lunes, 9 de abril de 2012

Número 32


Lunes 9 de abril de 2012



Nuevas reflexiones sobre la violencia. (2)


¿Merece la pena seguir escribiendo?
¿Se puede hoy escribir sobre política?

Han pasado unas nuevas y alienantes vacaciones. Mientras sigan existiendo ritos semejantes como los de la Semana Santa, mientras por doquier se alcen iglesias y catedrales, mientras la iglesia detente el poder castrante que posee, no podremos hablar de cultura y civilización y la democracia será una entelequia más, bien tutelada por las fuerzas represivas, sean policiales o judiciales. Pero eso sí, nuestros intelectuales continuarán escribiendo al uso de los mercados.
------------------------------------------------------------
¿Merece la pensa seguir escribiendo ¿Se puede hoy escribir sobre política?
Ante la fatiga, incontinencia, pesadilla lingüística y ética provocada por los medios de comunicación, la imposibilidad de denunciar en ellos la mentira, impostura que han alcanzado palabras y conceptos como democracia, justicia, valores humanos, ciudadanía, estado de derecho, etc, las censuras de toda índole impuestas por los dueños de la mercancía cultural y controladores de lo que se habla y escribe, se ve, se legisla, el agotamiento burocrático y acomodaticio de los partidos políticos que se dicen de izquierdas -izquierdas y derechas, según se usan, otros valores sonrojantes- y organizaciones sindicales, y sobre todo el aborregamiento y estulticia de ese motor de la historia, según el marxismo, que es la llamada clase obrera occidental, nos preguntamos: ¿no es perder el tiempo, dar gritos en el vacío, lo que hacemos quienes nos obcecamos en seguir escribiendo?

hubo un ciudadano en Grecia que dijo basta. Contaba 77 años y había dejado de cobrar su pensión tras toda una vida de trabajo. Se suicidó. Los banqueros se rieron del hecho. NO. El camino no es quitarse de en medio por mucho honor que merezca el ciudadano griego. El camino es quitarles de en medio a ellos, como sea.

Ellos, a los que se conoce como el poder. Son los dueños de la violencia. La violencia que emplean según sus necesidades: con lo que denominan fuerzas de seguridad del Estado y del orden: señores del fusil y de la toga y también con las doctrinas que enseñan e imparten, morales dicen los capos de la Iglesia. Ellos, los ocultos en palabras como mercados, bolsas, bancos, empresas... ¿Que violencia podemos nosotros describir si no llega a ninguna parte?. ¿De qué organización de la violencia contestataria podemnos hablar, si nos movemos como corpúsculos de catacumbas prácticamente en la nada? La nada es el nacer y el morir pero ahora la nada, también, cuando no es capaz de alumbrar pensamientos y desear exteriorizarlos, es el vivir.

Y buenas han sido estas fiestas, como son todas las fiestas impuestas para su culto y celebración para ilustrar esta amarga duda. Hasta las próximas felices fiestas, que entre golpe y golpe nunca han de faltar y guardar...

ADORNO. PRECIO Y LIBERTAD 1946-1947

La sociedad es ya integral, antes de ser gobernada de modo totalitario. Su organización abarca incluso a los que la desafían. Hasta Kafka se convierte en pieza de inventario del estado realquilado. Kafka fue un ávido lector de Kierkegaard, pero con la filosofía existencial coincide sólo en la manera de hablar de las existencias aniquiladas.























































2 comentarios:

Gema García dijo...

¿Qué hacer cuando las palabras han perdido su significado? ¿Cuándo no hay libertad de pensamiento de que me sirve la libertad de expresión? Yo me pregunto a evolucionado o involucionado el ser humano, sino como entender tanto aborregamiento y alineación.
Gracias por su libro Siglo XX muy interesante y claro, se echa de menos personas que llamen a las cosas por su verdadero nombre.

STERKI dijo...

Las palabras no han perdido el significado, se utilizan para denominar conceptos, y éstos mudan según quien los propone de forma adecuada a sus intereses.

Grandes comentarios los que leo y gran blog. Todavía quedan reductos a los que acudir en caso de emergencia.

La Linterna del S. XXI