jueves, 5 de enero de 2017

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ESCUCHAMOS, VEMOS INFORMACIONES, OPINIONES, PARA CONSUMIR PUBLICIDAD.
LAS REDES SOCIALES Y LA POLÍTICA: AL FIN EL NO PENSAMIENTO
 
Insisto en la publicidad porque es el gran cáncer de la sociedad moderna, la que más influye en la conciencia de los ciudadanos.
No es de hoy. Viene anunciada desde hace dos siglos.
 
George Orwel:
A una edad más temprana que la de la mayoría de la gente, comprendí que todo comercio es un timo.

El grupo de estudio MARCUSE de Francia, que ha analizado en profundidad el impacto que la publicidad provoca en nuestro siglo actual, escribe:
 
La publicidad es la anticultura por excelencia, ya que liquida las culturas populares así como la alta cultura intelectual. Es un lavado de cerebro que tala la diversidad cultural mundial.

Un terrorismo del que no se habla ni escribe, pero que es de los más destructores para el ser humano y la civilización.

Y las redes sociales. Son en política y cultura el nuevo engendro publicitario para formar masas anodinas y fieles al neo analfabetismo presente. Es otra forma publicitaria que puede llegar hasta proclamar Presidente del Gobierno de la mayor potencia mundial a un renacido hombre de Neandhertal. Eso sí, neo-analfabetos como éste, dominan como nadie el mundo de los negocios y el dinero, y los fabricantes de armas y monopolios petroleros, automovilísticos, etc. ya se relamen de placer ante su nuevo benefactor que se beneficia, primero a sí mismo.
La propaganda política, vertida a través de los mensajeros de la inanidad es un nuevo comercio para formar fieles militantes. Se terminó con ella el ser pensante, el diálogo, la controversia, la discusión razonada. Bastan tres líneas  para apagar el pensamiento, las dudas, concitar el insulto o el aplauso. Así el ser humano retrocede en el pensamiento y la reflexión a la época de los hombres primitivos.
Tal vez llegue el día en que al disidente, al pensante crítico, como hacía en su tiempo la Iglesia Católica, se le queme en las plazas públicas para jolgorio de los consumidores.    
 

 
 

 

La Linterna del S. XXI