La propaganda es el arte del argumento más simplista con un lenguaje popular... el arte de mentir siendo creíble es presentar los hechos siempre con apariencia de objetividad.


Los políticos han encontrado su Dios doctrinario y su profeta de la buena nueva en la televisión. Sus Apóstoles en los diversos medios de comunicación en los que aparecen a todas horas. Y a través de ellos las elecciones se transforman en un acto de consumo más. Y en nuestros días, como complemento, ese uso de las mínimas palabras a través de un móvil o tableta -creo que así se llama- que desbroza el camino hacia la no necesidad del lenguaje creador y reflexivo y a la extinción del pensamiento: en la última representación escénica del intento de investidura presidencial, y esto vale tanto para los que se denominan de derechas o de izquierdas, resultó cómico o patético, según se mire, ver como sus "ilustres señorías" más que atender a lo que allí se decía, si es que se decía algo en los discursos, se dedicaban a enviar mensajes simiescos cada cual a los "suyos".
Las redes de la ignorancia se inflamaron de placer ante la suprema muestra de "inteligencia" en estos "discursos" políticos o ideológicos. Claro que hace ya un siglo escribió Albert Einstein:
                    Para ser miembro irreprochable de un rebaño de ovejas, uno debe ser, por encima de todo, una oveja


.Ah, y esos conductores de programas en que la cuadrilla de políticos acude -los primeros espadas suelen actuar solos- a la reiterada exposición de rostros y figuras contumaces en su verborrea con cuidadas barbas o bien moduladas melenas sobre ojos movientes e irónicos y preguntas que no entran jamás en profundas interpelaciones sobe la miseria social, cultural, ideológica que envuelve su farsa de teatrillo publicitario en el que colaboran -¡Dios Santo, cuándo trabajan, si se encuentran en medios televisivos o radiofónicos mañana, tarde y noche!- directores de periódicos, otros que llaman politólogos, y los repetidores secundarios de los catecismos que les insuflan los rectores políticos de sus partidos... A veces incluso lo hacen en las tribunas improvisadas de la casa burocrática que responde al nombre de Parlamento o en la propia calle.


Las sonrisas. ¿Quiénes no sonríen en el cansino espectáculo de las fotos histéricas que han enterrado el diálogo, la controversia, quiènes no aplauden ante la turbamulta que levanta las manos y se aprietan en masas que, da igual, se congregan en un partido de fútbol, ante una bandera -cualquiera de ellas-, el líder político, hombre o mujer que ya parece figura del celuloide, o el recinto en que se contorsionan, saltan, aúllan aquellos que dicen ser músicos? Porque la única batalla ideológica que ya se plantea en el plató de la representación es el bien asimilado ensayo de ver quién sonríe más, quién se muestra más simpático, atractivo, sea hombre o mujer, aunque como siempre no hay regla sin excepción, y ahí tenemos el caso más bien tragicómico de Rajoy, que sin embargo es votado masivamente porque representa algo tan querido a decenas y decenas de miles de españoles: la corrupción.


Eso que llaman "la gente" o "la ciudadanía", carece ya de opinión propia. Son fieles de la religión que impregna  su tiempo de ocio y que a su vez es programada y divulgada por los burócratas políticos invitados por los burócratas mediáticos, eso si, todos al servicio del gran Profeta y señor del tiempo, la Publicidad. Porque necesitan fieles mudos, pasivos como buenos consumidores, para conquistar el Poder, o al menos, vivir en la bien remunerada burocracia que conforma sus aledaños. Ahora se habla de que el pueblo, o las otras acepciones, gente, ciudadanía -ésta es palabra que han descubierto no hace mucho y les llena a todos la boca, aunque cada vez que la pronuncian algunos vemos como sus labios, hermosos o draculescos, se metamorfosean en serpientes venenosas por su afán embaucador- se encuentra harto de los políticos. ¡Qué atroz mentira! Qué más quisiéramos algunos. En vez de cientos de miles celebrando fiestas nacionalistad, o agasajando a héroes deportivos o cinematográficos, o carroñas humanas falsificando la política en sus recintos sagrados, que su hartazgo les llevara a congregarse con antorchas en la mano ante los parlamentos para arrepentirse de los aplausos y votos que les han entregado...


Volvemos al hasta cuándo... los burócratas sindicales o políticos, que se dicen oposición, se mostrarán sumisos en sus formas y acciones, porque les pagan y al tiempo les atemorizan para que se olviden de palabras como lucha, revolución, crítica radical, utopía; hasta cuándo la farsa electoral y el acatamiento del Orden sacrosanto de la Iglesia, la Monarquía, la Justicia, la Banca, las leyes impuestas por los poderes multinacionales para incrementar la explotación económica y agostar las necesidades en la sanidad, la enseñanza, la vivienda, la cultura; hasta cuándo se mantendrán el conformismo, la hipocresía, la desigualdad, el reino de la mentira en el reino de la injusticia...

miércoles, 7 de septiembre de 2016

119


EL MIEDO DE LOS ESCRITORES
El mercado: el gran policía.
La autocensura ha vencido a la censura.

Un libro debe hurgar en las heridas, provocarlas incluso. Un libro debe ser un peligro.
                                         Cioran

En la línea de Kafka. Pero, ¿no se pueden contar con los dedos de la mano los escritores que piensan hoy, al escribir, en el libro, solo en el libro que desean crear, con la única vigilancia del lenguaje y el pensamiento?

Porque los más piensan en el editor, la publicidad, y  el mercado, precisamente la trilogía que por sus intereses económicos asesinan la literatura y destruyen la creación.

La autocensura se ha impuesto a la censura. Ella crea el miedo. Miedo a expresar en público cuanto uno piensa. Miedo a definirse con opiniones sobre temas considerados delicados, no política o socialmente correctos. Miedo a la posible represión subsiguiente al escribirlas. O al aislamiento. Miedo a ejercer la otra crítica, incluso a despreciar las palabras vulgares, a dificultar con su lenguaje su comprensión fácil, a poblar con dudas las afirmaciones y expresiones  catequísticas, religiosas, políticas o culturales que imperan en la sociedad. Miedo a la diferencia, la soledad, a ser apartado del rebaño que pueblan las televisiones y los grandes almacenes.

Porque la manada vulgar o profesional no acepta a quienes desafían las reglas mercantiles, en el patriotismo barato -todos lo son- o en las normas que rigen academias, premios literarios, investiduras universitarias, ferias y acontecimientos que tienen al libro por protagonista. Y miedo a la respuesta coercitiva, al dedo inquisidor sobre el disidente-delincuente.

Miedo: el gran corsé que asalta al escritor cuando pasea su mirada por el blancor de las páginas. Y el miedo es la antesala de la autocensura. El autor convirtiéndose en inquisidor de sí mismo. ¿Con quién estás, contra quién estás?, le gritan. Defínete. Esto que has escrito no rinde. Nadie se ocupará de tu obra. No saldrás en ningún medio ni aceptarán tus libros en los grandes expositores al servicio de los bestsellers.

La vida es un perpetuo examen, un interrogatorio continuo, una cédula de identidad desde que naces. Y el control ha de ser ejercido, en primer lugar, por ti mismo. Literatura. Creación. ¿Olvidas la mercancía? Ya no es solo el Estado, con sus leyes y policías de toda índole quién ejerce la censura, que también ahora, no lo olvides, es más importante que él, el mercado, y el mercado depende de la publicidad, y el editor de la publicidad y el mercado, y el público de la alienación a que es sometido desde pequeño  por el mercado y la publicidad, y que solo obedece las reglas que ellos le fijan social y culturalmente, al fin quienes manejan esa nefasta industria del ocio, la cultura y la vida ciudadana.

Es una guerra peor que sucia: destructora de la civilización y el ser pensante, es decir humano. Y en ella no se puede ejercer de espectador crítico, No existen ambigüedades. Orden o desorden, violencia legítima o ilegítima, democracia o anarquía. He ahí la cuestión. En política o en literatura.

La duda:
Ni  este mundo, ni el otro, ni la felicidad, están hechos para el ser abandonado a la duda.                    Bhayavad Gita

porque no olvidemos las palabras que integraron a gran parte de los escritores en el orden y la violencia de la democracia y del capitalismo ahora neocapitalista. Son de Clemencau:

Un escritor, una palabra, es un acto público.

Y hoy el miedo que acomoda al escritor es el mercado. Sin el mercado no existe, no es nadie. Antes de escribir, dudar, no debe olvidar a quién sirve, salvo excepciones, el editor. El mercado es el gran policía que le vigila y controla, y puede darle la vida o conducirle a la inexistencia.
¡Desgraciados los ajenos al mercado y la publicidad!

Pero desde la soledad y la inexistencia, que placer sentirse acompañado por aquellos que, hace siglos o en nuestros días, escriben desconociendo que existen el mercado, la publicidad, los medios de comunicación y la democracia monárquica, eclesiástica y neocapitalista.






martes, 9 de agosto de 2016

118

EL CÁNCER HISTÓRICO DE LAS IGLESIAS
 De la Inquisición al yihadismo.
Poder político, cultural y destrucción del pensamiento y la libertad.
Referencias: Nietzsche, Cioran, Camus, W.H.Auden, Thomas Bernhard


 El poder de las iglesias, católica, islámica, las más presentes para nosotros, va aunado en la historia a dos formas de acción: el  terror cuando necesitan imponerse y dominar territorios, y el poder económico e ideológico una vez asentadas en ellos, con la colaboración de las fuerzas de derechas y capitalistas que a su vez las amparan y sustentan para favorecer sus propios intereses.
De ahí que ante ese poder, sean pocos los escritores, ideólogos, y políticos, que las ataquen con el rigor crítico y la libertad que debieran hacerlo. Lo comprobamos en campañas electorales como las que sacuden a España en nuestros días. O a la hora de hablar del terrorismo yihadista, con el "respeto" que se tiene a quienes basan su fuerza persuasiva en lecturas y aplicaciones, como siempre dirigidas y sesgadas -ya lo hizo también la Inquisición y las guerras de religión o conquistas de territorios de los cristianos en pasados siglos-, de los textos religiosos islámicos que seleccionan, y si es preciso tergiversan, para ayudar a sus "sacrificados" soldados del profeta, labor en la que colaboran las mezquitas, clérigos y gobernantes de los países en que domina esa religión. No olvidemos los intereses económicos que subyacen debajo de estas turbias historias y los de los fabricantes de armas occidentales, intermediarios, y grandes empresas con intereses en petróleo y otras fuentes de riqueza en ellos.

Y al margen de los extremismos, -que también los gobiernos europeos o de EEUU aprovechan para imponer medidas restrictivas y recortes de libertades a todos los ciudadanos de sus países- merece la pena subrayar y denunciar el papel que las iglesias juegan en la vida cotidiana de los ciudadanos: desde la servidumbre de la mujer a la entrega a la farsa de sus peregrinaciones, sean a la Meca o al Rocío, fiestas, cultos y ceremonias que anulan el pensamiento religioso y la auténtica libertad a los conversos y practicantes de ellas. (Y no hablamos de las creencias privadas, sino del negocio económico e ideológico de dichas iglesias). Su terrible influencia en la educación. Que une sus fines denominados religiosos al poder político y económico que desarrolla, al tiempo que incide en la eliminación de un pensamiento libre y de las diferencias interpretativas en los grandes problemas filosóficos que deben desarrollar los ciudadanos desde muy jóvenes..


Es útil en estos momentos de baja actividad crítica intelectual, y no hablamos de ideas o conceptos religiosos sino que nos referimos al poder y al dominio cultural de las Iglesias como instituciones que se apropian de ellos y los administran según sus intereses espurios, recoger palabras de algunos filósofos y escritores que sí denunciaron esta aberración que nada tienen que ver con el pensamiento y las dudas existenciales o metafísicas y si con los poderes reales que tanto daño causan a los seres humanos y a los pueblos. Es la doctrina que desde muy pequeños  va inundando y acomodando la mente de las personas para convencerlas, según crecen, de la necesidad de la obediencia a las leyes y autoridades que la imparten, el sacrificio, la esclavitud del trabajo, la moral rígida y machista, y si es preciso la propia vida, con la recompensa de "la otra Vida" que les espera.


Nietzsche:


Como si la humildad, la castidad, la pobreza, en una palabra, la santidad, no hubieran causado hasta ahora en la vida un daño indudablemente mayor que cualesquiera horrores y vicios... El espíritu puro es la mentira pura... Mientras el sacerdote, ese negador, calumniador, envenenador profesional de la vida siga siendo considerado como una especie superior del hombre, no habrá respuesta a la pregunta: ¿qué es la verdad?
... El animal doméstico, el animal de rebaño, el animal enfermo hombre: el cristiano... El sacerdote mismo se halla reconocido como lo que es, como la especie más peligrosa de parásito, como la araña venenosa de la vida.


Contemporáneo de él, Cioran:


La Iglesia, un nombre de un verbo esclerotizado, erige sus hogueras. San Pablo; responsable de nuestros prejuicios en religión y en moral ha fijado las normas de la estupidez y ha multiplicado las restricciones que paralizan aún nuestros instintos... La palabra quiere ser machacada a fuerza de invectivas, amenazas y revelaciones, de afirmaciones estentóreas: le gustan los bocazas. San Pablo fue uno de ellos, el más inspirado, el más dotado, el más astuto de la antigüedad.


Albert Camus.


Lo que reprocho al cristianismo es que sea una doctrina de la injusticia...Somos el resultado de veinte siglos de imaginería cristiana. Desde hace 2.000 años se presenta al hombre una imagen humillada de si mismo. el resultado está a la vista. En todo caso: ¿ quién podría decir lo que seríamos si si hubiera perseverado en estos veinte siglos el antiguo ideal clásico, en su bella figura humana?


W.H. Auden


No existen mayores supersticiones en el mundo que las que promueven tanto el cristianismo como el Islam. Ambas contienen en si enorme belleza, pero al mismo tiempo son fuertemente reaccionarias... Se puede también sostener que los dogmas supersticiosos han dado origen a la crueldad y la opresión tanto corporal como espiritual. Por eso es nuestro deber luchar contra toda superstición que sea inhumana y atente contra el desarrollo social. A las otras supersticiones debemos tratar de comprenderlas como variantes de las supersticiones mayores que existen y dominan las sociedades  más altamente desarrolladas.


Thomas Bernhard.


el cristianismo destruye el alma del niño, lo asusta, anega su carácter. La estructura del Estado y de la Iglesia es tan horrible que solo se puede odiarla. Soy de la opinión de que todos los países y todas las religiones a las que se los conoce de cerca, son igual de horribles.

La Linterna del S. XXI