martes 2 de febrero de 2010
No se entierre más hondo a Miguel Hernández
Aprovechando que se cumplen en 2010 cién años del nacimiento de Miguel Hernández la cultura del espectáculo pretende una vez más aprovecharse de quién, ya muerto, no tiene voz para defenderse. El hombre torturado y asesinado lentamente, prisión tras prisión, por el franquismo, quiere ser convertido ahora por sus herederos en mercancía. Tras arrebatarle todo, a él y los suyos, tras sufrir todas las penalidades propias de su humilde cxondición de clase, él, su mujer, su hijo, ahora los cuervos de la política y la cultura quieren convertirlo en una franquicia más. Hablar de él para negarle, para no ahondar en su compromiso, para no denunciar a sus asesinos. Festejos para un aniversario. Miseria de sociedades corruptas y criminales. Ya en Orihuela algunos semianalfabetos que se dicen poetás se aprovechan de esta circunstancia con el apoyo o pasividad de las autoridades políticas. Miguel no es patrimonio de Orihuela. Es patrimonio de los amantes de la poesía, sobre todo la que creó después de salir de la sociedad ultramontana, inquisitoria, dormida bajo el peso del caciquismo y la Iglesia Católica. No permitamos más simulaciones y mentiras. Miguel hernández fue el hombre escritor más comprometidco con la causa de la República y de los pobres -el venía de la cultura de la pobreza, no era un burgués que jugaba a ser de izquierdas, que conoció la España que corre la tragedia de 1936 a 1939. Y fue una de sus grandes víctimas. Porque los tiempos no cambian aunque vistan otros ropajes. Y los arribistas, criminales, explotadores, censores, siguen siendo los descendientes de aquellos asesinos que anegaron España en sangre e instauraron después, con su dictadura fascista un tiempo de silencio., miseria y opresión. Miguel, "el hombre que nunca tuvo zapatos", "que pasó su juventud entre penas y cabras", al que le vistió la pobreza y cantó al sudor de los trabajadores, de las sufridas mujeres de la España rural, explotadas en todos los sentido, el poeta del amor y de la esperanza en un mundo mejor no puede ser apropiado por los canallas. Defendamos, frente a las telarañas seculares la memoria humana y poética de Miguel Hernández. Por eso he escrito conm rabia mi libro Miguel Hernández, memoria humana. Porque todos tenemos que cantarle y defenderle de quienes quieren tergiversar su vida y su obra.
sábado 2 de enero de 2010
Rubalcaba: habla de Díaz Ferrán
La política, tal como la desarrollan sus profesionales, es cada vez más nauseabunda. Si escuchando hablar a Rajoy uno tiene ganas de vomitar -y personalizamos en el cabeza visible de esa panda de mediocres, cínicos y nuevos fascistas que le rodean- habla Rubalcaba y sentimos verguenza y asco. Tiene un monotema. ¿Y a qué hablar de lo que no ha ocurrido? Todo puede suceder pero siempre se elige aquellas informaciones que hagan olvidar los grandes problemas que sufre un pueblo sometido a la explotación y la desinformación absoluta. Parece como si todos los que se encuentran en el poder, o en la oposición que es la otrea cara del poder, tuvieran miedo de que ETA se acabara. Lo entendemos. Tendrían que ocuparse de problemas cotidianos que llevan siglos sin resolverse o dejarían pensar a gentes que sin chivo expiatorio les ecigirían tal vez acometieran otras realidades. Lo que les obsesiona es no hablar de explotadores y explotados. Aquí se detiene a cualquier desgraciado por robar un pastel o intentar vender un disco para ganar unos céntimos. Pero a los llamados empresarios se los trata con guante blanco. Esos roban millones y encima el Estado los ayuda. De esos no habla Rubalcaba ni exige que se les aplique esa frase contundente que tantro emplean: caiga sobre ellos todo el peso de la ley". Pero, ¿qué ley, si la ley son ellos?. Bancos. Iglesias. Políticos. El terrorismo legalizado. Ese que si amenaza con sus corrupciones cada minuto del día no es tema para que hablen los Rubalcaba de turno.
martes 22 de diciembre de 2009
La fiesta de los toros y los nacionalistas
A los Carod Rovira de ERC les preocupa menos el sufrimiento de los toros que a mí la salud del Papa o del Rey. Pero es una excusa para alardear de su rancio nacionalismo. Ese nacionalismo pernicioso que se basa en banderas, himnos, símbolos excluyentes que tantos males causa a la humanidad, a imagen del fascista nacionalcatolicismo español que soportamnos desde los malhadados tiempos de los Reyes Católicos y la Inquisición. Menos equipos de fútbol, fiestas ancestrales y bailes típicos y más abrirse a las culturas del mundo, a la destrucción de fronteras y separatismos ideológicos o religiosos. Más que preocuparse durante meses y meses por la fiesta de los toros, que luchen contra el poder y la corrupción de su propia burguesía -no distinta a la de las del resto del Estado español-, el imperialismo de la banca, la explotación de su patronal sobre los trabajadores, que defiendan a los emigrantes, una educación y sanidad pública e iugualitaria, y unas culturas dialogantes y nunca ecluyentes. No más muros. No más hipocfresías políticas. Recuerden las palabras del perseguido Einstein, sujeto al maccarthismo: "Las pasiones nacionalistas han destruido esta comunidad intelectual... Los intelectuales y los hombres de ciencia han pasado a ser representantes de las tradiciones nacionales más extremas y han perdido aquella idea de comunidad intelectual". Escribía en 1919. Y en 1954: "La conciencia está por encima de la autoridad del Estado". Nos preguntamos : ¿cuándo se luchará por el ciudadano sin fronteras pero más libre en una sociedad más justa e igualitaria?
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jueves 1 de octubre de 2009
Tengo miedo. He visto a un juez
Estoy solo. No tengo dinero. Pienso desde la diferencia. No soy por tanto normal. Y esta mañana, en la calle, me he encontrado con un juez. Me ha mirado con ojos escrutadores, fríos y duros. Sabe que soy un condenado. Loa jueces solo condenan a los vencidos, marginales. Si el criminal, el ladrón, el corrupto, tiene dinero, ocupa una buena posición social, es respetable y ensalzado por los medios de comunicación, o sus ideas le aceptan a conceptos fascistas, no vive en la culpa, no teme a la justicia. Desde siempre la justicia está al servicio de ellos. Por eso son los vencedores. Y es implacable con los derrotados. Aquellos que por su posición económica, social o cultural no encajan en el mundo de las leyes que rigen gran parte del mundo, el de las oligarquías económicas y políticas, la ley por ellas misma conformada y aplicada. Desde un rincón de la calle me contemplaba Kafka. Sé que me compadecía. Sufría por mi indefensión.
Intento siempre esconderme, huir, no frecuentar ningún lugar en el que ellos en el que ellos, los jueces, puedan aparecer. Para encontrar uno justo me toparía con cien que no lo son. Busco no tener nombre, que nadie pueda idcentificarme, sepa que existo para que no me declaren culpable. Culpable de haber nacido como nací, ya con el estigmoa de la derrota en mi mirada. Pero resulta inútil. Nadie escapa a la Ley. Ellos son la Ley. Las amenazas de los sacerdotes tienen más que ver con la otra vida. Basta con no creer en ella para restarles importancia. Las de los jueces se cumplen en ésta. Los otros hablan, condenan espiritualmente zaunque también ayudan a los inquisidores, a los verdugos. Estos emplean las armas. La historia está llena de jueces. Jueces tuvimos en nuestra guerra llevada a cabo por los exterminadores fascistas. Jueces continuamos soportando en nuestra postguerra cruel. Siempre al servicio de la Ley. Porque ellos conforman la Ley, insisto. La Ley de los vencedores. Jueces existen todavía descendientes, continuadores de aquellos. Por eso, igual que de niño me quedaba atemorizado si de pronto veía mi enanez ante la inmensa altura de los guardias civiles, ahora es la palabra juez la que me llena de pánico. Así vivimos. Así morimos. ¿Ha de ser esto así siempre?. No tengo ya madre bajo cuyas faldas cobijarme como cuando era pequeño. Nadie me ampara. De ahí que esta mañana, al salir a comprar el periódico para leer sus mentiras, y verme al lado del juez, casi me echo a llorar, le suplico que me dejara marcharme, que yo no era nadie, que se olvidara de mí. ¡Qué atroz pesadilla la existencia de los jueces! ¡Cuánto daño hizo al mundo la existencia de ese, por otra parte en numerosas páginas hermosísimo libro, que es La Biblia!.
Intento siempre esconderme, huir, no frecuentar ningún lugar en el que ellos en el que ellos, los jueces, puedan aparecer. Para encontrar uno justo me toparía con cien que no lo son. Busco no tener nombre, que nadie pueda idcentificarme, sepa que existo para que no me declaren culpable. Culpable de haber nacido como nací, ya con el estigmoa de la derrota en mi mirada. Pero resulta inútil. Nadie escapa a la Ley. Ellos son la Ley. Las amenazas de los sacerdotes tienen más que ver con la otra vida. Basta con no creer en ella para restarles importancia. Las de los jueces se cumplen en ésta. Los otros hablan, condenan espiritualmente zaunque también ayudan a los inquisidores, a los verdugos. Estos emplean las armas. La historia está llena de jueces. Jueces tuvimos en nuestra guerra llevada a cabo por los exterminadores fascistas. Jueces continuamos soportando en nuestra postguerra cruel. Siempre al servicio de la Ley. Porque ellos conforman la Ley, insisto. La Ley de los vencedores. Jueces existen todavía descendientes, continuadores de aquellos. Por eso, igual que de niño me quedaba atemorizado si de pronto veía mi enanez ante la inmensa altura de los guardias civiles, ahora es la palabra juez la que me llena de pánico. Así vivimos. Así morimos. ¿Ha de ser esto así siempre?. No tengo ya madre bajo cuyas faldas cobijarme como cuando era pequeño. Nadie me ampara. De ahí que esta mañana, al salir a comprar el periódico para leer sus mentiras, y verme al lado del juez, casi me echo a llorar, le suplico que me dejara marcharme, que yo no era nadie, que se olvidara de mí. ¡Qué atroz pesadilla la existencia de los jueces! ¡Cuánto daño hizo al mundo la existencia de ese, por otra parte en numerosas páginas hermosísimo libro, que es La Biblia!.
miércoles 30 de septiembre de 2009
¿Periodistas o policías?
Tienen el poder. Y la impunidad que este les presta. Y desde él insultan, amenazan, descalifican y hasta denuncian. Lo hemos visto estos días a propósito de una figura como la de Alfonso Sastre. Ellos, herederos, de quienes en 1936 condenaron a los libros a la hoguera y a los escritores a la muerte, la cárcel o el exilio. Son los nuevos Torquemadas. De`precian cuanto ignoran. El diálogo, el pensamiento, no encaja en su libro de conducta.
Lenguaje zafio, escatológico, soez, eso sí, preñado de descalificaciones y amenazas. Su oficio no es el de informar o indagar en torno a la realidad, política, social o cultural, a las contradicciones de los tiempos que vivimos, menos condenar la corrupción, las múltiples explotaciones que se dan en nuestro tiempo histórico. Son vulgares censores manipuladores de cuanta palabra cae en sus manos, para fomentar el culto a los depredadores, a quienes hacen de la represión su única meta de vida, para ser sicarios de quienes pagan o influyen con su poder en la mentalidad colectiva. Así vamos. Tiempos de Bush, Aznar, Berlusconi. el Papa no sé cuantos, los mayores orejas o ayatolahs religiosos y políticos de otras sociedades no menos corrompidas que la nuestra, que no son sino vulgares fetiches al servicio de quienes en verdad manejan los hilos económicos y por tanto políticos, y culturales e informativos del mundo.
Ocupan los púlpitos de las iglesias o de las radios y televisiones, de los periódicos o parlamentyos y desde ellos lanzan sus soflamas incendiarias contra todo aquel que piense de manera distinta a la suya. Todo es válido para incidir en el desarrollo de estas sociedades sumidas en la profunda ceguera que nos conduce hacia el abismo. Pero ellos acusarán de terroristas a quienes no admiten sus códigos y leyes inmorales y exclusivas, son terroristas mentales. Porque para ellos, estos periodistas o columnistas de palabra u opinión, quién piense por si mismo no merece sino ir a la hoguera.
Lenguaje zafio, escatológico, soez, eso sí, preñado de descalificaciones y amenazas. Su oficio no es el de informar o indagar en torno a la realidad, política, social o cultural, a las contradicciones de los tiempos que vivimos, menos condenar la corrupción, las múltiples explotaciones que se dan en nuestro tiempo histórico. Son vulgares censores manipuladores de cuanta palabra cae en sus manos, para fomentar el culto a los depredadores, a quienes hacen de la represión su única meta de vida, para ser sicarios de quienes pagan o influyen con su poder en la mentalidad colectiva. Así vamos. Tiempos de Bush, Aznar, Berlusconi. el Papa no sé cuantos, los mayores orejas o ayatolahs religiosos y políticos de otras sociedades no menos corrompidas que la nuestra, que no son sino vulgares fetiches al servicio de quienes en verdad manejan los hilos económicos y por tanto políticos, y culturales e informativos del mundo.
Ocupan los púlpitos de las iglesias o de las radios y televisiones, de los periódicos o parlamentyos y desde ellos lanzan sus soflamas incendiarias contra todo aquel que piense de manera distinta a la suya. Todo es válido para incidir en el desarrollo de estas sociedades sumidas en la profunda ceguera que nos conduce hacia el abismo. Pero ellos acusarán de terroristas a quienes no admiten sus códigos y leyes inmorales y exclusivas, son terroristas mentales. Porque para ellos, estos periodistas o columnistas de palabra u opinión, quién piense por si mismo no merece sino ir a la hoguera.
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jueves 27 de agosto de 2009
Pablo Antoñana
Nos conocimos en el año 1976. Bastaron pocas palabras para entendernos. Había encontrado a un escritor. Y a un ser humano con el que la comunicación se realiza a través de lecturas, pensamientos. Nos escribimos algunas veces. ´Compartíamos parecida aversión al mundo político, cultural, incluso literario, que nos envolvía. Quise darle a conocer a la tribu de los escritores, críticos, editrores, etc, dedicándole un número de´la revista que dirijo, República de las Letras. Vano empeño. Salvo algunos amigos o lectores, los escritores no se interesan por seres semejantes. Ellos viven en el mercado, en la búsqueda del éxito, el dinero, el reconocimiento. Escibía Pablo en periódicos que fueron o cerrados o eran silenciados fueran de Euskadi. Compartíamos en ellos algunas reflexiones críticas. Dar voces en el vacío. Estaba loco. Como yo. Desarraigado. Silenciado. Pocos escritores, en la España contemporánea heredera de Galdós o Baroja consiguieron como él recrear un tiempo histórico, enfrentamiento de pueblos, retrato de auténticos seres humanos, paisajes de la guerra y de la paz dxonde se desarrollan el odio, el rencor, lasd ambiciones, y la imaginación, y la recreación de viejas historias, las culturas que fenecen. Navarro. Y vasco. Su tierra, tan sangrada, no tuvo más remedio que darle algunos reconocimientos. Más allá de ella, el silencio. En tiempos ya lejanos Rafael Conte se ocupó algo de él. Luego ya eran las supeditaciones a quienes controlan y manipulan la información, la crítica literaria, la obediencia a los intereses económicos de los grandes grupos editoriales. Las pequeñas mafias de las que pocos se atreven a hablar. Porque aquí, en la literatura, también se practica la ley del silencio. Quién a ellas se enfrenta sabe que queda marcado. ¿Alguien recuerda, por ejemplo, a uno de los que lo intentó? Se llamaba Julio Vélez. "Miseria de nuestra cultura". "Siglo XX, tiempo de canallas" Títulos de libros míos. Antoñana hablaba de ellos. Los lobos esteparios.
Algunos de los títulos de la gran obra de Pablo Antoñana, son: "La cuerda rota" "El sumario", "Noticias de la 2ª guerra carlista""Despropósitos", "De esta tierra y otras guerras perdidas". Titulaba aquel número 96 de "Redpública de las letras", Pablo Antoñana, la soledad de un escritor fascinante. Y en él incluía 70 páginas de sus memorias "Hilvano recuerdos", además de su texto "Testamento", que concluía diciendo: "Con esto me despido, adiós, os espero en el misterio de la muerte". Yo, hoy, me sumerjo en el misterio de sus palabras, que decían: "Me consuela saber que cuanto escribí, mientras estuve sonámbulo entre los vivos, lo fui recogiendo, con paciencia de monje, de boca de los campesinos de mi pequeño país"
Algunos de los títulos de la gran obra de Pablo Antoñana, son: "La cuerda rota" "El sumario", "Noticias de la 2ª guerra carlista""Despropósitos", "De esta tierra y otras guerras perdidas". Titulaba aquel número 96 de "Redpública de las letras", Pablo Antoñana, la soledad de un escritor fascinante. Y en él incluía 70 páginas de sus memorias "Hilvano recuerdos", además de su texto "Testamento", que concluía diciendo: "Con esto me despido, adiós, os espero en el misterio de la muerte". Yo, hoy, me sumerjo en el misterio de sus palabras, que decían: "Me consuela saber que cuanto escribí, mientras estuve sonámbulo entre los vivos, lo fui recogiendo, con paciencia de monje, de boca de los campesinos de mi pequeño país"
martes 11 de agosto de 2009
El mundo hoy
Hace ya muchos siglos escribió Marco Aurelio: "El que no sabe qué es el mundo no sabe donde está. El qué no sabe para qué ha nacido no sabe quién es. El que descuida una sola de estas preguntas no podría decir que es el mundo ni para qué ha nacido en él. ¿Qué te parece el que persigue el ruido de los que aplauden, los cuales no saben dónde están ni quienes son?"
En el mundo de la ceguera, con Internet, aviones a reacción y bombas inteligentes (que solo matan personas) Marco Aurelio con tinúa siendo más actual y profundo que el 90% de los pensadores de nuestros días. El mundo es una representación al servicio del desarrollo tecnológico, y los seres humanos cada vez sobran más en él. Antes desaparecerán el arte, la literatura y con ellos la memoria. Todo lo que nos hizo soñar, nos proporcionó las mejores hotras de felicidad de nuestro crecer a la vida. La abdicación de escritores, artistas y filósofos de su gran función, crear, imaginar, bañarse en la experiencia de quienes les antecedieron, abrir caminos al futuro, resulta algo tan trágico como nauseabundo. Vivir entre mercaderes, emprendedores y demás ralea, es como sumergirse en aguas estancadas que ningún placer pueden provocar a quienes se lanzan a ellas sedientos y ansiosos de encontrar su refrescante caricia. El lenguaje no es ajeno a esta putrefacción. Por eso, carente de significados, se le reproduce -tomado de los medios de incomunicación y discursos, convenciones políticas, económicas, culturales, académicas- a la manera que los papagayos reiteran virtual y monótonamente algunas de las voces que escuchan. Al mundo de hoy le llaman de progreso, cuando es un mundo en el que el pensamiento retrocede, se ha estancado, vive de lo que fue, nunca de lo que puede ser. Tal vez debiéramos ser cada vez más escuetos escfribiendo. Lanzar preguntas sin ofrecer respuestas. Porque las respuestas adsemás o no existen o nadie parece interesado en darlas.
En el mundo de la ceguera, con Internet, aviones a reacción y bombas inteligentes (que solo matan personas) Marco Aurelio con tinúa siendo más actual y profundo que el 90% de los pensadores de nuestros días. El mundo es una representación al servicio del desarrollo tecnológico, y los seres humanos cada vez sobran más en él. Antes desaparecerán el arte, la literatura y con ellos la memoria. Todo lo que nos hizo soñar, nos proporcionó las mejores hotras de felicidad de nuestro crecer a la vida. La abdicación de escritores, artistas y filósofos de su gran función, crear, imaginar, bañarse en la experiencia de quienes les antecedieron, abrir caminos al futuro, resulta algo tan trágico como nauseabundo. Vivir entre mercaderes, emprendedores y demás ralea, es como sumergirse en aguas estancadas que ningún placer pueden provocar a quienes se lanzan a ellas sedientos y ansiosos de encontrar su refrescante caricia. El lenguaje no es ajeno a esta putrefacción. Por eso, carente de significados, se le reproduce -tomado de los medios de incomunicación y discursos, convenciones políticas, económicas, culturales, académicas- a la manera que los papagayos reiteran virtual y monótonamente algunas de las voces que escuchan. Al mundo de hoy le llaman de progreso, cuando es un mundo en el que el pensamiento retrocede, se ha estancado, vive de lo que fue, nunca de lo que puede ser. Tal vez debiéramos ser cada vez más escuetos escfribiendo. Lanzar preguntas sin ofrecer respuestas. Porque las respuestas adsemás o no existen o nadie parece interesado en darlas.
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